“Portate bien que vienen unos amigos de papá” fueron las primeras palabras del protagonista próximo a recibirnos en la puerta de su departamento. El receptor del mensaje fue Bautista, culpable número uno de esa sonrisa que lleva de oreja a oreja. Llegamos, ordenamos los juguetes, acomodamos la mesa y nos fuimos aprontando. Todos idolatramos a nuestro viejo y Bauti no era la excepción. Siempre cerca, en sus brazos o llamándolo, pero cada vez que se oía el “papá” del niño, la voz del entrevistado se quebrantaba. Esa emoción es mucho más que un triple o un torneo de Liga, es simplemente todo. Los nervios quedaban de lado, los llantos iban en descenso y las primeras risas del más pequeño se hacían presentes. Sus movimientos eran rápidos y sin control, pero Fonchi siempre estaba atento dando lugar a sus reflejos como en sus mejores tiempos. El celular en peligro, la carpeta que iba y venía sin destino. Ya más tranquilos y todos en su lugar, fuimos desde su niñez hasta lo que es hoy en día. Las idas y venidas a Argentina, la decisión de gurí que lo llevó a inclinarse casualmente por el basquet, la exigencia constante de que el estudio siempre es lo primero, el vestirse de color celeste, el amor por su club y hasta de esa enfermedad tan hermosa que vive y siente por el River Plate de la vecina orilla. ¿Qué es de la vida de Alfonso González? Aquel pibe maravilla que llegó al estrellato siendo joven y que de a poquito se le fue apagando la llama y la pasión por el básquet.
¿Qué es de la vida de Alfonso “Fonchi” González?
Trabajo en una empresa unipersonal chica manejada por mí, donde tengo dos tipos de trabajos. Uno de ellos para afuera, donde hago implementaciones de software para clientes; sobre todo de bancos. Y a nivel local asesoro empresas pymes en materia de tecnología. Todo abocado a sistemas. En las pymes de acá, me dedico a ver a las empresas chicas, qué necesidad tienen a nivel tecnológico. Es decir, ver si no han implementado todo lo que venga del área digital y ayudo en ese sentido para que empiecen a tecnologizarse.
¿Es más difícil armar un sistema, tirar un libre en la hora o cambiar un pañal?
Depende cual pañal. El primero es el más difícil, sudé como si fuera un triple en la hora. Después le agarras la mano y un pañal es nada pero te diría que los libres en la hora tan bravos, tienen más presión.
¿Cómo se desarrolla un día en tu vida?
Me levanto cuando Bautista se levanta, aproximadamente 6.30 o 7.00. Dicen que más de grandes duermen un poquito más. Luego aprovecho y me voy al gimnasio porque eso de entrenarme no lo he perdido. Voy todos los días al crossfit que queda en Av. Italia y Cooper. Vuelvo y ahora que no estoy en oficina laburo acá o en lo de mi padre hasta las 19.00. Llego y el hijo te ocupa todo. La mema, la ducha, la rutina de padre es la que me lleva más tiempo. Nuestro núcleo está conformado por el bebé y mi esposa Patricia que está por llegar y me va a matar por la ropa que tiene Bauti (se ríe). Me va a decir: “¿le sacaron fotos con este jogging?”. Van a ver que les va a hacer sacar más fotos.
¿Cómo es “Fonchi” como padre?
Por lo que dice mi mujer hago de todo. Ella está acostumbrada a que su padre no era como los de ahora que cambian pañales y estamos siempre a la par de la madre. Yo quiero ser un poco así porque no tenía ni idea. Tuve dos hermanas chicas cuando tenía 12 años y me dio un poco de experiencia. Sabía como manejarlo pero un pañal nunca había cambiado, nunca bañé a un bebé, ni nunca le había dado de comer. Son todas cosas nuevas que hasta que uno no lo tiene no se da cuenta. Me considero un buen padre. Trato de estar, mi trabajo me permite eso de estar con él y compartir, disfruto eso. La pandemia me ayudó a que entre sus 6 y 9 meses lo vivamos juntos, trabajo acá, es medio caótico pero es hermoso. Tranquilo no estoy, solo cuando duerme la siesta. Soy muy casero y familiero.
¿Por qué tanta enfermedad por River Plate de Argentina?
¿Cómo saben? Y eso que tapé el termo y mate. Dije: pensarán que soy un tarado. Tapé todo (risas). Fui a todos lados por River. Fui a Japón, a Lima en la última Copa Libertadores. A Madrid no fui porque cuando fui a sacar el pasaje salía U$D 2.500 entonces me dije: “tan tarado no puedo ser”. Recién me había casado, me había mudado, eran otros gastos los que tenía y me iban a matar pero estuve a punto de irme. ¡Mirá lo que me perdí! Fui a la final que se suspendió. Yo ya estaba en la cancha y ahí nos dicen que se había suspendido. Yo tenía pasaje para el domingo de mañana. Esto es terrible, en un momento se habló que se podía pasar para el domingo, entonces cambié el pasaje para el lunes de mañana y me clavé como un zapato. El fanatismo surge porque cuando tenía nueve años mi viejo se tuvo que ir a laburar a Argentina y nos fuimos todos. Yo acá seguía a River porque mi viejo es hincha. Iba al Saroldi los fines de semana, yo soy socio y voy porque va toda mi familia. A la semana que fuimos a Buenos Aires fui al Monumental y no podía creer, imaginate el cambio del Saroldi al Monumental. Me compré la camiseta y automáticamente me hice fanático. Hay una anécdota que cuenta papá que en el primer partido empecé a revolear la camiseta como si fuera hincha de toda la vida y a partir de ahí fui enfermo. Mi fanatismo vuelve cuando volvemos porque yo seguía pendiente de lo que le pasaba a River en Argentina. Desde acá me he ido varias veces y tengo grupos de amigos de la infancia. Cuando estaba soltero iba cada tres fines de semana a verlo, solo para ver a River.
¿Cómo hincha de River como se vivió esa final y el popular relato del tercer gol?
Fue tremendo. Yo estaba acá, Patricia estaba embarazada de 6 o 7 meses y yo estaba a los gritos desde el balcón. Acá vive un porteño hincha de Boca que me gritó el gol de Benedetto entonces me desaforé. Se escuchaba todo porque creo que es de acá abajo y le grité todos los goles. Soy un tarado, nadie podía estar tan fanático por un partido de esos acá. Pati siempre me dice: “nunca te vi tan estúpido como ese día”.
¿Cómo era “Fonchi” como jugador?
Yo creo que tuve dos etapas. La de juveniles que era más que nada ofensivo. Yo estuve en un Sudamericano Sub 17 y salí goleador y mejor jugador de una competencia continental. Después cuando entré a primera, seguramente sea por el club a donde entré y que tenía otras pretensiones, me fui tirando a la defensiva. Ya era un jugador de rol defensivo. Ahora más maduro pienso porqué no me desarollé más ofensivamente en Malvín o en otro lado, pero no tenía la cabeza en ese momento. Yo le digo a mis amigos que si hubiera tenido otra cabeza en ese entonces podía hacer cosas diferentes que lo que hacía como juvenil. Me tocó ascender rápido a primera, el estrellato como se dice lo tuve muy joven y con otra cabeza no te das cuenta que tenés que seguir entrenando, quedarte un poco más para luego seguir. Yo confiaba en mi talento que si no entrenás se va y el talento ofensivo lo perdí un poquito, los últimos años ya era el Fonchi defensivo que tenía que marcar al tres extranjero del otro cuadro. Ahí perdí un poco y fui decayendo.
¿Por qué el básquetbol?
No fue nada en especial. Fui de Malvín toda la vida porque mi abuelo jugó ahí al básquetbol y nos hicimos socios. Yo jugaba al fútbol y el colegio de Argentina tenía básquetbol los domingos. Como yo era alto, un profesor me invitó a jugar y ahí empecé. Cuando vine acá tuve que decidir entre el baby fútbol y Malvín, y ahí me tiré por el básquetbol. No hay un porqué especial. Me copaba jugar de chico pero no era por descendencia directa. Capaz la altura pudo haber influenciado, yo medía lo mismo que ahora. Crecí mucho entre los 10 y los 14.
¿Te acordás del debut?
Me dirigía Álvaro Tito y fue un partido en la cancha de Malvín contra Anastasia. Hay una anécdota re divertida porque estaba todo nervioso, me temblaban todas las piernas. Entré en el segundo cuarto y Rostán quedó solo para tirar de tres y mi marca se va con él y yo ya estaba pensando que no me de la pelota por favor. Me la da y en vez de recibirla bien la paré con el pecho, no podía ni agarrarla del cagaso. La agarré, tiré y la emboqué de tres. Ese fue el primer contacto con la pelota en el debut. Ese mismo partido hice dos o tres puntos más de corrida y creo que terminé que con seis puntos en seis minutos. Fue un buen debut.
¿Malvín, Malvín y siempre Malvín?
Sí, de toda la vida. Hincha de siempre por mi abuelo, fanático del club, iba a todos los partidos. Después uno juega y ya cuando cambiás de club el fanatismo se va un poco, al menos en mi caso. Ahora soy hincha pero no estoy deseando ver a Malvín, no he ido más. Iba cuando estaba mi abuelo, así que el fanatismo se ha perdido un poco pero el barrio tira siempre.
Con 19 años jugaste todos los partidos de la Liga que campeonaron, ¿cómo fue eso?
Me acuerdo porque ese equipo no se formó para ser campeón, entonces el campeonato no era el principal objetivo en nuestra cabeza hasta llegar a los Playoffs donde pasamos por arriba a Trouville. Ahí nos dimos cuenta que estábamos para ser campeones. Era un grupo muy unido, de los más unidos en los que he estado. Comidas después de los partidos, juntadas siempre y creo que eso es la clave. En un plantel eso es clave. Agarró Pablo (López) y se formó un equipo nuevo. O sea, yo también era parte de un equipo nuevo más allá de que era el de la cantera de Malvín pero no aspirábamos a campeonar ni mucho menos. Fue mucho esfuerzo, mucho entrenamiento y un grupo muy unido.
¿Por qué no se le da la confianza a un pibe?
Yo creo que va en la confianza de los juveniles, por lo que yo veo y escucho todo lo que está pasando con el movimiento de fichas y demás, eso debería ser propicio para que los jugadores más jóvenes se fogueen un poco más. No en Metro, en Liga es donde tiene que estar la chance para que demuestren. Ahora hay juveniles que juegan. Mirando un poco ahora veo que no existe esa chance a los que tienen 19 años como me pasó a mi. Tenía el dato de que había sido el único que había jugado todos los partidos del plantel pero no lo pensé por un tema de edad. Tal vez era un jugador más maduro para la edad, un jugador más pensante, los chicos de ahora tienen menos confianza creo, pero son mucho más atléticos y ofensivamente son más. Yo era un poco más pensante y eso me podía dar más minutos. También está eso de que sos chico y tenés que entrar a defender y hay que ponerse eso en la cabeza. Si defendés te van llegando los minutos y eso creo que me dio otro espacio pero como te dije antes lo extendí y no sé si fue tan productivo. Cuando arranqué era defensivo y de casualidad me quedaba alguna pelota para tirar.
¿Cambiarías el título de Liga por algo que no lograste conseguir en el deporte?
No, salir campeón con Malvín fue lo más lindo que viví y sobre todo porque ahí están mis amigos y mi familia. Formar parte del plantel que le dio el primer torneo a la institución y que esté mi abuelo ahí no lo cambio por nada.
¿Cuál fue tu mejor torneo?
Jugando la Liga con Aguada. Me sentí muy cómodo. Ahí tuve más participación ofensiva en el equipo, me sentía parte del ataque. No fui titular pero jugaba 20 minutos y nos fue medianamente bien para el equipo que teníamos que llegamos a semifinales.
¿Recordás algún partido?
Hay un partido en Malvín contra Anastasia, luego de salir campeones, que se lesiona el cabeza (Viera) y Pablo me manda de base titular y creo que hice 20 puntos y jugué bárbaro, eso me daba confianza. De juvenil jugaba de base pero lo fui perdiendo. La confianza es buenísima porque el técnico te necesita en un puesto y vos le rendís. Puede haberme marcado también la primera final con Biguá donde jugué muy bien el año que salimos campeones. Pero siempre me acuerdo del partido con Anastasia porque tenía que ser titular y base cuando nunca lo había sido en primera y anduve muy bien. Eso me catapultó para tener confianza.
¿Cual fue el plantel que más te gustó y por qué?
El Malvin del 2006. Más allá del campeonato, el tema de la unión era mortal. Es más, ayer (domingo) estuvimos mandando mensajes para hacer un asado en la casa de Pablo Viera en Fray Bentos. Una vez por año lo hacemos para recordar la fecha y el año que viene que el Cabeza no puede venir porque está allá dijimos de hacerlo ahí. Hace bastantes años que fuimos campeones y seguimos en contacto. Y mirá que vamos todos, no falta nadie.
¿Cómo fue jugar en la selección en las categorías formativas?
Fue muy lindo. El grupo que armamos en una sub-16 la estiramos hasta una sub-20 donde jugamos un Pre Mundial todos juntos. Se hizo un lindo grupo con el Hechicero Cabrera a la cabeza más allá que antes estuvieron Federico Camiña y Yayo González. El Hechi agarró esa camada que venía en la sub-17 e hicimos todos juntos hasta ese Pre Mundial sub-20 donde entró Jayson Granger también y quedamos afuera en la última pelota con Puerto Rico, creo. Si no hubiésemos sido los primeros en ir al Mundial en la historia del basquet nacional en las categorías juveniles.
Un directivo me dijo: “Fonchi está entre los 3 jugadores que más desequilibraba en formativas”. ¿Crees que es así?
Es muy raro todo. Yo conozco muchos jugadores de esas selecciones o de otras que luego no llegaron a primera. El cambio de ser juvenil a ser jugador de primera es donde cada uno hace su marca. A mi me dijo el Tato López una vez, que ahora que soy más grande lo pienso y antes no me daba cuenta: “vos te despegaste del resto desde muy chico. Vos estás muy arriba y tus compañeros un poco más abajo. El tema es que tus compañeros se van a ir pegando a vos y vos vas a tener que seguir peleando para seguir subiendo”. Yo ahí tenía 14 años, lo miraba y no entendía nada lo que me estaba diciendo porque no tenía la cabeza para entenderlo. De más grande te das cuenta, y te repito lo anterior, el entrenamiento, la constancia, todo hace al jugador y yo capaz que no lo tuve en su momento. Tenía la facultad y otras cosas en la cabeza. Pero la realidad es que en los juveniles me destacaba si. Salí MVP de un Sudamericano perdiendo una final, no era fácil y es raro ser el mejor perdiendo una final y a mi me lo dieron.
¿Existe algún “Fonchi” en la Liga?
Mi estilo de juego era bien defensivo. El último partido que fui a ver fue la final entre Aguada y Malvín, la última que perdimos. Yo me veía en Joaquín Rodríguez pero cuando era más joven. Yo fui más grande y mi rol fue cambiando. Ahora veo a Nicola (Pomoli) y yo intento o intentaba ponerme en su cabeza porque me acuerdo lo que pensaba cuando tenía esa clase de partidos siendo tan chico. Siendo más grande puede ser el Pelado (Vázquez) que es más defensivo y se la rebusca en ataque, pero él es mucho más físico que yo.
¿Por qué dejaste tan joven?
En realidad porque me pasaban dos cosas. Una es que estaba con la facultad e iba -en el último año que pasé al Metro- de mañana a una empresa donde trabajaba, de tarde a la facultad y de noche tenía entrenamiento. Estaba al palo y me di cuenta que no estaba ni bien en algo ni bien en lo otro, era medio y medio, entonces dije que tenía que decidirme por algo. Sumado también a que la pasión por el entrenamiento se me fue yendo, no sé si fue porque tenía varias cosas en la cabeza, pero mi objetivo siempre fue terminar la facultad y recibirme. Era algo que me propuse cuando arranqué y tal vez me faltó un poco de constancia en las dos cosas y creía que no podía con ambas.
¿Te quedaste conforme con la carrera?
Sí, después siendo más “viejo” siempre me pregunto por qué no seguí. Tenía una práctica pero tenía clase también, entonces iba y corría de un lado para el otro, estaba todo el día así. Con más tiempo uno entrenaría más y seguro que si hubiese pasado eso, podría haberme destacado mucho más, eso es algo en el debe que me queda pero entiendo que en el momento no podía estar a full con el básquetbol porque tenía otras prioridades. Me acuerdo un día que falté a un partido porque tenía un examen y no podía faltar. Yo le dije a Pablo que terminaba y llegaba para el partido, era contra Defensor, no me olvido más. Era a las seis de la tarde el examen en el centro, terminaba y estaba en pronto en el partido. Yo estaba convencido que al exámen tenía que ir porque no iba a perder la materia. Fui, el examen fue un huevo, llegué e iban por el tercer cuarto. Fui al vestuario, me cambié y fui como si no hubiera pasado nada.
¿Nunca pensaste estar ligado al básquetbol yéndote tan joven?
La dejada se dio muy espontánea. Coincide que en el trabajo que agarré era en una empresa que me fue bien y fui mejorando. No quise dejarlo para volver a entrenar y los meses fueron pasando, me sentía cómodo y no me daban muchas ganas de volver. Es más, habré tirado con mis amigos al aro pero nunca más jugué un partido de básquetbol. No participo del universitario, no juego en las ligas nuevas, no me dieron más ganas. Entreno porque me gusta moverme pero al básquetbol tal vez le perdí el gusto. Yo creo que hay que prepararse para estas cosas. (En ese entonces llega Patricia, su esposa, y llegó el rezongo para todos los presentes por la vestimenta de Bautista en la sección de fotos: “así le sacaron foto? Los mato”). Estaría bueno estar con las juveniles y apoyarlos pero la gente que está se ha preparado, ha estado, ha hecho el curso y yo no tengo nada de eso y me da vergüenza. Estaría bueno estar con los más chicos.
¿Se extraña el ambiente?
Se extraña lo social. El vestuario, los amigos, las jodas y las bromas. Los asados del equipo, los viajes al interior, los bondis. Todo eso es lo que se pierde. Los más jodones siempre fueron el Cabeza y el Enano (Martínez). Los dos eran terribles pero estabas todo el día cagándote de la risa. Ahora en el grupo de whatsapp siguen siendo los que más joden. Tiras para juntarnos y ya salen con algún chiste. El que ligó ya las jodas para el próximo asado fue Agustín Iglesias, pero siempre son jodas y viven el día así. Lo pasábamos bien.
¿Qué te dejó el básquetbol?
Me dejó amigos, sobre todo en el club, mi grupo de amigos viene desde ahí. Algunos jugadores como Javier Crócano y Gonzalo Rama. Me dejó muchas lindas experiencias y a veces recuerdo partidos, vestuarios, prácticas. Fueron diez años donde no me quejo de nada porque las viví todas.
¿Cómo se hace para vivir intensamente en tan poco tiempo de carrera?
Y eso que fueron diez años jóvenes. Porque debuté con 17 y me fui con 27. Las carreras de los basquetbolistas usualmente son bien cortitas. Como lo hice para vivir así fue por la intensidad que manejaba en ese entonces. El ritmo de las prácticas, los partidos, lo percibo ahora porque dejé de joven pero no lo pensás mucho. Estás todo el día entrando, descansás, comés bien, jugás un partido, descansás. No pensás casi. El básquetbol acá es más pasional que profesional.
¿Fuiste feliz en la cancha?
Fui feliz y lo fui perdiendo. Ya en el final me pasó y creo que terminé dejando por eso. Yo no soy una persona que tironea las cosas. Me ha pasado con trabajos, ahora no porque tengo lo propio y me manejo, pero con empresas que no estoy a gusto, me voy. En el básquetbol fue algo similar. Si bien fue un poco más larga la decisión, el último tiempo ya no era el mismo de las ganas de ir a practicar y esas cosas. Estaba cansado, pensando en la facultad y en otras cosas, no estaba 100% mentalizado. Pero fui feliz porque en mi inicio lo fui y con el correr de los años fue decayendo. Tal vez la pasión por el básquetbol la fui perdiendo y no está mal decirlo.
Alegrías y desazones, constancia en las cosas que realmente lo hacen feliz y sinceridad fueron algunos de los condimentos que resaltaron en la charla. El ida y vuelta permanente con su mirada al pequeño Bauti y esa conexión cómplice de padre baboso. La llegada de Patricia, el rezongo en tono jocoso, el nuevo look para el más mimado del apartamento y la mano de la mujer de la casa para que el cuadro de la foto quede aún mejor. Un núcleo fuerte que lo componen tres personas y que posee varios afluentes que lo conducen a un sitio especial: la felicidad de una familia entera.