El capitán de su club y de su vida. Uno de los que rompió los esquemas, de los que pudo combinar los libros y la pelota. El pibe del interior que llegó a la capital y encontró su sueño. Una pandemia que le dio tiempo para canalizar su conocimiento en un naciente estudio notarial que lleva junto a su socio Diego Lamanna. Hoy te traemos la vida de Andrés Dotti, afuera del rectángulo.

El habilidoso del cuadro, aquel joven proyecto de Allavena, que se quedó con la naranja y colgó los botines de fútbol a los 12 años. Un rendimiento en el liceo que no descuidaba, como alumno no decepcionaba, y en el flotante tampoco. “Vos tenés que estudiar, es lo que te va a defender el día de mañana” era la frase del viejo que siempre lo acompañaba, a pesar de que su carrera en el básquet empezara a despegar. Picar la naranja en primera y pelear contra la centralización. Salir a Montevideo pero vivir el sueño. Su Allavena en la Liga era algo que no se podía perder. Alejarse de los libros por una ilusión Papal. La pasión no se negocia, pero el estudio tampoco, y así, Andrés tuvo que dar exámenes libres, alejado de la capital, pero cumplió a la perfección, no renunció a aprobar por medirse ante los mejores vistiendo la blanca y amarilla.

El pibe que llegó a Montevideo a vivir el sueño. El dejar de ser el de Paysandú en la facultad, al jugador de Aguada. Aquel que compartió plantel con sus ídolos de su infancia: Leandro García Morales y Martín Osimani, y que se encontró con la facilidad de estar más cerca de los libros.

Un estudio que lo sobrecargó en su momento, y si bien tuvo alguna duda de sostener ambas tareas, Dotti reconoce que después le encontró el gustito. Su cable a tierra, el olvidarse de los problemas de un ámbito en el otro, aunque si aclara que una mala nota en la adrenalina de un partido, es más superable que un libre errado en la hora cuando está solo con su libro.

En el camino destaca el apoyo de sus entrenadores, los que le permitieron llegar tarde a las prácticas. Pero no es algo que le pesara a Andrés, que se define como un tipo inquieto y que disfrutaba de llegar a entrenar cada día. Las piedras en el camino también dijeron presente. Desde tener que dejar un examen de lado por calzarse la de Larre Borges e ir a dar un batacazo a cancha de Malvín, hasta llegar tarde a clase y explicarle a los profes que a Magnano se le fue un poco la hora en su etapa en la preselección.

Pero todo esto le dejó una enseñanza en la que hoy toma el rol de profesor y es ejemplo para sus compañeros. En sus charlas con formativas o con los más chicos de su plantel, Dotti destaca la importancia de estudiar, e incluso con alguna insistencia, motivó a Bastón a volver a sentarse frente a un libro.

Pero no solo conocimiento cosechó en los pasillos de su facultad, sino también una amistad que hoy es protagonista en su vida laboral: Diego Lamanna. “Entre los del interior nos entendemos”, recalca Andrés para referirse a su hoy socio oriundo de Rocha. A pesar de reconocer que le cuesta estudiar en grupo, sí encontró su mano derecha en la multitudinaria UdelaR. Con quien se permitió soñar, con quien dijo: “Algún día tenemos que hacer algo juntos”.

Ese sueño que reflotó hace poco y floreció esta semana. Dotti se animó a más: “Me gustan los desafíos”. En una charla de tarde tanteó a su amigo. “¿Y si hacemos algo juntos?”, preguntó el capitán de Defensor Sporting. Diego no se olvidó de su promesa en la facultad, y accedió al instante.

Como cuando de nene agarró su primera pelota, para Andrés fue motivación para volver a abrir los libros, repasar sus apuntes y preguntar dudas. Destaca la respuesta rápida de los profes, a quienes aún le pregunta por mensaje y responden como cuando estaba en clase. La escapada en Paysandú en el auge de la cuarentena, le sirvió para ser como el nene que va al trabajo de papá y le pregunta que hace. Varios amigos escribanos le mostraron su trabajo, y ese nene curioso preguntó y absorbió conocimientos que hoy usa para sacar a flote su nuevo negocio.

A pesar de reconocer que hoy es un poco pesado con su socio, que le pregunta de todo, trata de hacerlo como último recurso. Le gusta ser primero ese profesional que busca por su cuenta, que trata de sacar adelante sus trabajos, buscar en sus manuales, pero que acude a la experiencia de Diego cuando se queda sin recursos.

Hoy si bien su estudio apenas nace, reconoce que fue el momento ideal para hacerlo. Destaca que lo más complicado es el arranque, por eso el tiempo libre que le regala la pandemia es fundamental para dar los primeros pasos como escribano: “Después de que la bici va andando, es más fácil de llevar”.

Su nuevo emprendimiento hoy en día está en etapa de siembra. Dotti nos cuenta que está mandando mensajes, agregando gente y haciendo contactos. Nos dice que alguno lo generó gracias al básquet y que ya le arrancan a caer consultas. Más allá de que en la escribanía ve su futuro laboral, hoy para Andrés prima la experiencia y el aprendizaje por sobre lo económico. El empezar a moverse en ese mundo desde ya considera que lo va a facilitar a llevar su vida cuando la naranja le diga basta.

Pero por supuesto destaca que su socio es fundamental en este proyecto, sin él no se animaría a dar este paso. Más allá de su experiencia, dice que lo más importante es la amistad que los une. Es quien a la vuelta de la actividad lo cubriría los días de partido, o quien lo bancaría en caso de que se le dé una salida al exterior, dejándoselo en claro cuando le dijo: “Si te sale algo, vos te vas”. Pero también está el apoyo del otro lado, en donde Andrés recalca que no quiere días de descanso postpartido, que le gustaría devolverle el favor en sus libres. El experimentar en esta faceta de la vida tiene otros factores claves: laburar desde donde sea con un celular y computadora a mano; y él tener sus horarios como empresa independiente.

También recalca el apoyo de su mujer, quien se ajusta a su complicada agenda. A quien le toca sacrificar cumpleaños de familiares y amigos por partidos, prácticas, o alguna escapadita al interior.

Hoy Dotti se ilusiona con un futuro como el escribano que va a ser toda la vida. Por transmitir sus conocimientos aprendidos para un futuro sustentable. Seguir vinculado al básquet o no una vez cuelgue las botas es una interrogante, pero su estudio es una certeza, y por qué no, ser ese futbolista uruguayo de alma que tuvo que dejar de ser al trabajar con su físico.