Multifacético y siempre divertido. De la cancha al laboratorio, con una forma particular de comunicarse a base de gestos, Diego Borghini charló con Basquet Total en otra edición de las notas al equipo sin hinchada.

¿Cómo fueron tus inicios en el básquetbol?

De chico jugaba al fútbol y al básquetbol, mi viejo como ex jugador de básquetbol me tiraba para ese lado, aunque no quería influenciarme y me dejaba libre. En el fútbol era de atajar, me gustaba mucho ir al arco. Llegó el momento donde tuve que elegir y sabía que a papá le tiraba el básquetbol, para dejarlo contento a él fui para ese lado. Arranqué jugando en Allavena de Paysandú, luego me fui para el contrario que es Pelotaris, así tuve la chance de jugar en los dos grandes y es la pica, el Peñarol - Nacional del básquet de allá. Cómo rebelde adolescente mi padre era presidente de Allavena y yo jugaba en Pelotaris, también fue presidente de la liga de Paysandú y fue vicepresidente en el momento en que Paysandú BBC jugó en la etapa del profesionalismo. Pero luego pasó que con 18 años tuve que venir a Montevideo, ya había hecho juveniles y llegué a jugar en primera, pero la prioridad era el estudio y eso hizo que me distanciara un poquito del básquetbol. Estando en la capital y estudiando por el 2002, mi padre me incentivó para anotarme en el curso de árbitro, pasó que no hubo curso en esos años y recién se abrió uno en 2006 y pude hacerlo.

¿Cómo se dio el pasaje a ser árbitro?

Me acuerdo cuando jugaba tuvimos la chance de ir a Necochea, tenía 15 años y había un partido de Minis, faltó el árbitro y me dijeron para hacer de juez, ese fue mi primer encuentro con el refereato y me gustó. Ya de grande tomé el pasaje de jugador a árbitro con suma naturalidad, siempre fui un jugador muy disciplinado, era muy bueno en la defensa, iba muy al límite y no era de protestar. Entonces en 2006 arranqué el curso mientras jugaba en la Asociación Cristiana de Jóvenes de forma recreativa, ahí sufrí una lesión dónde me rompí meniscos y ligamentos, justo en ese año que era el curso. Álvaro Fernández y Julio Dutra (Padre) era quienes estaban en ese momento dando el curso les expliqué mi situación, me vieron con muchas ganas y que me gustaba entonces pude dar la prueba física con una rodilla que se me salía, en las vueltas finales se me movía para todos lados y así pude salvar. Ese año no debuté, esperaron a que me operara y tuviera la recuperación debida para el año siguiente sí debutar.

¿Cómo ves el nivel de arbitraje en Uruguay?

Fui árbitro FIBA en 2014, soy árbitro de la Federación Internacional de Básquetbol en Silla de Ruedas (IWBF por sus siglas en ingles), al ir al exterior vas viendo y comparando lo que es el nivel afuera con el nuestro. El árbitro uruguayo tiene un plus, acá por nuestra idiosincrasia en el salto mismo ya te están protestando, una pelota afuera y te protestan, algo qué desde las formativas es una costumbre, sí no es el jugador son los padres o el entrenador. A veces el periodismo habla más del arbitraje que del partido en sí y eso en cualquier parte del mundo no existe, es muy raro que se hable del arbitraje, esa presión termina siendo un entrenamiento que te permite formar una coraza que al ir a arbitrar en otros países resulta más fácil que hacerlo en el propio básquetbol local.

Estamos lejos de tener el máximo potencial, hay que trabajarlo y gran parte de eso es lo que está haciendo Héctor Uslenghi en la escuela. El éxito está antes que el trabajo solo en el diccionario. En mi caso personal soy muy autodidacta, le hago scouting a los jugadores, equipos y entrenadores, ya de antemano sé con que me voy a encontrar, que tipo de jugada es y cómo va a terminar, eso lo hago para adelantarme a la situación, eso facilita muchísimo el trabajo.

¿Qué te dejó el Sudamericano U14 de 2015 como primera experiencia internacional?

Lo poco o mucho que logré fue con mi trabajo, en la preclínica para ser internacional para sorpresa de muchos quedé primero con puntaje perfecto en todas las pruebas. Obviamente yo no era uno de los que querían que estuviera ahí. Mágicamente de una clínica con cuatro cupos pasó a ser de seis, yo muy inocente no le di mucha importancia, hice la prueba física, me dieron la devolución y me tocó debutar en el U14 Masculino de 2015 en Paraguay. Sinceramente es una experiencia espectacular porque estás a otro nivel, termina el partido te reunís y tenés una devolución una vez terminado, acá a veces pasa más de una semana para que eso suceda. En ese torneo debuté como tercer árbitro, de la nada comencé a ser segundo juez y terminé pitando la final como segundo árbitro, algo que no esperaba, si bien era un torneo U14 es muy difícil que en una primera salida termines arbitrando la final y menos de segundo árbitro, además fue un partidazo entre Paraguay y Argentina a cancha llena. Terminó el torneo y dan una devolución final, a mí me la dio Pedro Raga en su momento el número dos de FIBA que me dijo “no desarmes las valijas porque ni bien llegues a Montevideo vas a volver a salir”. Le había gustado mucho mi desempeño y veía un potencial en mí.

¿Por qué no seguiste a nivel internacional?

Acá en Uruguay había un tema complicado en lo arbitral, no me gusta hablar de la gente que no está, pero era una persona que se creía tal vez más de lo que era. Yo arbitro porque me gusta, tengo otra profesión y vivo de eso, en ese momento estaba en desacuerdo con algunas cosas que veía, que personalmente no me favorecían ni me perjudicaban, pero no estaba de acuerdo con esas tiranías y en una asamblea en el club 25 de Agosto fui el único árbitro internacional que levantó la mano y le quitó la confianza al Presidente del Departamento Arbitral (en ese entonces Gabriel Baum). Sabía que eso iba a tener un costo, pero no me importaba y no vendo mis códigos al bajo precio de la necesidad, no vivo de esto y si algo no me gusta, lo digo. A partir de ahí dejé de tener casi inmediatamente rodaje en mayores y cuando se dio el cambio de régimen en FIBA fui uno de los árbitros a los que le dieron de baja. Lo hice por convicción y hoy te digo que lo volvería a hacer porque estaba convencido de que había cosas que no estaban bien, me queda ese sabor amargo porque se me cortó la posibilidad de seguir internacionalmente por un tema político y de una persona, no por mi desempeño dentro de la cancha.

¿Cómo se da el pasaje de ser árbitro convencional a ser árbitro de básquetbol adaptado?

Se dio gracias a Miguel Acosta, con quién compartí años de compañero en la ACJ y ahora es el entrenador de la selección uruguaya de básquetbol adaptado, él fue quien me invitó además de la Doctora Cristina Roselló, qué en ese momento era la presidenta de la IWBF de América, hoy en día es la vicepresidenta. Necesitaban un árbitro uruguayo internacional, fue todo nuevo para mí. Me estudié todas las reglas al dedillo, las interpretaciones, miraba videos, iba a las prácticas de la selección hasta que rendí la prueba en una clínica en Lima en 2018. A partir de ahí ha sido todo alegría y llegué a ser designado para los Parapanamericanos 2019, todo un honor ser el primer uruguayo arbitrando en un evento de esa característica. Es otro mundo, hay que entrenar y aprender constantemente, se necesitan muchas horas de cancha.

¿Qué gran diferencia encontrás entre el básquetbol adaptado y el convencional?

La idiosincrasia del deportista es totalmente diferente, vos vas a hacerles un partido y están contentos que vas, en cambio pisas una cancha de básquetbol convencional y dicen: "fua mira quien vino otra vez". En Argentina los familiares de los jugadores en los tiempos muertos te alcanzan bizcochitos o algo para convidarte, el ambiente es totalmente diferente, más humano el trato, pero te juegan a muerte y si te tienen que protestar, te protestan, también es más humano entre los árbitros, en Lima antes del Parapanamericano tuvimos cuatro días en Machu Picchu de total confraternidad subiendo la montaña, antes de un torneo cómo la olimpíada de América, que es un evento increíble, cuando llegué a Lima ya sabían quien era Diego Borghini, me subieron a un coche oficial y me llevaron escoltado por policía, me sentía un presidente (risas). Entrar en este mundo hermoso me abrió más la cabeza y me hace muy feliz, sin duda que tanto Miguel como Cristina tienen mucho que ver en eso.

Y dentro del juego, ¿Qué diferencias hay?

Primero que nada, el básquetbol adaptado es un deporte mucho más estratégico, se juega más en equipo. En el básquet se juega de a cinco más dos, generalmente un equipo es de siete porque el resto no tiene minutos o son muy pocos. En el básquetbol adaptado hay una regla que no se puede sumar más de 14 puntos en cancha, cada jugador tiene una clasificación según el grado de su discapacidad funcional, los que tienen menor discapacidad o discapacidad mínima son los puntajes más altos, desde 4.5 hasta el más bajo que es el 1. Ahí está la estrategia para el entrenador de armar un equipo y no pasarse de los 14 puntos porque recibís una sanción de falta técnica y te hacen cambiar la cantidad de jugadores necesarios hasta que cumplas esa norma. Por lo tanto, jugás con más jugadores y tenés que tener gran cantidad de jugadores para poder ir rotando y no pasarte. Si te pasa que un jugador de puntaje bajo comete la tercera falta en el segundo cuarto y tenés que sacarlo porque es uno de los mejores jugadores y si no hay en el banco alguno de su mismo puntaje debés hacer más de un cambio, por lo tanto, es un juego mucho más estratégico.

De los que te tocó arbitrar en Lima, ¿Quienes más te sorprendieron?

Me tocó arbitrarle al mejor jugador de básquet en silla de ruedas del mundo: el canadiense Patrick Anderson. Un tipo que de dónde tira la mete, pero ahí el equipo tiene que estar correctamente balanceado. También es un deporte que te deja una enseñanza de vida porque a veces uno se complica por cada tontería y hay gente con historias increíbles, con gran superación y que se convierten en deportistas que viven de eso. Una de las cosas más fuertes que vi fue al argentino Gustavo Villafañe, es una persona doblemente amputada por un accidente que tuvo de chico en ambas piernas y el brazo izquierdo, él maneja la silla con una mano y tira con esa mano, es impresionante lo que mete y es una persona súper humilde.

¿Qué diferente es el arbitraje?

A veces uno dice, el deporte en silla debe ser algo lento, pues no; es rapidísimo el golpe que se dan con las sillas y la mueven a una velocidad que te hacen correr como un partido convencional. La mecánica del arbitraje es más o menos la misma derivada del triple arbitraje de FIBA. Obviamente tenés situaciones como el “man-out” donde se quedan jugadores en el campo defensivo, entonces el juez que pasaría de líder a seguidor se queda con esa jugada en campo defensivo y los otros árbitros en campo ofensivo transforman la mecánica de triple arbitraje en doble, a grandes rasgos es así y tenés que controlar que no salgan de la cancha. Se dan y se frenan con ganas.

¿Cómo has sobrellevado la pandemia?

Es fuerte esto que voy a decir porque mucha gente la pasó mal. Pero para nosotros fue que se lograra reconocer el trabajo excelente que hacemos. Somos el personal que está en primera línea, somos los que hacemos los análisis, firmamos el resultado y atrás de eso significa que viene un diagnóstico y luego un tratamiento, pero si le errás al diagnóstico le van a errar al tratamiento médico y le van a dar medicación que puede tener efectos secundarios y el remedio puede ser peor que la enfermedad, por eso es un trabajo muy preciso, que debemos de estar muy atentos y muy seguros de ese resultado. También estamos expuestos a todo tipo de virus como VIH, Hepatitis B, C, A, o virus bacteriológicos, parasitológicos, etc. Entonces esta situación ayudó a que la gente tomara un poquito de conciencia, nosotros en el Hospital Maciel hacemos los diagnósticos de SARSCoV-2 para COVID-19 y que la gente nos haya reconocido de esta manera hacen valer la pena los ocho años que estudiaste en la facultad más los cursos y el estudio diario, porque la ciencia es algo que cambia todos los días.

¿Cuál es el cambio más notorio que viste sobre como ven a los científicos en Uruguay?

Se nos valora y respeta más. Antes nadie sabía que era la Bioquímica, tenías que andar explicando que es la ciencia principal de la vida, la mezcla de la biología con la química que estudia los procesos de los organismos vivos, en este caso con aplicación clínica para los análisis con los qué hacemos diagnósticos de enfermedades. Esto ayudó a que la gente conociera la situación, sí, somos esos que nos vestimos de astronautas y estamos atrás de un tubito para darte un diagnostico a vos de si tuviste o no una enfermedad.

Siendo Bioquímico Clínico, ¿Cómo ves la actitud de Uruguay ante la pandemia?

Sin entrar en política porque eso es complicado y un problema muy serio, se tomaron las decisiones

correctas. Además ayudó que el uruguayo es una persona muy responsable, sin cuarentena obligatoria hubo un acatamiento de más del 90% y leyendo artículos internacionales de la BBC, El País de Madrid, entre otros, han destacado la actitud de Uruguay ante la pandemia. Personalmente siempre traté de mantener comunicados e informados a los compañeros del básquetbol, porque en las redes sociales e internet ves información falsa y que termina perjudicando antes de ayudar, por eso siempre estuve a disposición para evacuar cualquier duda y enseñar el proceso de desinfección al llegar a la casa, porque es el mismo que aprendí en facultad, cada vez que llegó o salgo del laboratorio, para mí es natural, para las demás personas no.

¿Cómo salió estudiar esa carrera?

Hasta cuarto año de liceo pensaba ser Traumatólogo, cuando me enteré de que tenía que estudiar con cadáveres automáticamente lo descarté. Soy una persona creyente y fue cómo si me llegara una señal de Dios y me dijera toma, esto es para vos. Siempre fui de mirar películas y series de pandemias y brotes, quería ser la persona que esta dentro del traje trabajando con los tubos y todo eso, sin saber que esa carrera en Uruguay existía. Un día hablando con mi primo que estudiaba medicina me dijo porque no estudias en la Facultad de Química, ni sabía que existía y cuando leí el perfil de la carrera de Bioquímico Clínico no lo dudé, para mí la carrera me resultó súper fácil, di pocos exámenes, tengo un promedio de 9 en la escolaridad y un promedio de Facultad de Química es de 3, pero eso lo competís siendo estudiante, salís a la vida real y te das cuenta que la escolaridad no te sirve para nada (risas).

¿Cómo es arbitrar al equipo que sos hincha?

Nunca me pasó, es algo que me da mucha gracia. Siempre me gritan favoreces a mengano, sos hincha de sultano y la mayoría de la gente no sabe que yo vengo de Paysandú y mi equipo está allá, acá soy hincha mío y me da igual quién gane. Yo el básquetbol no lo disfruto, siempre lo miro como trabajo, el fútbol si lo disfruto, pero el básquetbol no.

Sos una persona que a la hora de arbitrar gesticula mucho, ¿Es una actitud natural o se puede decir que es un personaje?

Soy extrovertido y me han llegado a decir que muevo tanto las manos que parezco el que estaciono los aviones en los aeropuertos. Cada uno tiene su personalidad, yo soy así y tengo compañeros de la IWBF que recortan mis fotos y me hacen stickers de WhatsApp dónde parezco que estoy bailando flamenco. Es algo que tengo que trabajar mucho el lenguaje no verbal, qué es el 90% del lenguaje, no sé si es un problema o no, pero me pasa en el arbitraje y en la ciencia, el estudiante de química es un ratoncito de laboratorio y yo era el único estudiante que preguntaba todo, así fuera bien contestado o un bolazo, no soy el personaje típico dentro de la ciencia ni del arbitraje. He tratado de bajarle a eso, antes para hablar con un jugador me corría la cancha para calmarlo, luego me veía y parecía que iba a pegarle en vez de separar, pero no es un personaje soy así (risas).

¿Tenés otra pasión?

La ciencia es mi pasión, soy científico con silbato. El fútbol también, salí campeón de facultades en esos torneos de primavera, fui el arquero de la Facultad de Química, también jugué en la de básquetbol, pero una vez que empecé a arbitrar dejé de jugar a todo. La ultima vez en un partido entre los jueces me di cuenta que son unos bestias, pegan más de lo que cobran en la cancha, una vez me hice un esguince y dije hasta acá, no juego más, entreno pero no juego.

PING PONG

Mejor partido: La cuarta final del año pasado entre Aguada y Malvín, fue un partido sin errores.

Peor Partido: No tengo ese partido de un horror que definiera un resultado. Sí partidos que no me haya gustado mí trabajo, pero no uno que sea un escándalo.

Jugador más complicado que te tocó arbitrar: Alejandro Francia, me tocó en DTA y pensé que iba a ser lo peor por lo que me habían dicho mis colegas, pero descubrí un patrón con todo eso y una vez que me tocó arbitrarle e hice lo que todo científico hace: buscar la solución al problema. Lo hablé con él, le dije sé quien sos, si tenés un problema lo hablas conmigo y lo respeté, él me respetó y conmigo fue un señor, pero me lo pintaron como un cuco.

Hincha de: Pelotaris de Paysandú.

Terna ideal: El básquetbol es un juego y para divertirme creo que sería: Luigi Lamónica (italiano), Isaac Glass y Diego Borghini.

Un partido que te gustaría arbitrar: Cualquier final del torneo que esté arbitrando en ese momento.

¿Quién es Diego Borghini fuera del rectángulo?

Un buen tipo, no importa que me quieran o no, pero sí me interesa ser buena gente, como me enseñaron mis viejos. Extrovertido, tranquilo, muy estudioso, responsable, disciplinado, normal, pero sobre todo respetuoso.