Tras varios intentos de retiro necesitó el llamado de la naturaleza que le avisaba que había llegado el final en el rectángulo de juego. Jugó su último partido, armó la valija y emprendió su viaje rumbo a Maldonado para empezar a vivir como él realmente quería.

Ya radicado en Punta del Este disfruta su nueva vida que lleva un ritmo totalmente distinto al de la capital. Con el termo y mate bajo su brazo vive su mejor momento. Alguna carpa cómplice acompaña esas travesías que arrancan a la mañana y que no tienen un destino fijo. Así lleva la vida el ex-base que logró un Federal con un equipo plagado de figuras y que consiguiera un título de Liga cuando realmente el torneo salía de la capital. Con el traje puesto y el leash en su tobillo, se apronta Leonardo Vacca para meterse en el mar de Básquet Total y empezar a correr las olas.

¿Qué es de la vida de Leonardo Vacca?

En este momento estoy en Punta del Este hace cinco años. Estoy relacionado al mundo inmobiliario pero la realidad es que surfeo mucho. La intención de la mudanza fue por las olas. Hacía mucho tiempo que surfeaba y yo ya me estaba viniendo muy seguido para acá o para Rocha y la verdad que si había un lugar para vivir y no sufrir tanto el cambio con Montevideo era Maldonado. Me vine inmediatamente después que terminé el último partido oficial con Bohemios y en el que me terminé retirando. Yo me quise retirar antes en varias oportunidades. La primera había sido cuando me llamó Nacional y me fui a jugar un Metro y luego me quedé jugando un par de Ligas más y la segunda vez fue cuando me llamó Bohemios. La realidad que a los 34 años ya me quería ir pero seguí jugando. Vinieron las ligas, después me fui a Cader, me llamó Bohemios y ahí quedé. Ya tenía decidido venirme, disfrutar de la ruta y tener otra calidad de vida. Acá es totalmente distinto, es otro ritmo, te lleva otro tiempo y está bueno. Los últimos dos años que estuve acá nos contactamos con Deportivo Maldonado que es un club divino y me abrieron las puertas. Estos años “chivié” con el surf porque más allá de ser una filosofía de vida, compito y soy bicampeón de mi categoría que es +35 y estoy en primera división del ranking. Compito, me divierto y me llama mucho la atención y siempre lo quise hacer pero el básquet se robó mi atención. Entonces ahora decidí dedicarme de lleno a esto y jugar acá la Liga de Maldonado donde la primera temporada estuvo más tranquila pero ya en la segunda estuve más comprometido porque ya no son compañeros, son amigos.

¿Cómo se desarrolla un día normal en Punta del Este?

Generalmente me levanto 6.30 o 7.00 a ver el amanecer. Si no hay olas, que eso ya lo sé por los pronósticos, desayuno, fuerte y nutritivo. Luego voy a entrenar y si sigue sin haber olas vuelvo a desayunar y ahí a laburar un poco en la inmobiliaria. Corto al mediodía y de tarde generalmente estoy en casa. Básicamente si tengo cosas del laburo las hago y si no vivo en la playa, estoy siempre al aire libre o surfeando. Los años de Deportivo me levantaba a ver el amanecer, si habían olas ya me iba a la playa o al gimnasio y luego de nuevo a la playa a ver el atardecer con amigos para ya luego estar en el club a jugar un rato al básquet y estar con ellos hasta la noche.

¿Por qué dejaste el básquetbol?

Yo creo que tenía un poco de tiempo más para jugar, no te olvides que yo me fui a los 38 y mi carrera arrancó a los 17 más allá de que ya había un compromiso con el básquet en formativas que jugábamos con una generación muy buena donde ganamos el Mercosur. Salí campeón en los torneos nacionales. Teníamos pactado una gira por los Estados Unidos, entonces ya venía con un calendario competitivo y bien arraigado con el tema básquet. Sin percibir ingresos ya era profesional o vivía mejor dicho como un profesional. A los 17 años debuté y me fui a los 38 donde tal vez no estaba a nivel de Liga pero podía jugar minutos de calidad. Ya me tenía agobiado el tema básquet y todo su profesionalismo. Los scoutings, los nervios pre-partido, el cansancio físico y sobre todo en la recuperación. A mi edad ya la recuperación no es la misma. A los 20 te recuperás, a los 38 ya no y empiezan los dolores. Si jugás muchos minutos un partido al otro no llegás bien físicamente. No mantenés una regularidad y la idea siempre fue sacarle el beneficio al básquetbol y al final no lo estaba haciendo. Además, ayudó la idea de necesidad de tener una vida un poco más libre, no tener tanto compromiso y tener vitalidad para surfear porque no es lo mismo a los 30 que a los 40.

¿Se extraña el ambiente?

Se extraña el vestuario. Se extrañan los partidos de calidad porque acá la Liga de Maldonado tiene su folclore pero no la calidad en la cancha. Se extraña prepararse y competir en esa clase de partidos, con contenido y en los que había que jugar sin error. Se extrañan los compañeros, el preparase con los equipos y buscar los objetivos en diez meses y no en tres. Yo no fui del ambiente entonces no lo extraño pero a veces cuando tengo ganas de básquetbol prendo la tele y cuando voy a visitar a mi madre a Montevideo voy a ver partidos, más que nada las finales y a seguir amigos.

¿Pensaste en estar ligado al básquetbol?

Hice un intento para ser entrenador pero la realidad es que la Federación no ayuda en estos casos. Piden tantas cosas que al final desistí. Las generaciones cuando estábamos nosotros no terminábamos el liceo, yo dejé en cuarto. En aquel momento había que tomar decisiones y era: o el estudio o te dedicás al básquet profesional. La verdad que hoy en día la Federación no reconoce el esfuerzo hecho en su momento a los jugadores de Selección, íbamos, veníamos, volvíamos y competíamos en el calendario de Primera División. Fueron casi 20 años sin tener un verano y luego ver que la Federación no te lo reconoce, porque no se la hacen fácil a los jugadores que representaron al país y que jugaron muchos años en primera. No nos ponen en la misma bolsa que a los jugadores que le gusta estudiar, entonces me sacó las ganas. Acá en Deportivo Maldonado tuve la oportunidad de hacer una clínica particular y empezar a trabajar la técnica individual de los gurises que tiene un valor incalculable y por ahí podía seguir atado al básquetbol pero al día de hoy no lo veo viable por todas las trabas que hay para poder hacerlo.

¿Te acordás de tu debut?

Si claro. Fue contra Peñarol en la cancha de Neptuno, uno o dos días antes de irnos a una gira por Estados Unidos con una Selección Sub-20 dirigidos por Victor Berardi y “Cacho” Perreta.

El debut fue un partido clave por el descenso, íbamos perdiendo por 20 puntos y en ese momento el técnico era el “Vela” Yern, que era un loco muy identificado al club porque era de la Aduana y nos sentía cariño a los pibes. Me llamó y yo estaba en el banco hablando con Mario Pagano de lo que iba a ser el viaje y lo escucho a los gritos “Leo, dale, te toca, entrá”. Y él me tenía confianza plena y me dijo “entrá y rompela”. Por suerte se nos dio la cosa, entré, lo dimos vuelta, ganamos y a los días me fui al viaje”.


¿En ese debut pensaste o soñaste ganar un Federal, una Liga o un ascenso?

La verdad es que no. Por mi cabeza no pensaba como podía ser una vida profesional fuera del club. En ese momento jugaba en Neptuno y tenía el mejor equipo del medio sin lugar a dudas. El presidente del club en ese entonces era fanático del básquetbol y hacía todo para que estén los mejores. En un momento estuvo el “Tato” López, el “Fefo” Ruiz, el “Peje” Larrosa y el “Gato” Perdomo. Pasaron muy buenos jugadores de la Selección y yo me veía en la rotación con ellos. Veía que en el comienzo de mi carrera podía estar con ellos, aprender, éramos muchos los que estábamos en las selecciones juveniles y en ellos nos veíamos en la mayor. Jugábamos en el club y ya queríamos tener los papeles del pasaporte para irnos a Italia o a España. La verdad que jamás lo imaginé así pero cuando tomé la decisión de dedicarme al básquetbol sabía que podía pasar porque integré planteles que estaban para salir campeón y hubo temporadas que se dio. Otras teníamos plantel para campeón pero no se dio. Cuando le fui agarrando el gustito me di cuenta cómo había que hacer para ganar y la realidad es que no era necesario ser un gran jugador pero sí aportar para que el equipo sea campeón. Es difícil porque en el medio hay jugadores que hicieron tremenda carrera y no han logrado un título nacional, yo por suerte tengo dos.

¿Imaginaste ganar un certamen con la Selección y ser el MVP?

Eso fue una copa Mercosur que salí mejor jugador y goleador del torneo. Fue un torneo corto y se dio así por las características del plantel. Era un equipo que tenía una mezcla de jugadores que se reclutaba en los campeonatos nacionales: jugadores del interior y de Montevideo. No estaba centralizado y había grandes jugadores del interior que eran muy guerreros. Abajo de la tabla te garantizaban un juego áspero que resistían ante los otros equipos que, por más que sea una copa Mercosur, para nosotros era como jugar con dos o tres selecciones de Brasil, una de Argentina y una de Paraguay. A nosotros siempre nos costaba. Se dio que me tocó tomar las riendas del equipo, ellos bancaron y terminé promediando 20.2 puntos aproximadamente. Terminé el torneo con 108 puntos en cinco partidos, ganamos la final y fue uno de los títulos más recordados de esa generación porque Uruguay en esa época no ganaba mucho. Nos dirigía Lucas Acosta, hermano de Camilo, que era un fenómeno como entrenador, crack como persona y nos tenía un cariño increíble, era uno más. Él y Timoteo Carrasco que más allá de ser dos tremendos docentes son dos amigos.

¿Hay algún “Leo Vacca” en nuestra liga?

(Risas) No me he sentado a pensar en eso, no presto tanto detalle. La realidad es que los partidos que veía era cuando jugaba el Pica. Ahora que estuvo el Oso en Biguá lo iba a ver a él pero no se si identifico uno a mí. Cambió un poco el juego y no hay uno que sea como yo, un jugador revulsivo que al salir del banco cambie luego del tiempo o si saltaba de titular era para presionar desde el minuto uno y que la pelota no se frene. Yo tenía una forma de jugar distinta al resto en la cual me destacaba con mucha movilidad y por eso los técnicos confiaban en mí y me daban roles, más que nada de rompimientos y de generar el juego. Hoy en día cambió la estructura, se juega con jugadores más de posición que son parecidos al inicial y el de cambio debe mantener la intensidad, ya no hay un revulsivo. Sí hay jugadores que se parecen en el juego pero que tiene muchas más calidad como Marcos Cabot que lo veo y digo que tiene mucho más pienso, mucha mejor mano y yo digo que en algún momento me hubiese gustado jugar así. Si veo a alguien que no ha cambiado su juego y por eso es lo que es, es el “Enano” Martínez. No importa si tiene 40 o 50 años, tiene una identidad de juego increíble, juega siempre de la misma forma y me dio mucho gusto cuando fui al Palacio y pude verlo un rato porque es el mismo que jugaba en Aguada, en Malvín, ahora en Goes y que va a seguir jugando toda su vida.

¿Viajaste a España, como fue esa experiencia?

Los jugadores uruguayos del montón no viajaban, por eso era llamativo irse. Los que se iban eran Mazzarino, el Pica, los mejores jugadores que teníamos. Los que la hicieron bien fueron Muro y Onetto que en su momento agarraron el pasaporte y se fueron. Quedaron habilitados para jugar, por una reglamentación, y se quedaron a jugar Ligas B1 y B2 que se pagaba muy bien. En un momento el “Pelado” (Muro) se hizo el dueño de la liga. Yo miraba un poco de costado y tenía una vaga idea de cómo se podía hacer. Si bien mi idea principal era sacar el pasaporte italiano para poder jugar, cuando quise esa reglamentación había terminado. Por eso tuve que ir a España y fue más sacrificado. Tuve que arrancar por la EBA que es sumamente competitiva que si si bien tiene jugadores de menos experiencia, porque la mayoría son filiales, son muy jóvenes y eso lo hace pareja. Juegan muy bien al básquet con la pelota, piensan mientras ejecutan y a mil por hora, entonces me costó muchísimo. Me fue bien pero cuando subí a una categoría más importante como la LEB Pro, ahí ya España puso una reglamentación similar a la italiana que permitían un solo extranjero comunitario por equipo y evidentemente no se iban a quedar con un jugador de 1.75, esa es la verdad. El lugar iba a ser para un jugador más determinante entonces decidí volverme para ya quedarme.

¿Dónde nace todo el amor por el surf?

En la casa de mis tíos, en Lomas de Solymar. Mi madre es la menor de 13 hermanos, tengo más tíos y primos de los que me puedo acordar los nombres. En el club de ahí se hacían olimpiadas y yo jugaba a todo. Un día necesitábamos unos puntos para ganar entonces fui a la playa para ver de qué se trataba el surf. Yo antes iba solo cuando me llevaba mis padres. Ahí nació todo y tengo un amigo desde ese entonces, el “Tincho” Oza, que era el representante nuestro en esa olimpíada. Mi hermano se compró una tabla, mis viejos se esforzaron y se compraron una casa en Las Toscas y ahí empezó todo. Nos empezaron a dejar ir solos a la playa con la bicicleta y la tabla. Se empezaron a dar cuenta que dominábamos la tabla y hoy en día el surf es el dueño de mis pensamientos, mi forma de ver la vida y es algo que no voy a dejar ni voy a poder dejar hasta los últimos días de mi vida. Vivo, siento y respiro surf. Mi hermano se compró su primera tabla a los 15, 16 y empezaron los quilombos porque yo le robaba la tabla hasta que un día vino mi viejo con una tabla y me dijo “dejate de joder” y ahí empecé de a poco. Me hice amigos, empecé a surfear, me fui a la costa y con el tiempo generé mis ingresos en el basquet y los invertí.

¿Nunca imaginaste ser campeón nacional de surf?

En 2013 tomé en serio la competición y se me dio. Yo antes surfeaba por placer, los mates, la ruta, la carpa, todo eso disfrutaba. Los asados en la playa, el juntarse con amigos y alquilar casa en pleno invierno por ahí. Un día entrenando con un amigo, llamado Jorge Robotti, le dije que no quería jugar más al básquet, que estaba agobiado, con la cabeza totalmente afuera y me dijo: “Competí. Se viene el campeonato master y podes ganar”. Le hice caso y se me dio todo ese año. Donde yo vivía unos amigos abrieron una fábrica de tablas internacional, que todavía sigue, me empezaron a sponsorear, me lo tomé más en serio, empecé a aprender muchas cosas más y a lo largo de ocho etapas ese año terminé en el primer lugar del ranking y fui el campeón. Al Mundial no pude ir porque no se terminó haciendo y la realidad es que hoy por hoy es complicado. Me estoy preparando para cuando vuelva todo a ver si tengo la chance de poder ir. En caso de que se haga, sería glorioso poder hacerlo. En aquel momento tenía más ganas y estaba más vital, ahora se me hace más difícil.

¿Este 2020 lograste llegar a la primera división?

La USU, Unión de Surf del Uruguay, hizo un nuevo calendario que clasifica a los 30 mejores competidores de la categoría y hace una primera y segunda división. En la segunda división se compite en torneos regionales y la integra la gente de Maldonado, Rocha y Canelones. Es como un torneo de básquet: hay ascensos, descensos y se compite. Yo había quedado entre los 25 y me tocó competir. La realidad es que no había podido entrenar ni participar porque estaba jugando al básquet en el Depor y cada vez que juego, dejo un poco porque no puedo hacer las dos cosas a la vez y menos a los 40 años. Es un compromiso grande Deportivo porque ya no son compañeros, son amigos y tenía que estar 100% comprometido. Si bien me presentaba a las etapas no estaba entrenado, falta de ritmo pero me presentaba porque podía zafar de la zona de descenso. No zafé pero había terminado el básquet y me pude concentrar en esa fase, entrené, salí tercero y llegué a primera.

¿Te tocó vivir momentos jodidos en el básquetbol?

Sí. En las finales que salimos campeones con Cordón, que para mi fue el mejor plantel que integré porque estaban los mejores jugadores del Uruguay, ahíarrancó mi relación con el Pica. Estaba Caneiro, Losada, Pepusa. Ese año, previo a las finales, murió mi viejo y fue el golpe más duro que me dio la vida en plena actividad. Ahí el Pica se encargó de no dejarme ni un segundo solo, nos hicimos muy amigos, eso fue durísimo. Me dolió porque mi viejo no pudo verme a mi campeón y siempre fue mi hincha número uno. Más allá de eso, dos meses antes, me había lesionado una pierna en Cordón mismo y pensé que no podía volver a jugar. Estábamos haciendo ejercicios y jugando a hundirla, yo apenas llegaba. Me colgué, se rompió el tablero y me cayó el acrílico y me agarró el talón de Aquiles. Estuve prácticamente un mes y pico sin jugar pero por suerte no me tocó los tendones. Tenía que tomar la decisión si seguir jugando o no. Me recuperé y terminé jugando pero en el medio llegó la noticia que nos sorprendió a todos, nadie se lo esperaba, fue un cáncer repentino, super rápido, no la vimos venir y pasó. Hubo otra lesión de espalda en Unión Atlética que me tuve que hacer una tomografía para ver si tenía una hernia de disco para ver si estaba jodido de verdad y pensé que se me acababa todo. Me hicieron un bloqueo, se hizo un tratamiento con los médicos del club, el acompañamiento de todo el staff me permitió recuperarme y jugar los playoffs.

¿Qué te dejó el básquetbol?

Tengo lindos recuerdos, varios amigos. Yo les digo a los de Deportivo Maldonado que el básquetbol solo te deja amigos, que el resto es un detalle y se me cagan de la risa. Me llevo cosas super buenas y me dio más ganadas que perdidas y eso tiene un valor agregado incalculable. Me dio mucha alegría, muchos momentos de gloria y de aprendizaje. Cuando perdés o hay momentos jodidos la vida te va enseñando. Yo nunca imaginé que en el final de mi carrera iba a terminar jugando “por las chauchas”, por decir de una manera, o prácticamente “honoraria” para un equipo de Maldonado, en una cancha dura, con los vestuarios helados y pasando el peor invierno de mi vida, el más frío de todos. Pero a la misma vez te enseña a valorar otras cosas. Lo hice porque realmente quería y lo disfrutaba con un valor incalculable porque ahí ya no tenía compañeros, tenía un grupo de amigos. Yo he tenido torneos que no tenía ni los números de teléfono de los compañeros pero entrábamos y éramos perfecto. Acá tengo amigos y eso me terminó cambiando la cabeza. Hoy en día sé que tengo un montón de gente que si tengo un problema levanto el tubo, cuento con ellos.