De la seriedad dentro del rectángulo, a la distensión de una charla en la que tocamos desde la niñez hasta la actualidad de una multifacética Aline García.

Entre los primeros días de frío, y la incertidumbre de cuándo arranca el Metro y los entrenamientos fuimos tomando lugar, y encaminando una nota que tuvo risas, seriedad y opinión.

Su niñez y adolescencia…

Con una fuerte influencia de su padre, Aline conoce este deporte desde que tiene memoria. Muchos años antes de verla con el silbato y “poniendo orden” en la cancha, tuvo su historia como jugadora y comenta: “Desde que nací se respira básquetbol en mi casa. Arranqué a jugar cuando empecé la escuela. Mi padre daba clases de básquetbol ahí, armó un equipo femenino y se movió para conseguir un club. Se nos permitió usar la cancha de Nacional, pero en ese entonces estaba toda abandonada, con palos y hojas. La limpiamos y empezamos a practicar ahí. Yo era chiquita todavía y había gurisas más grandes, pero siempre iba y estaba ahí”.

Hablando de esa cotidianeidad y costumbre de picar la pelotita, la jueza largó una de las primeras risas de la entrevista y contó que: “En mi casa había dos aros; uno en el patio, como en cualquier familia normal, y el otro estaba en el living. No estoy hablando de un aro de plástico con una pelota de goma que se les pone a los niños, era uno real de acrílico puesto en lo más alto, tocando el techo, y jugábamos con las pelotas oficiales”, dice sobre esa locura que cree “no haría en mi propia casa”, pero demuestra el “arraigo que teníamos al básquet en casa”.

“Después de ese tiempo en Nacional, nos fuimos a Miramar donde realmente empecé a jugar e hice las formativas. Esa fue una época en la que el femenino empezó a decaer. Estaba en un buen momento, no como ahora obviamente, pero decayó. En Miramar no hubo más plata para el femenino y con unas amigas nos fuimos a Malvín. Como imaginarás no era titular y estaba en mi adolescencia, no me dio para asumir esa responsabilidad de dedicarme 100% a esto. Habré jugado tres o cuatro meses y me dejó de interesar, acompañado también de que no era de las mejores, entonces me desmotivó”.

De jugadora a jueza

“Pensalo, por favor. ¿Estás segura? ¡Pensalo!” fueron las palabras de su padre en ese momento “de crisis en la que tuvo que asumir la perdida de la nena jugadora”, aunque siempre se encargó de que Aline estuviera cerca de la cancha y el deporte: “Él estuvo siempre vinculado con algún club y yo atrás. No recuerdo cuántos años tenía yo, pero él empezó en Defensores de Maroñas y yo hacía la mesa. En ese momento empecé a tener más respeto por el árbitro. En la mesa necesitaba entender qué era lo que estaba pasando y qué señalizaba para anotarlo. Entonces empecé a interiorizarme más en esas cosas que, tal vez como jugador o espectador no hacés”, y entre ese sentimiento y la influencia de algunos árbitros decidió hacer el curso, aceptando también que “por momentos dudé, dudé en ir y exponerme de esa manera. Muchas personas y jueces incluso me decían que el ambiente era horrible, pero por suerte di con lo positivo y desde que pisé la cancha en ese rol, me encantó”.

Aprender de los errores… ¿y de los reclamos?

Pese a “no ser protestona como jugadora”, al pasar de los cortos a los largos y colgarse el silbato la novata árbitra en ese momento “sabía que los insultos y odio desmedido de algunos iba a estar; no me quedaba otra que asumirlo y afrontarlo. Eso es un trabajo psicológico que hasta el día de hoy llevo”.

Parte de lo que fue la conversación previa a comenzar la entrevista, uno de los aspectos que tocamos fue el que los árbitros son humanos en todo sentido, pero en este caso, que también cometen errores. García confesó: “La protesta con insulto ni me va ni me viene, directamente no me afecta. La cosa está cuando cobro algo mal, me doy cuenta y viene alguien a decirme “¿te das cuenta de la cagada que te mandaste?”, ahí si me afecta porque sé que hice algo mal”.

“Depende del tamaño del error, pero tenés que hacer borrón y cuenta nueva, aceptarlo, pero seguir porque todavía queda partido por jugar. También está lo otro, cuando el error es muy grande luchas con que ya perdiste credibilidad, te enfrentás a tus pensamientos negativos y a la gente, que por haber cometido un error y creer que por eso sos malo arbitrando, piensan que está permitido todo tipo de protestas e insultos. Existe esa cultura, y no está bueno. Yo creo que en algún momento vamos a tener que evolucionar como sociedad y darnos cuenta que errores tenemos todos, no solo nosotros”.

Si bien lo que más afecta es darse cuenta en el momento, tener algún error o no cobrar alguna violación dentro del partido, y verlo luego también tiene cierto impacto: “Cuando veo algún partido televisado que hice, o una grabación y veo qué hice mal me quiero morir. Me dan ganas de meterme debajo de la cama y no salir más” expresó entre risas, y continuó “también ese tipo de cosas sirven de experiencia, y que si me pasó una vez la próxima voy a estar más pendiente y no va a volver a pasar. Cada vez que tengo un error grande, pero principalmente porque me confundí con una regla y me doy cuenta, me cuesta dormir. Te queda el sentimiento de culpa”.

De Uruguay al mundo…

Con una invitación a un sudamericano femenino U14 previo a tener la licencia de FIBA, Aline comenzó su experiencia en el exterior y preparación para que, poco tiempo después llegara al sudamericano masculino U17, su primero oficial como árbitra FIBA, y aunque cataloga la experiencia como “inolvidable”, pero también hablamos de un video  que le tomaron luego de hacer la prueba física por el cual recibió algunas bromas: “Apenas podía respirar y me llamaron para decir mi nombre y de dónde era. Nunca pensé que fueran a subirlo, además fue cuando el torneo se estaba jugando todavía” dijo riendo, pero dio el pie para hablar de la preparación física y teórica de los jueces.

La preparación en Uruguay

Sobre esto, explicó: “En otros países no pasa, pero acá por suerte tenemos un profe, y un lugar donde entrenar. En lo particular no voy normalmente porque me queda a trasmano y entreno personalmente, pero tener dónde y con quién es algo valorable”.

De lo positivo de poder prepararse físicamente pasó a lo que es la preparación de cada partido y las dificultades que el tener otro trabajo les presenta: “Es todo un tema. Nosotros no somos profesionales, tratamos de hacerlo desde el punto de vista de que queremos hacer nuestro trabajo de una forma profesional y le dedicamos tiempo y cabeza a ser lo mejor posible. En Uruguay no podés vivir del arbitraje, entonces hay que tener un trabajo aparte aun siendo de Liga. Es complicado porque a veces tenés un partido importante y lo encarás después de todo un día de trabajo que pudiste haber tenido tremendo mambo, pero hay que olvidar todo, si se puede descansar un poquito e ir al partido. Es difícil”.

Al ser consultada por cómo prepara cada partido, contestó y también resaltó el papel de las hinchadas: “Trato de ver algún video, si hay. Si la temporada está recién arrancando le pregunto a algún compañero que haya arbitrado a ese equipo. Después lo que veo es los equipos, los jugadores, qué mañas tienen, qué hacen, los entrenadores, y las tribunas. Son parte del partido, y no es que influyan, pero a veces están muy cerca de la cancha, normalmente atrás de los aros. Aunque no es aceptable, si me insultan a mi yo puedo manejar mis sentimientos, pero cuando insultan al rival si ya me doy vuelta y les digo algo. Se supone que van a alentar a su equipo y no atacar al rival, si no pueden cumplir con eso, que se vayan”.

Su mejor partido, en su mejor año…

Habiendo leído las notas previas a sus compañeros, la jueza llegó con la respuesta lista para el Ping Pong, pero también dio para charlar de un partido en el que “estábamos todos esperando ver a quién iban a designar. Como todo partido importante, todos queremos dirigirlo”. Literalmente como ella dice fue “la frutillita de la torta de un 2019 soñado” ya que, de hecho, fue el último partido del año, la final de la DTA entre Urupan y Olivol Mundial.

“Empecé el año con la postulación en FIBA, quedé y viajé dos veces. También tuve partidos importantes en el Metro. Fue un año divino, y arbitrar la final fue el mejor cierre, con el agregado de que también hice ese partido con dos compañeros con los que tengo muchísima confianza”, agregó sobre ese año de ensueño.

La mujer en el arbitraje…

¿Existen diferencias? ¿Se las ve y trata distinto? ¿Aún estamos reacios a ver mujeres arbitrando un deporte dominado por los hombres? Todas son preguntas a las cuales conocemos respuesta, pero la árbitra profundizó en el tema y habló de las diferencias: “Por momentos las hay, y por otros no. Depende de la gente, hay quienes avanzaron junto con la sociedad y saben que la función del arbitro o arbitra es la misma, no importa género. Hay otros que no ven eso y a veces se siente en los jugadores, como que no te tienen respeto por ser una jueza mujer, o sentís que te tienen más cuidado por eso. No está bueno. Tratame como tratás al resto”.

“También he sentido esa diferencia con algunos compañeros. Me ha pasado de arbitrar con compañeros que, por ser mujer no te tienen en consideración, no te escuchan. Particularmente me pasó en un partido de DTA en la que fui como segundo árbitro y el primero le pidió al tercero que fuera a hablar con el entrenador de un equipo, pasándome por alto. Por la rotación yo tenía que ir a dónde estaba el técnico y le pregunté por qué no yo. “– No, no, que vaya él. – Pero, ¿Por qué? -Porque no”. Esas cosas me revientan. Soy muy calderita de lata” acepta. “Esa situación me sacó del partido. Luego lo hablé”.

También confesó: “Por otra parte, está el beneficio de que por ser mujeres y ser pocas, al destacarse resaltamos más y podemos correr un poquito más rápido que el resto. Es lo que me ha pasado, sé que tengo las condiciones, pero he estado más en la mira por ser mujer, y por haber pocas. De todas formas, estaría genial que seamos muchísimas más”.

En este contexto se expresó en cuanto a la final de la LFB, que fue arbitrada por tres árbitras (Alejandra Godoy, Vivian García y Valentina Dorrego): “Yo creo que el hecho de poner tres mujeres juntas está bueno, pero para generar impacto. Nosotras necesitamos eso, que la gente vea a tres juezas juntas y sepan que podemos llevar un partido, porque por lo general se escuchan los “Ah, el varón es el que va a salvarlas, es el rudo, el malo”. Creo que como inicio está bueno”.

“Como te digo eso, también te digo que los partidos los tienen que arbitrar tres jueces, no importa si son hombres o mujeres, y que lleguen ahi por capacidad y no por ser hombres o mujeres”, sentenció, aclarando que si bien igualdad sería tener una terna femenina dirigiendo masculino, lo más importante no es el género, sino la capacidad.

No dudó en responder afirmativamente a la pregunta de sí ha recibido insultos por ser mujer, pero contó que no es tanto lo que le enoja: “Lo que si me molesta mucho es el piropo, o enfocarse en la belleza. Dentro de la cancha no hay lugar para eso. No vengo a que me califiques y me digas que soy linda o fea. Prefiero que me digan que soy una burra, que no sirvo para ser árbitra antes que eso. Es un partido de básquetbol, no un desfile de modas”.

“Lo otro que me saca aún más es recibir insultos de género de parte de mujeres. No me entra en la cabeza cómo es que nos castigamos a nosotras mismas. Le busco explicación y no la encuentro. Tal vez piensan que ese no es lugar para una mujer”.

¿Quién es Aline fuera del rectángulo?

Saliendo del referato, García nos contó un poco a qué se dedica, y que estudió: “Trabajo en ANTEL. Soy tecnóloga en telecomunicaciones, es una carrera corta de ingeniería. Después que terminé esta carrera iba a seguir, pero arranqué con esto del arbitraje y cuando vi que me encantaba, me di cuenta que mi carrera no me gustaba nada” afirmó entre risas. “Lo estaba haciendo para hacer una carrera, pero el ser jueza me abrió la cabeza como para darme cuenta que no necesito una carrera para ser feliz. No quiero decir que la gente no estudie, es necesario, pero en ese punto no podía hacerlo porque ya estaba trabajando. Estudiar, trabajar y los fines de semana que a esa altura eran para arbitrar, todo era imposible, me decidía o explotaba. Opté por el arbitraje”.

Sobre esto también nos contó cómo es el llegar al trabajo y seguir siendo “la jueza”: “Tengo compañeros que no entienden nada de básquetbol pero se prenden para verme, me sacan fotos, me escriben o me comentan en el trabajo “sos una genia, cómo le paraste el carro a este”, pero también están los que saben y son hinchas de algún club al que tengo que arbitrar y al otro día me llegan las quejas y pedidos de explicaciones” sentenció con una sonrisa.

Ping Pong

MEJOR PARTIDO: La final de la DTA, Olivol Mundial vs. Urupan.

PEOR PARTIDO: No puedo recordar uno específico, tuve muchos malos partidos y situaciones, como hablábamos antes. 

JUGADOR MÁS COMPLICADO: Muchos (risas). Sobre todo para mi que soy como “la nueva” o poco conocida,entonces todos me miden, y son insoportables. Con el tiempo he logrado buen vínculo con muchos.

HINCHA DE: De tantos en los que he estado jugando o con mi padre hay muchos con los que simpatizo, pero decirse hincha, no. Lo más cerca a ser hincha sería Defensores de Maroñas.

TERNA IDEAL: Sería con Vivian García y “Julito” Dutra.

UN PARTIDO QUE TE GUSTARÍA ARBITRAR: Cualquier partido internacional, unos Juegos Olímpicos o mundial.