Rememorando la generación dorada de Uruguay con la obtención de medallas olímpicas y sudamericanos, Basquet Total fue tras la palabra de una leyenda de nuestro basquet: Raúl Ebers Mera, campeón sudamericano en 1953 y 1955, bronce en los Juegos Olímpicos 1956 y que recientemente disputó el Mundial de +80 en Finlandia, tuvo la amabilidad de hablar de toda su carrera.

 

¿Como fueron sus inicios en el basquetbol?

Impensados, porque yo vivía en Arroyo Seco y tuve una afección cardiaca por lo cual me recomendaron mudarme para un lugar donde hubiera mayor oxígeno y me fui para el Prado. Mis hermanos mayores comenzaron a jugar en Stockolmo y los seleccionaron para estar en el plantel de Juveniles. Por esa razón yo comencé a acompañarlos a las prácticas, comencé a meterme en los intervalos de tiempo a tirar al aro como es costumbre en los niños. Cuando tuve 12 años, tuve un médico del club que me dijo que tenía que jugar al básquetbol  y que él me iba a cuidar. Ahí empecé a jugar en Menores donde jugaba también Olguis Rodríguez que se dio la particularidad con él dado que a raíz de problemas entre el club y el entrenador anterior, quedó al mando como colaborador. Un día me dijo que tenía que ir a entrenar con el primero teniendo 13 años y así comenzó mi carrera.

¿Cómo fue la experiencia de ser el primer jugador en tirar con una mano?

Un día el entrenador -Rodríguez- vino con una novedad que en Estados Unidos estaban practicando un tiro nuevo que era a una mano. Con un librito en el piso de la cancha de Stockolmo empezamos a practicar el tiro de esa forma.

¿Le costó adaptarse a la nueva mecánica?

Al ser muy joven me permitió agarrar muy rápido el tiro a un mano fijo, el tiro jump vino después luego de practicar varias veces. Inmediatamente se adquirió este mecanismo entre los jugadores de esa época. Se daba la particularidad que la gente iba a ver a nuestro equipo por la novedad de tirar a una mano, no importaba si el equipo ganaba, sino que había un tiro nuevo para practicar.

Si bien era sus inicios, ¿Cómo recuerda que Uruguay no pudiera disputar el primer mundial de 1950 realizado en Argentina?

En aquel momento se sabía que Uruguay con un equipo alternativo, es decir, sin todo su potencial, era igualmente superior a Argentina. Pero en esa época estaba Perón, necesitaba muchos méritos populares. Se creó una limitación para la prensa uruguaya que no podía estar en los lugares de privilegio para la transmisión de los partidos. Eso ocasionó que la prensa haga la correspondiente protesta y decidiera no asistir a cubrir el certamen. Respaldando esa decisión, la FUBB decidió que el equipo no fuera a disputar el torneo y de esta forma Argentina logró su cometido de ser los primeros campeones mundiales.

¿Como fue la primera experiencia en la selección nacional?

Me citaron teniendo 16 años y debutamos junto con Oscar Moglia en el Sudamericano de 1953 realizado en Uruguay donde fuimos campeones. Sin dudas que fue el inicio en la selección tanto para mí como para Moglia, por lo cual sirvió para hacer los primeros pasos. En los primeros partidos jugamos contra rivales más débiles por lo cual tuvimos minutos con una buena actuación lo que nos permitió ganarnos un lugar en el plantel y obtener el campeonato. En el siguiente Sudamericano en 1955 en Cúcuta, Colombia, tuvimos mayor responsabilidad porque estábamos en plena renovación generacional y pudimos ganar nuevamente.

¿Cómo fue el Mundial 1954 en Brasil? ¿Había ganas de revancha por la ausencia en el primer mundial?

En el 1954 la sensación que predominaba era la revancha de los brasileros a raíz de lo sucedido en el mundial de fútbol de 1950. Cuando se hizo el Estadio Maracanãzinho y Brasil tuvo la posibilidad de disputar las finales, era realmente un infierno. Cuando se enfrentaron a Uruguay y tuvieron la suerte de ganarnos estaban encantados porque esa victoria les generaba mucha alegría para tratar de olvidar la decepción de 1950.

¿Cómo fue la preparación para los juegos Olímpicos de Australia 1956?

Fue el logro más inesperado y emotivo que pudimos tener. Ya en el 1952 Uruguay había obtenido el tercer lugar y parecía que con esa hazaña estaba cumplido el básquetbol. Cuando surgió la posibilidad de ir a Australia, que era tan lejos y realmente era una odisea poder llegar, se pensaba: ”para que van a ir si no van a poder lograr una mejor posición de las anteriores”. Tal es así que se estuvo muy cerca de no asistir, pero en ese momento apareció la figura de Pedro Damiani con sus influencias sumado a que él siempre quería acompañar a las delegaciones, gracias a su aporte pudimos asistir. El viaje para llegar a Australia duró cinco días, aproximadamente 15 escalas siendo un total de 58 horas de avión.

¿Tenían conocimiento de los rivales?

Debutamos frente a Bulgaria y en esa época no había información de los rivales. Los europeos tenían físicos muchos mayores al nuestro. Uruguay en esa época tenía una limitante que era el reglamento interno de la FUBB que no se podía jugar con jugadores mayores a 1,90m y eso tenia como consecuencia que el más alto que teníamos era Moglia que no superaba los dos metros. Con esa desventaja, ganamos un partido muy duro frente a Bulgaria (70 a 65) y se dio la anécdota que afuera estaba la delegación brasileña y nos comentaron al final del encuentro “este año no están muy bien, si les costó ganar a Bulgaria la tienen difícil”. Tal es así que Bulgaria terminó eliminado a Brasil en el desarrollo del torneo y luego dio para gastarlos (risas).

¿Cómo fue la planificación del partido con Francia por la medalla de bronce?

Una estrategia que fue vital para ganar fue que nuestro entrenador Héctor López Reboledo, muy astuto, sabía que la semifinal que nos tocó en el cruce con Estados Unidos era imposible ganarla. Al otro día jugábamos por el tercer puesto por lo cual en el juego frente a los norteamericanos el DT le dio descanso a los jugadores que tenían más minutos de juego en los partidos. En aquella época era habitual que los jugadores estuvieran todo el partido en cancha y solo descansaban si estabas jugando relativamente mal. Por lo cual, el partido frente a Francia, ellos llegaban de un desgaste mucho mayor luego de perder frente a la Unión Soviética, por lo cual nuestra condición física era mucho mejor y eso fue un detalle importante. Por otro lado, teníamos la experiencia de haber  jugado contra ellos en la fase clasificatoria por lo cual ya teníamos un gran conocimiento de su estilo de juego, sumado al gran partido de varios jugadores entre los que se destaca Oscar Moglia.

¿Cuál era la sensación luego de obtener la medalla?

Obtener la medalla de broce estando a la distancia fue una emoción enorme. Estábamos acostumbrados a ver en todas las competencias las banderas de Estados Unidos, Unión Soviética, Inglaterra. Al finalizar el torneo, cuando vimos subir la bandera de Uruguay entre las grandes potencias fue algo realmente inolvidable.

¿Cómo fue el retorno y el posterior recibimiento en Uruguay tras obtener la medalla?

El retorno fue similar a la ruta de ida, pero tuvimos una escala adicional en Hollywood que Damiani invitó a toda la delegación a pasar un día allí para ver como era todo ese mundo. La llegada a Uruguay fue muy linda, en aquel entonces se estilaba que la gente se formaba a lo largo de todo el trayecto desde el Aeropuerto al centro y desde la vereda saludaba y nosotros retribuíamos todos los saludos. Sin dudas fue algo muy emotivo.

¿Como definiría a Oscar Moglia?

Dentro de la cancha era un obsesivo, era como el Michael Jordán uruguayo (risas). Era un jugador de características individuales impredecibles, con una capacidad de anotación fabulosa, realmente era un fuera de serie por algo consiguió tantos logros a lo largo de su carrera siendo goleador olímpico de 1956. Algo similar pasó con Adesio Lombardo siendo goleador en las olimpiadas de 1948, con otra característica dado que no era un obsesivo, sino que era culminador esperando su momento y tenía un porcentaje de anotación increíble. De los jugadores que yo recuerdo con conquistas olímpicas, estos dos jugadores fueron increíbles y sin dudas luego apareció Horacio “tato” López que, si bien no tuvo medalla olímpica, era un gran jugador dentro de una generación muy buena como lo fue la de Los Ángeles en 1984.

¿Cómo era el basquetbol en esa época?

En esa época no había gimnasios, salvo el de Atenas que estaba en la Aduana, pero no se jugaban torneos. El único gimnasio donde se disputaban torneos era en invierno en Bohemios, el resto se jugaba en cancha abierta. Como no había retención, tenías más tiempo para pensar y siempre se buscaba al mejor posicionado y una vez que se encontraba debía ser gol. Porque se practicaba con la mentalidad que había que embocar cosa que en la actualidad el básquetbol se practica que lo importante es tirar, es decir, si embocas fenómeno, pero si no, no pasa nada. En aquel momento el embocar era obligatorio, en la práctica si errabas un tiro tirabas diez del mismo lugar. En los partidos, si no tenías absoluta confianza de embocar la pasabas, y con esta fórmula llegabas a los partidos con porcentajes de acierto muy interesantes con goleos altos que superaban los 70 puntos. Considerando que no existía el triple y no había límite de posesión, los porcentajes eran realmente muy buenos.

Vinieron el Sudamericano el 1958 y el Mundial en 1959 en Chile donde Uruguay no tuvo buenas participaciones, ¿a qué lo atribuye?

Vino una etapa donde las conquistas no vinieron. Hubo problemas importantes para aquella generación, la lesión de Moglia lo tuvo al margen en varios campeonatos y era un jugador muy importante en nuestro equipo dado que era el goleador y ante su ausencia no podíamos tener un sustituto lo cual nos debilitó mucho para esos torneos.

En el mundial de 1959 en Chile tuvo una lesión en su rodilla ¿cómo sucedió?

En 1956 habíamos jugado contra Filipinas donde tuve un muy buen desempeño. Cuando fuimos a jugar en Chile, nos enfrentamos nuevamente con ellos  y en una jugada que voy hacia el aro caí con las piernas cruzadas y con el juego detenido el jugador filipino Carlos Badion se me tiró arriba y me produjo una distensión de ligamento que me prohíbo seguir jugando. Cuando estaba en el hotel enyesado, vinieron a saludarme los filipinos pidiendo disculpas por el episodio y me trajeron un particular obsequio que era un cuchillito con varios filos con mango de revolver y me decían que lo usaban como arma de defensa en su país dado que le metían el cuchillo y después le daban vuelta como si fuera un destornillador para rascarlo todo por dentro (risas). Fue un regalo particular.

Su retiro fue a los 27 años. ¿Cómo fue esa decisión?

Sucede que me casé y había que trabajar por lo cual había menos tiempo para el básquetbol. Dejaba el deporte o a mi mujer, así que dejé el básquetbol.

 ¿Y fue una decisión acertada?

Acertadísima (risas).  Seguimos juntos, formamos una linda familia con tres hijos y nueve nietos estando hace 60 años unidos. Fue una decisión muy consciente y no fue tan dramático. Por suerte al tiempo vino el maxibásquet que fue algo maravilloso porque logramos estar nuevamente en actividad hasta el día de hoy.

¿Cómo fue el hecho de crear el gimnasio de Unión de Veteranos?

Fue algo maravilloso. El gimnasio es muy bueno, incluso en los vestuarios tenemos hasta aire acondicionado. Es muy completo, está situado en un lugar que esta cerca de todo y es importante. El grupo de maxibásquet está con ambiciones de seguir evolucionando, incluso hay un proyecto de crear un hotel deportivo donde las delegaciones puedan alojarse. Es muy interesante, y la ventaja que se tiene que todas las obras se llevaron adelante con aporte de jugadores de básquetbol que tenían otra profesión como arquitectos u otras actividades que enorgullecen a este movimiento y es para felicitarlos.

¿Cómo fue la experiencia en el mundial +80 disputado en Finlandia?

En principio era muy difícil concurrir por un tema económico. Por suerte tuvimos apoyo de la Secretaria de Deportes con Fernando Cáceres que tuvo un aporte financiero que en parte solucionó la posibilidad de viajar. Logramos concurrir a un campeonato que estaban Estados Unidos, Rusia, Finlandia y Brasil. Salió campeón Estados Unidos y nosotros obtuvimos el cuarto lugar. Perdimos por un punto frente a los norteños, tres puntos con los rusos y contra los norteamericanos por 6 0 7 por lo cual pudimos ser competitivos con todos. Por suerte ganamos frente a Finlandia 55 a 28 y de esta forma obtuvimos el cuarto puesto que es hasta donde esta categoría premia lo cual nos posibilitó traernos una medalla y un diploma. Realmente fue muy buena esta participación. Una anécdota es que nos paraban jugadores de otras delegaciones y categorías inferior (se juega a partir de +35), en particular unos españoles, que quedaron enloquecidos porque al ver nuestra categoría se dieron cuenta que tenía muchos años para seguir participando.

¿Se siente reconocido por parte de la FUBB?

Si, impensadamente he sido mimado (risas). La Federación de Basketball le puso mi nombre permanente a la Liga Uruguaya, algo que me llenó de satisfacción. Quién gane la LUB lo llevará durante el año y así sucesivamente lo cual me hace sentir honrado por parte de la Federación.

¿Cómo analiza el básquetbol actualmente?

Para mi punto de vista hay demasiados refuerzos extranjeros que no permiten potenciar a jugadores jóvenes que tienen condiciones para crecer. Las fichas foráneas van a favor del espectáculo, pero en contra de la formación por eso creo que se exagera mucho con tener tantos extranjeros jugando. Es una opinión muy personal, pero considero que si quieres tener planteles nacionales de calidad le tienes que dar mayor cantidad de minutos. Volvería a la época que era un solo extranjero donde ya se mejoraba el nivel. Preferible traer uno bueno y no traer tres que no desnivelen en nuestro medio.

¿Qué es el basquetbol en su vida?

Yo siempre digo que la vida es el mejor deporte, pero sin dudas el básquetbol es lo que le sigue. En esta época de maxibásquet tiene un plus que es la amistad total dentro de la cancha. Durante esta pandemia hemos extrañado mucho. Sin dudas que el basquetbol es una parte muy importante para mí dentro de una muy alegre vida que tengo.

¿Qué significó darle la medalla olímpica a su nieto Federico Soto?

Él quedo muy emocionado, no se la esperaba porque pensaba que era en otro momento que la iba a recibir, pero a mí me dio la enorme alegría de poder dársela en vida, ver su reacción y orgullo de tenerla. Pienso en su compromiso de seguir jugando al básquetbol seriamente como lo ha hecho en Miramar que tuvo un destaque importante y me alegra mucho. Luego en Trouville no ha tenido tanta participación por sistemas técnicos o tácticos donde no ha tenido titularidad. El próximo Metro va a jugar en Urupan y allí con Esteban Yaquinta seguramente va a poder jugar muchos minutos. Tiene gran capacidad de salto, mucha concentración de marca sumado a buena capacidad de anotación.

 

Luego de finalizar la entrevista con Mera, Basquet Total se comunicó con Federico Soto, nieto del medallista olímpico, para que nos brindara unas palabras sobre su abuelo.

El jugador de Trouville comentó: “Luego del divorcio de mis padres, mi abuelo se hizo aún más presente en mi crianza. Tuvo un rol importantísimo y eso me da una conexión increíble. De las personas más queridas que conozco, todo el mundo habla maravillas de él por su honestidad y lo compañero que es. Como deportista logró una hazaña irrepetible para el básquetbol uruguayo, como el bronce de Melbourne. Lo que me comentan es que fue un fenómeno, por las estadísticas, haberle ganado en la hora a la Unión Soviética y haber integrado la selección desde chico. En definitiva, es un modelo a seguir tanto como persona y como deportista. Alguien que siempre me acompaña, sin perderse un partido mío. Un ejemplo de honestidad y simpatía”.

Foto: Referí