Los golpes de la vida como alimento para estrechar lazos con sus afectos para salir a buscar el bienestar en todos los ámbitos. Ocupando el tiempo a puro desafío, Josefina Rivera vive una rutina que combina pasiones y responsabilidad.

¿Cómo fue tu niñez? 

Fue bastante distinta a lo que es hoy, porque era más chica y por otro montón de cosas. Vivía con mis padres, toda mi vida fui al Colegio Santa Rita de Punta Gorda. Jugaba al hockey en el Carrasco Polo desde primer año de escuela hasta los 15 o 16. Me gustaba, entrenaba mucho y me iba bien, llegando incluso a estar en alguna selección. Mi vida era monótona, vivía en una burbuja. Mi madre era abogada y escribana, le iba muy bien y quería tener el mejor nivel de vida, y yo no veía nada más allá, que es algo que sin dudas hoy por hoy lo valoro.

La perdiste siendo muy chica… 

Ella falleció en 2012, yo tenía 12 años y mi vida tomó otro rumbo totalmente distinto teniendo un cambio de 180 grados. Me mudé con mi tía materna, sus hijos, mi tío y mis dos hermanos. Hasta febrero de este año que junto a mis hermanos (Gerónimo y Maria Pía) decidimos irnos a vivir solos.

Los tres hermanos están relacionados al básquet, ¿Cómo lo viven?

Gero empezó hace poco, él jugaba al fútbol y no le iba bien porque decía que era lento. Con Mapi le dijimos muchas veces de empezar básquetbol, pero no quería. Larrañaga era cerca de donde vivíamos, lo llevamos y se copó. Antes había ido a Defensor pero se desmotivó porque los demás sabían mucho más que él. Es impresionante lo que mejora, estuvo en un grupo abierto de la Selección 2006 y los 1×1 que jugamos están peleados, aunque no me gana. Mapi con el básquetbol empezó antes que yo, también jugaba al hockey y aunque empezó Polo, no le gustó y se fue a jugar a Nautico que es el clásico. Sus inicios fueron en Bohemios, yo en ese momento había empezado a jugar con mi madrina (Laura Arrieta) que está en el Maxi Basquet que me llevaba con las “vetes” y luego empecé en Defensor.

¿Cómo es compartir plantel con tu hermana? 

El año pasado empezó y dejó porque quería concentrarse en los estudios y ahora volvió. Nos damos mucho para adelante, ahora en cuarentena entrenamos juntas y si no nos peleamos por alguna pavada, está todo bien. Lo malo es que una vez que hay una puteada en la cancha, la otra no para.

¿Los problemas del juego los trasladan a la vida?

Decidimos que cuando termina la práctica, nos vamos juntas pero ninguna puede hablar con la otra y eso se respeta porque sabemos que es para calmarnos.

¿Casi comenzás tu carrera en otro equipo?

Este es mi cuarto año en el club. Perfectamente podría haber ido a Malvín porque soy socia vitalicia pero hablé con “la Enana” Fernández y el equipo estaba super armado, con tremendo nivel y yo no sabía casi picar la pelota.

¿Cómo viviste arrancar en el básquetbol “de grande”?

Cuando mi madrina me dijo que se abría Defensor, fuí. Los primeros meses pasé horrible, me iba de la práctica con ganas de vomitar y llorar porque las demás eran muy buenas y yo estaba aprendiendo. Después empecé con Rodrigo Marín y él me destacaba la mejora que tenía en cada práctica aunque también me puteaba porque yo era un desastre con la disciplina. Hubo un día que lloré toda la práctica. Hoy me doy cuenta de todo lo que eso me sirvió.

¿Qué encontraste en Defensor para quedarse pese a ese inicio?

Estoy muy contenta, me hacen sentir muy cómoda tanto la gente que trabaja, como mis compañeras y también los hinchas. Aunque en el femenino haya menos son fieles y te dan para adelante en las redes y eso es porque notan que yo le doy algo al club, es recíproco.

Tenés una gran relación con Camila Kirschenbaum, ¿cómo fue compartir plantel con ella?

Estaba en Bohemios y llegó a Defensor porque quería jugar en mayores y Bohemios no abría la categoría. Es la jugadora más comprometida y disciplinada, no es para nada creída aunque podría serlo porque las armas las tiene. Es una bestia jugando y super exigente en la práctica con ella y con las demás. Así aprendí a ser exigente yo y hoy todas nos exigimos. No importa si algo te sale mal siempre y cuando lo hagas con ganas, si no quédate en tu casa. Ella nos contagió eso y hoy el equipo es todo así, cuando entrenamos no boludeamos.

¿Cómo fue la despedida sorpresa?

Hicimos una despedida sorpresa cuando se iba Camila, con los padres y compañeras de ella del liceo. Pintaba todo re tranquilo y terminó todo en cualquiera, en cualquiera bien. La anécdota es que hay una foto de Camila Panetta que no es nada raro, es ella muy graciosa y la foto está solo en el grupo de Defensor de las más cercanas. Es algo que aparece a veces y es motivo de risa.

Tu crecimiento te llevó a tener chances de jugar por Uruguay en diferentes ramas, ¿Qué te dejó esa experiencia?

A India iba a viajar al PreOlímpico 3×3, era en marzo y se aplazó, aunque ahora hay que ganarse otra vez el lugar. También viajé a jugar unos amistosos a Córdoba y he estado en procesos en el CEFUBB.

¿Lográs combinar la carrera educativa con el deporte?  

Estudio Comunicación. Este año por el básquetbol tenía tres o cuatro viajes: India, China, la Liga Sudamericana y si quedaba en la Selección, Colombia. Por eso no podía anotarme a todas las materias para después perder, estoy haciendo tres y me fue bien en los primeros parciales. Además estoy estudiando la carrera de Teatro. Lo hago en la Escuela del Actor, empecé hace un mes y son cuatro años de carrera. Siempre me gustó pero no me había dado cuenta hasta que tuve todo este tiempo para pensar. Se me va a complicar con los horarios entre Facultad, Teatro y básquetbol pero de alguna forma lo voy a solucionar. Me gusta hacer las cosas bien, no hacer por hacer.

A pesar de esas complicaciones de horarios, te sumaste al gremio de jugadores… 

Me metí en la BUA porque nos llamaron a una reunión de jugadoras para decir que se quería fortalecer el sindicato de jugadores y que precisaban dos representantes para la directiva. Estaba Sabina (Bello) que es la vicepresidenta y yo creía que debía venir otra porque no me veo como una representante. Me dijeron que era joven y estaba bueno que me vaya metiendo. Se generó una muy linda amistad con Mateo Sarni y hacemos juntos un montón de cosas para la BUA.

¿Cómo te lleva el rol?

Es bastante complicado porque la gente asocia el término sindicato o gremio con algo negativo, con que te querés pelear y no es así. Simplemente se trata de negociar y mejorar condiciones. Estoy haciendo cosas sobre todo del femenino. La propuesta del campeonato no ha salido porque no está aún autorizada entonces no se puede sacar. La BUA la propuesta ya la hizo y hay una reunión el 16. Hasta que no se sepa que cantidad de semanas hay disponibles es difícil armar el campeonato. Se está incluso pensando en llegar a jugar sábados y domingos.

¿Sos la persona que se tatuó de más chica?

Tenía seis años cuando me hice mi primer tatuaje, estaba en primero de escuela. Yo le pedía cosas a mis padres distintas que un niño de esa edad no pide, también les había pedido que me cortaran el pelo como un varón. Mi padre tenía un tatuaje que a mi me encantaba y le fui a decir que yo me quería hacer uno, él me dijo que me iba a doler mucho y le dije que no me importaba. El tatuaje no es lo que iba a ser, me quería hacer una tortuga o un delfín y terminé eligiendo “mujer” en chino mandarín.

¿Qué sentiste cuando llegó el momento? 

Yo lloraba mucho, pero el tatuador lloraba más que yo y mi padre le decía que lo terminara. Después tengo una paloma que me lo hice el día que cumplí 18, 28 de Diciembre de 2016. No tiene ningún significado especial, me gustó.

¿Cómo ves el básquetbol femenino? 

Es verdad que creció un montón pero no se acerca a lo que es el masculino y eso es lo que tiene que pasar. Agradezco los pasos que se dieron pero también falta un montón. Confío en que va a seguir creciendo, si no es para nosotras, que sea para las que vienen atrás.

¿Ya tenés pensado que hacer cuando dejes de jugar? 

Me gustaría seguir vinculada al basquetbol, no me gustaría ser entrenadora. La BUA logró con una Escuela de Negocios la chance de hacer Gestión Deportiva Institucional que por el Teatro no puedo hacer el curso, pero lo voy a hacer en otro momento.

¿Qué soñás?

Sin dudas que el sueño basquetbolistico es representar a Uruguay con la selección, lo iba a cumplir en India y se pospuso. Personalmente, quiero destacarme en todo lo que ponga mi foco de atención.

Una vez finalizada la entrevista, muy serenamente, partió a su casa ubicada a solamente tres cuadras de la Plaza de los Olímpicos. Josefina, una persona madura, pasional, que va detrás de lo que siente que le atrapa. Le encantan los desafíos y los enfrenta, sin ningún tipo de miedo. Y lo más importante: no deja de soñar.