Sofia Bergdahl, nacida el 4 de enero de 1990, 30 años de edad. Sociable, fanática del deporte y totalmente enamorada del club donde creció, tanto que hasta lleva la gaviota en su piel. La negra contó su historia de vida en Basquet Total.

Siempre sonriente, aunque la vida la ha hecho luchar contra su rodilla en varias oportunidades, sabiendo superar esa adversidad, una y otra vez. La pérdida de su papá la hizo vivir su vida desde el día a día sin demasiadas proyecciones.

¿Cómo fue tu niñez?

Nací en Buceo, más precisamente en las viviendas y a los siete años ya me mudé para Malvín. Fui al Arnold Gessell donde hice toda la escuela y en el liceo primero fui al San Cayetano, terminando en el 10. Nunca me gustó estudiar, es algo que me pasa hasta el día de hoy.

¿Cómo ingresó el basquetbol en tu vida?

Con diez años fui a Malvín pero a jugar al handbol porque la profe en el colegio me dijo que vaya a un club a jugar. Mi padre era hincha de toda la vida, vivía a la vuelta, jugó y fui para ahí. Empecé, pero mi madre me obligó a ir a básquetbol para hacer otro deporte. En un momento dentro del club hacía handbol, básquetbol, natación y fútbol.

Entre tanto deporte, ¿por qué la naranja?

En el 2005, con 15 años estuve en la Selección de básquet y no podía hacer otro deporte porque no te dejaban. Teníamos un Sudamericano y en el último mes previo ni siquiera podía entrenar en mi club, no te dejaban para viajar y estar bien.

¿Cómo fue esa primer experiencia en selección?

De Malvín éramos Lucia Guadalupe, Ximena Moure y yo. Era en la escuela Sanguinetti, cuando llegamos éramos 50 y pensamos con Lucía: “acá no tenemos chance de quedar”. El entrenador era Diego “Facha” Martínez que ahora está entrenando en Perú y el Sudamericano fue en Ecuador, Cuenca.

En ese Sudamericano, ¿fuiste protagonista de un hecho no muy feliz?

Era un partido contra Chile por el cuarto puesto, ya habíamos entrado en la historia porque nunca se había ganado un partido. La protagonista de ese equipo era Lucía Guadalupe pero ella había salido por quinta. Final cerrado, faltaban aproximadamente 18 segundos y estábamos empatadas. El “Facha” pide tiempo y hace la jugada para mí, me acuerdo que era una “línea” en la mitad de la cancha para que yo salga a tirar una bandeja. La jugada salió perfecta y cuando fui a hacer la bandeja, caminé. Luego de eso ellas sacaban de abajo y cuando yo pasé por al lado del banco el “Facha” me grita que corte. A mi la chilena ya me había pasado en velocidad y lo que hice fue tirarle un manotazo que terminó en que me pitaran una antideportiva, metieron los libres y nos ganaron. Ya ahí me puse a llorar y me duró. Hasta el día de hoy cuando veo tanto al técnico como al “Coco” Arosa que era el preparador físico, me viene eso a la cabeza.

¿Ese lo considerás como tu trago más amargo en el basquetbol?

Con Uruguay fue el momento más feo que me tocó vivir, en mi carrera el tema lesiones fueron más importantes que eso. Con 19 me rompí menisco y cruzado, me operé enseguida e hice la recuperación en Malvin con los “fisios” del club. Todo marchaba bien hasta hace tres años que volví a romperme el cruzado de la misma rodilla. Sabía que estaba rota pero jugué dos temporadas así. Me embolaba pasar todo ese proceso nuevamente. No me quise operar porque coincidió con el año que el campeonato empezó a ponerse lindo con Bohemios, Defensor, Goes y no me lo quería perder, aunque era consciente que estaba en inferioridad de condiciones.

¿Esa fue tu única experiencia con Uruguay?

Sí, porque al año siguiente la misma generación no viajamos. La Federación no nos quería pagar, entonces entrenamos dos o tres meses y nos avisaron que no viajábamos. Más grande estuve en PreSelecciones de Mayores en dos oportunidades y quedé en la puerta de las 12. Luego viajé a Unisinos que son Juegos Universitarios.

¿Cómo estuvo eso?

Viajé en dos oportunidades, primero como jugadora y al siguiente año como asistente del técnico que era Nicolás Maya, entrenador de Defensores de Maroñas. El año que viajé como jugadora salimos campeonas, teníamos un lindo cuadro porque habían ido chiquilinas de Defensor como Lucia Schiavo y Josefina Rivera, chicas de Capurro y otras más que no recuerdo ahora. El año que fui como técnica, quedamos cuartas.

Malvin fue campeón durante 15 años seguidos: ¿En cuantos estuviste?

No lo tengo claro pero creo que estuve en 9 o 10 campeonatos, toda mi vida estuve en el club. El último fue el más disfrutable porque fue el más parejo, no era como antes a pesar de que nosotros siempre entrenamos de la misma manera. Sin dudas el último costó muchísimo más. Nosotros sentíamos que los demás equipos se preparaban igual que nosotros para ser campeones.

¿Es difícil encontrar la motivación?

Intentamos siempre buscar algo para motivarnos y mejorar, aunque con el paso de los años fue difícil, cuando te acostumbrás a ganar es muy fácil relajarse y nosotras no queríamos que pasara eso. Buscamos siempre nuevas experiencias, ya sea a nivel Sudamericano o cuando fuimos a jugar la Liga Argentina.

¿Cómo fue esa experiencia?

Viajábamos los fin de semana y competíamos en lo que sería la Liga Argentina “B”, algo así. Fue una linda experiencia que duró poco porque nos “cocinaron”. Tenía que darse un resultado que era imposible y nosotros mientras estábamos en viaje nos enteramos que el resultado se había dado y volvimos para atrás.

¿Qué significa Malvin para tu vida?

En Malvin viví y me dio todo. Jugué, trabajé, no me quedó nada por hacer. Laburé en recreación porque el club tenía el curso y yo ya no sabía que más hacer porque estaba todo el día ahí metida. Ahí trabajé siete años y estuve 2 más de entrenadora con Dulio Acosta. Básquetbol, fútbol, handbol, natación, soy una agradecida a Malvin porque le debo todo.

¿Por qué la decisión de irte?

El club está apostando a las más chicas y después tuve un año “sabático” por mi recuperación de rodilla. Realmente no sabía a donde iba a ir y ahora estoy en Hebraica Macabi. Hubo varios clubes en consideración. 25 de Agosto me quedaba cerca y quizás podría haber terminado ahí, pero no se dio. Yo tengo un vínculo con Joaquina Gregorio porque en su momento la llevé a jugar a Malvin con Sabina (Bello). Averigüé con ella, habló con Victoria Pereyra y “Vico” me contactó. Probé, me recibieron muy bien y estoy contenta. Incluso quiero tener una buena preparación y también empecé hace muy poco un plan nutricional con una amiga nutricionista (Federica Gallardo). Con respecto al entrenamiento, entrenamos hasta que pasó todo esto, incluso hicimos amistosos. Después seguimos con ZOOM y estamos volviendo a la normalidad de a poco.

¿Qué es el Club Atlético San Pancho?

Es una película real de un cuadro de fútbol que se llama Atletico San Pancho. Era la época que estaba “El negro” Lescano que fue mi primer entrenador. Justo la vi junto con “Flopy” Somma y había varias que la habíamos visto. Eso terminó en que teníamos un club, logo, una remera y habíamos impreso cosas. Las fundadoras eran Florencia Somma, Lucia Guadalupe y yo. Fue algo que siempre quedó como recuerdo.

¿Cómo ha sido tu vida laboral y estudiantil?

Hice facultad recién hace un par de años en Diseño Gráfico pero la dejé cuando mi papá se enfermó y con mi hermano tuvimos que agarrar el trabajo de él que consistía en administrar edificios, pero yo me terminé yendo y se quedó él con eso. También trabajé un tiempo en un colegio pero después de la operación de la rodilla tuve que dejar porque no era bueno para la recuperación. Y en su momento fui vendedora en Under Armour.

Ahora sos emprendedora…

Empecé un emprendimiento de buzos que hago yo. La cuarentena me llevó a mirar muchos videos en Youtube y me puse a hacer buzos. Se llama “Tiedyelab” que es el nombre de la técnica que se utiliza para hacerlos.

¿Cómo surgió la idea?

Esto es muy reciente, de hace aproximadamente un mes. Vi que en Argentina se estaba usando mucho y pensé que no iba a demorar en caer acá. Copiamos mucho de allá. Probé, le mostré a mis amigas y me dieron para adelante. Por ahora marcha bien.

Sos fan de escalar y los atardeceres ¿Por qué?

Escalaba porque mi ex novio lo hacía y me copé con él. Viajábamos y escalábamos, hicimos cursos de escalada y acá armábamos parque aventura con él. Soy fan de los atardeceres, siempre me gustó. Siento que encuentro mi lugar, mi momento del día. A veces con Ailen (Sosa) llegábamos tarde a la práctica por quedarnos mirando el atardecer y corríamos unas cuadras para llegar a practicar porque llegábamos tarde a entrenar.

Otra de las cosas que te gusta mucho es tatuarte…

Tengo diez tatuajes. El primero fue la inicial de mi hermano Facundo cuando tenía 16 años. Le dije a mi madre que me quería tatuar y desde ahí no paré, salí ya queriendo hacerme otro. Todos mis tatuajes tienen un significado. Tengo la gaviota de Malvin, la mano de mi sobrino, tres estrellas que representan a mis padres y mi hermano, la fecha de nacimiento de mis padres, un trébol de tres hojas porque me gusta el número “3”, venía una racha de lesiones y me tatué el trébol. Hay varios más…

¿Por qué el “3”?

No tenía número en Malvin, “Flopy” Somma era mi ejemplo a seguir y por ella usaba la 15 hasta que llegué a mayores que no la pude usar más. Luego pasé a usar la 5 pero estaba Fiorella Martinelli y justo se empezó a usar a partir del 0. Yo era fan de Allen Iverson y de Diana Taurasi que usaban los dos la camiseta número 3 y me quedó por eso.

¿Qué te hizo sentir esa admiración por Florencia?

Era una referente en el club, yo la veía y quería ser como ella. Siempre disciplinada, con ganas de entrenar, aconsejándote dentro y fuera de la cancha. Además, de que con los años nos hicimos muy amigas.

Tenes una amistad muy fuerte con “Lola” Moreira, deportista olímpica uruguaya…

Es una amistad que empezó hace un año y medio aproximadamente. Surgió por redes sociales y teníamos un amigo en común que jugaba al handbol en Malvin. Coincidió que siempre íbamos a ver las finales, yo vi que ella estaba ahí y le pedí que me guardara lugar porque estaba llegando muy tarde. Después de ahí ya fuimos a cenar juntas con amigos y al día de hoy somos inseparables.

¿Cómo es ella en su diario vivir?

Es una persona que hace sus cosas como cualquiera. Entrena, nos gusta mucho a las dos ir a la rambla, al parque, tomar mate, tenemos un grupo bastante grande de amigas. A pesar de ser olímpica, es alguien normal.

Uno de tus diez tatuajes lo compartís con ella…

Nos tatuamos juntas el año pasado. Cada una estaba buscando hacerse su tatuaje y después planteamos hacernos una ola porque nos gusta a las dos, pero yo ya tengo una, igual le dije que si quería hacérselo, lo hacíamos. Nos terminamos haciendo algo que nada tiene que ver con esa idea inicial, tenemos una ecuación: Valor es igual a tus conocimientos, más tus habilidades, por tu actitud.

¿Sabés hasta cuando vas a jugar?

No pienso en cuanto tiempo más voy a jugar. Ahora cambié de club, es todo nuevo, voy a volver luego de mi operación. Hasta que aguante, le voy a dar.

¿Te gustaría seguir desde algún lugar en el ambiente?

Me gustaría seguir vinculada al básquetbol. El día de mañana cuando no juegue más quizás siga el curso de entrenadora que ya tengo hecho el Nivel Inicial y el 1. No sé si para ejercer pero para tenerlo.

¿Quién es Sofia Bergdahl?

Soy una buena persona. Sociable, fan de los deportes y familiera.

¿Un sueño personal?

No me planteo un sueño. Voy viviendo el día a día porque la vida te puede cambiar mucho. Viví una situación que fue la pérdida de mi papá que me hizo ver que de un día para el otro la vida te puede cambiar. Intento vivir el ahora y no mirar para adelante.

¿Y deportivo?

Hoy en día sueños deportivos no tengo. Si tendremos objetivos grupales con Hebraica Macabi por cumplir ahora, pero no los considero sueños.