Félix Fares también habló sobre aquella noche del 2003 que lo tuvo como protagonista. Sostiene que “las decisiones que tomó fueron acertadas” y que en todo caso tuvo “1500 a favor y una sola en contra” a lo largo de su dilatada trayectoria. No escondió nada.

Al culminar la primera Liga Uruguaya, Fares fue quien apareció en distintos medios mencionando su versión y argumentando lo que cobró en aquella jornada del Palacio Peñarol donde Defensor Sporting venció a Paysandú para coronarse campeón de la primera edición de la LUB. La final definitoria, tuvo dos fallos polémicos en los veinte segundos finales: Una falta escandalosa sobre Charquero y el doble de Rivero, aparentemente fuera de tiempo. El popular “Coco”, con 73 años sigue convencido que su determinación fue acertada y así lo va a mantener siempre.

De dirigir a Michael Jordan con el Dream Team en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 frente a la Croacia de Toni Kukoc a revelar, una vez más, su testimonio del partido del basquet local que nadie olvidará.

 

¿Qué recuerdo tiene de aquella noche?

Hubo dos jugadas a lo último del partido que fueron fundamentales y el responsable de esas decisiones soy yo, eso quiero que quede bien claro. Mi gran amigo, Juan García Marrone no tuvo nada que ver. Él me acompañó durante todo el partido, pero en esas fui yo el responsable. En aquel momento éramos dos jueces, hoy son tres, la distancia entre uno y otro era mayor, también las reglas eran distintas.

Después de tanto tiempo, ¿tomaría otra decisión?

Haría lo mismo porque pienso que las decisiones que tuve fueron acertadas. En aquel momento no había lo que hay ahora: una televisión en la mesa, es una gran ventaja. Además de ser tres árbitros. También existe un comisionado técnico. Entonces, cuando vos tenés un problema en el partido, podés consultar a esa persona en algo tan importante como una decisión final. Eso hace que sea más difícil equivocarse. Yo estaba seguro de mi decisión al finalizar el partido, el reloj del Palacio Peñarol llegaba solamente a las décimas de segundo, no a las centésimas, como lo hace ahora. Y a su vez, no pasaba que el tablero se ponía rojo cuando se terminaba el tiempo. En la decisión final estoy, como marcaba la regla en aquel momento, cerca de la mesa de contralor, soy el juez número uno, el principal y tengo que decidir. En ese momento la FIBA entendió que se necesitaba tener un comisionado técnico y era nuestra primera experiencia con eso. Fue Julio Dutra -padre-, gran profesor y amigo mío. Si yo hubiera tenido alguna duda, con el Palacio lleno y digo: ¿Julio qué pasó? y dejo que él decida, hasta el día de hoy están adentro de la cancha. Pero como yo estaba tan seguro ni le pregunté, vale el doble y vale el doble.

¿Volvió a hablar con él?

Claro, después que terminó hablé sin ningún problema. La decisión es mía porque yo estaba justo donde tengo que estar. Luego se estudió y Tenfield mandó el comunicado, yo no voy a dudar. Si fue porque el presidente de la Federación era Ney Castillo que es de Sporting o lo que fuere, no puedo dudar de las personas que estaban en una empresa. Resultado de eso, la televisión marca que la pelota entró faltando 0.06 segundos y eso quiere decir que lo que yo hice fue acertado. Pero en el momento veo a Sonsol (Alberto) y he visto el partido y “fue fuera de tiempo, fuera de tiempo”, para todos fue fuera de tiempo, una cantidad al otro día llamándome por teléfono. Yo estoy seguro que cuando pitó el oficial de mesa que estaba al lado, la pelota iba en el aire y vale el gol hasta el día de hoy. Yo llegué por ser muy inteligente, no solamente por mirar a mis profesores del básquetbol uruguayo. Siempre traté de ver los jueces que arbitraban en la NBA, a nivel Mundial, trataba de sacarle algo a cada uno. También lo hacía en los campeonatos internacionales cuando estaba con ellos. Después venía Uruguay, no voy a desmerecer a mi país, pero las cosas como son. Yo estaba codeándome todo el día con ellos.

¿Usted mantiene que no hubo infracción de Gustavo Szczygielski contra Claudio Charquero?

Los periodistas empezaron a sacar esa jugada. Se ve claramente que hay un foul, casi le rompe el brazo. Pero yo voy a lo que me enseñaron a mí. En aquel momento las reglas eran distintas. Es la primera vez en 20 años que lo voy a decir, yo veo la jugada en ese momento, que después por televisión es una falta que no puedo decir que no existió, pero sería un burro si cobraba esa falta. En esa época cuando faltaba poco para terminar un partido, el equipo “A” va ganando y un jugador oponente quiere cometer ese tipo de faltas para posesionarse con la pelota, que el otro tire libres o lo que fuera para quedarse con la bola para el cierre del partido. La FIBA marca que en ese momento no tengo que cobrar absolutamente todo, no le puedo sacar a aquel equipo que va ganando, pero el diablo siempre pone la cola y pasó lo que pasó. Cuando un equipo era aburridor faltando 30 segundos, dale con falta y falta. ¿Qué hizo la FIBA después de eso? Se sanciona pero como antideportivo. Por lo tanto, es el tiro y no pierde la pelota. En aquel momento nos decían: “No dejar seguir el partido, porque sino estas favoreciendo al infractor”. Si yo cobro estoy favoreciendo al infractor, paro el partido para que ataque el otro equipo. Entonces eso es lo que yo apliqué y lo que hice.

Si nos retrotraemos 17 años atrás con las reglas de ese momento, ¿cobraba falta?

La dejaba pasar, inteligentemente era lo que tenía que hacer, de ninguna manera podía cobrar eso. Si me van a medir como los demás, quiero que entiendan una cosa: en el básquetbol en aquel momento los jueces lo único que cobraban era el tres segundos. Capaz que había un foul abajo del tablero que lo estaban matando al jugador y en vez de cobrar esa falta, se cobraban los tres segundos que era más fácil. Ahí es la diferencia de estudio, criterio y de que por algo llegaste a lo que llegaste.

¿Cómo fue el camino al vestuario posterior al partido?

En ese sentido yo estaba tranquilo, nunca fui un peleador ni nada por el estilo. Tenía mi personalidad, nací en la Ciudad Vieja, en el barrio Olímpico rodeado de hinchas de Waston. Era una zona brava, pero nunca fui un peleador ni me destaqué por eso, al contrario. Siempre estaban los partidos difíciles, salía de casa y me preguntaban: ¿No tenés miedo de ir a tal cancha?. No voy a arrancar con miedo. Salía a un partido que era a las 22:00, no sabía cuándo iba a regresar. Capaz que de ahí tengo que ir a la comisaría o que hacer la denuncia. Es más, llegué a donde llegué porque los jugadores me aceptaban. Ellos sabían que en determinada cancha estaban protegidos y había canchas que eran difíciles. Yo le debo mucho a los jugadores.

¿Con Juan García Marrone hablaron en ese momento post partido?

Con Juan teníamos una gran amistad, habíamos hecho muchos partidos juntos.

Él tiene otra opinión de las dos jugadas del final, por eso le pregunto si hubo algún diálogo posterior al partido...

No hablamos, después del partido la amistad que teníamos ya no fue la misma. Después de muchos años nos vimos en la fiesta de los 75 años de UJOBB (año pasado), yo me acerqué a él y me dijo: “Mirá que nunca dije nada”. Él tendrá su opinión, pero la cancha mide 28 metros. ¿Viste donde fue el foul y dónde estaba él? Como a 25 metros y al finalizar el partido yo estoy en la mitad de la cancha y él a 15 metros. Puede tener su opinión…

Pero en el vestuario. ¿No hubo un diálogo?

No. En el vestuario entraron y se la agarraron con el presidente del colegio que era Juan Chifflet. Entró Pablo López a recriminarnos, yo me estaba bañanado y a mi no me dijeron absolutamente nada.

¿Tampoco habló después de lo que le había parecido a su compañero?

No, yo tomé las decisiones en el partido. No iba a comprometerlo a él ni a Julio Dutra, porque los matan, no termina el partido.

Pero le hablo posterior al partido…

Me hacés una nota y te podría decir la más fácil: me equivoqué, estuve mal, fue una mala noche. Mis respuestas en este momento siguen siendo las mismas que dije siempre, de esa decisión no tengo ninguna duda. En la finalización del partido el árbitro tiene que estar en la mesa de control, el principal en aquellos tiempos era así, eso me lo enseñaron a rajatabla y lo aplicaba. Antes era el factor humano, que tenía que llevarse el pito a la boca y pitar, cuando el de la mesa lo hizo, yo también pité. A mí me habían enseñado eso, ahora yo acepto que mi compañero pensó distinto o no le gustó. La amistad que yo tenía con él, cambió.

¿Por qué cree que cambió?

No sé, yo creo que él fue fiel en el sentido de lo que me dijo. Capaz que la primera vez que lo transmitió fue ahora que tú le hiciste la nota.

Juan García declaró que lo del reloj fue una farsa, y que el gol no valió. ¿Qué opinión le merece?

Es lo que te dije, yo no manejo el reloj. Él para mí es una excelente persona, eramos grandes compañeros, pero después de ese partido hubo un distanciamiento entre nosotros. No hubo más diálogo. Pero me gustó mucho, aunque te parezca mentira, que después de mucho tiempo, yo estaba en la noche con alguna copa, tomando en ese aniversario de UJOBB que él me haya llamado y me dijo: “Mirá Coco, vos sabes bien que yo nunca hablé ni una palabra”. Nunca me senté a hablar para saber que opinaba de esas jugadas, porque de ninguna manera puede estar más acertado de lo que yo estaba, si yo hubiera tenido una duda, claro que le consulto a mi compañero. Si fuera como ahora que hay tres árbitros, la cancha se divide en zonas y hay veces que dos árbitros pueden estar mirando la misma jugada, ahí podes hablar con tu compañero. Pero esas jugadas las decido yo, sino sería un malísimo árbitro.

¿En la vida cotidiana tuvo alguna recriminación por lo que pasó?

Amenazas he tenido toda la vida, me presionaron muchas veces. En Uruguay antes existian los Campeonatos Nacionales, que eran tremendos porque jugaban los mejores de Montevideo pero que pasaban a defender a su departamento y había que arbitrar en el interior, no era fácil. Pero como siempre confiaban en mí y querían que estuviera en todos lados, en Paysandú estaban todos locos de la vida conmigo hasta que sucedió esto. Yo era muy amigo de un periodista del Telegrafó, salíamos de noche, me decía: “vos sos una garantía”, y después de esto no me llamó nunca más, pero tampoco me presionó, ni me dijo que estuve mal, la relación se perdió. Me costó mucho llegar y hacer todo lo que hice. La gente de Paysandú hasta el día de hoy me sigue recriminando, los periodistas cada tanto lo sacan y me ponen ladrón y otras cosas en el Facebook. Todos los comentarios en las redes sociales: “nos robó, que pin que pan”. Pero, hay otra cosa que te quiero decir, se jugaron cinco finales, habían 100 jueces en la Federación, y de las cinco a vos te parece que puedo hacer tres. ¿Es muy difícil no?, y que las tres salgan bien. ¿Por qué me pidieron para la final?, porque en las otras dos estuve notable y los demás miraban. En aquel momento el Federal se jugaba a tres ruedas y arbitré tres veces el clásico Aguada – Goes, es muy difícil. Y en una semana Aguada – Goes y Peñarol – Nacional.

En cuanto a la vida social con su familia, García contó que en el trabajo de su señora se lo recordaba por ese partido. A la suya, ¿le ocurrió lo mismo?

Yo nací en una familia donde a nadie le gustaba el deporte. Yo incliné a mis hijos, uno es juez, capaz no muy bueno, pero es juez. Y el otro juega por la selección uruguaya en silla de ruedas. Luego tengo una hija que no es deportista. No les gusta el deporte, era yo solo contra todo, cuando me tocó esto del sentimiento por arbitrar sinceramente pienso que dejé de lado a mi familia, porque yo arbitraba de mañana, tarde y noche. Cuando no arbitraba en Montevideo, iba a las ligas del interior, Colonia, Flores, Rocha, Paysandú, Maldonado y cuando no estaba en un lado estaba en el otro, cuando no, viajaba al exterior. Realmente te lo digo, no disfruté a mis hijos, estuve muy poco con ellos, porque lo vivía intensamente al arbitraje. Pero no les pasó nada que yo sepa.

¿Tuvo miedo después de la decisión que tomó?

No, la gente de Paysandú y la gente del interior es muy correcta. Estuve en mil batallas. Se fueron dolidos o escriben ahora. En un campeonato nacional, yo era casi nuevito y empatan por el descenso Paysandú y Salto, (risas). Yo temblaba y Mario Hopenhaym me dice: Yo tengo que ir a trabajar mañana en la fábrica, van a tener que hacer ustedes. ¡Ay mamita! No dormiamos de noche, ¿Vos sabes lo que era hacer ese partido? Era el descenso, que nunca en la vida ni Paysandú ni Salto habían descendido. Y lo hice ese partido y la gente de Paysandú creyó en mí. Pasó esto y hasta el día de hoy claro que les duele.

¿Nunca más estuvo con Pablo López que era el técnico de Paysandú u otro integrante del plantel?

Pablo López (risas), él se piensa que es la NBA. Cuando hacía un partido yo no iba a tolerar que él agarrara la silla esa que inventó que la ponía en la mitad de la cancha, charlaba con el otro y después se iba al banco de suplentes. ¿El Coco Fares iba a arbitrar un partido de esos dónde él quiere ser el protagonista? El protagonista, el que manda acá, soy yo. No puedo dejar que él haga lo que quiera, ¿cómo va a llevar la silla a la mitad de la cancha? No señor, vaya y sientese en su lugar.

¿Nunca habló con él?

No, él con esa carita que tiene. Yo vivo en Canelones y Bulevar, acá está el club de Río Negro. Yo a él no le arbitré más, por más que en los equipos que él dirigía ya no me quería, según lo que me manifestaron los entrenadores. No se cuanto campeonatos logró, pero el suma uno más, porque piensa que ese campeonato lo ganó. Fui una vez a ver a Federico, mi hijo, en algún partido en Malvín, me mira y hace gestos con la cara, no me dice absolutamente nada.
Tal vez hace un año, yo estaba en Canelones y Casinnoni, había una fiesta o una reunion de ANEBU que están en el club Río Negro, entonces López bajaba y yo pensé que me iba a decir algo, tenía que enfrentarlo, pero me saludó correctamente y pienso que se terminó ahí. Nunca me encaró, estuvo esa calentura que tuvo cuando entró al vestuario que hizo tremendo escandalo, pero a mí que me estaba bañando nadie me dijo nada.

¿Y con alguno de los jugadores de Paysandú?

Yo cumplí 35 temporadas arbitrando desde 1972. Justo me vino una arritmia y no podía dar el examen, entonces le dije a mi señora: haceme una carta porque yo no podía pasar el examen. Eran ejercicios aeróbicos, eran bravísimos, que hacía entonces ¿Arriesgar mi vida?, ¡Morirme! Ya estaba para finalizar, ya estaba viejo, no pude seguir, y dejé. Entonces, cuando me quedé sin trabajo el padre de Diego Losada que dirigía a Welcome vino y me dijo: “Mira que hablo con Oscar (Magurno), te puedo conseguir laburo”. Justo nació Martín (otro hijo). Me hizo el contacto y arranqué. Terminó ese partido, que perdió Paysandú y se ve que el hijo cobraría un dinero por salir campeón. Entonces me llama: “Me imagino que renunciarás, que no podrás hacer más nada, después de lo de anoche, mi hijo perdió” ahí perdí la amistad con él y con el hijo, desde ese momento ya no nos llevábamos bien. Después de tantos partidos, en tantos lugares del mundo, son contados con los dedos de una mano las personas con las que yo haya terminado en una mala relación. Alguien puede ser bueno si la colaboración de los jugadores está, porque si ellos no te quieren o no confían en vos vas a tener un partido de protestas continuas, en cambio cuando te aceptan y saben cómo vos arbitrás se te hace facilisimo.

¿Nadie le dijo nada? ¿En algún partido de Ligas posteriores?

No. Charquero nunca se me acercó, después que le arbitré y todo. Además, no es de esos jugadores que cuando comenzaba el partido te abrazaban. Él no tenía esa actitud, pero jamás me miró mal o me dijo algo. El único fue Losada con las caritas de él y las cosas que hacía.

¿Nunca se le cruzó por la cabeza preguntarle a Juan García por qué él terminó el arbitraje en esa noche?

Bueno, eso a mí me dolió mucho. Era un gran juez, muy querido por los compañeros y se veía mucho con el presidente del colegio, quién tenía mucha confianza en él, por algo fue que lo pusieron en este partido. Además, ya era juez internacional pero podría haber llegado lejos. Son decisiones que cada uno toma, a mi me duele, también la de Alejandro Sanchez Varela. ¿Por qué dejó Alejandro con todos los campeonatos y todo lo que tenía?

¿Vio algo raro dentro del básquetbol?

(Risas) El presidente del colegio de jueces está en el guinness con 44 años al frente de la presidencia. Imagínate eso en el fútbol, que duran dos días. Estuvo 44 años con la presión de todos los clubes, estoy hablando de Antonio Lisanti, ese sí que aguantaba presión. Todos los días, de la mañana a la noche los clubes iban y le pedían: este no me arbitra, este sí. Si no te quieren vos no arbitrás. Conmigo eso no existe, no es que me quiera poner de superman, no sé qué tenía yo. Recuerdo anécdotas donde el vicepresidente de la Republica, Gonzalo “Oso” Aguirre (entre 1990-1995). Imagínate la cancha de Trouville, cuando terminaba el primer tiempo teníamos que pasar por ahí y te decía: Lo estoy mirando amigo”. Un día le digo: “Si vas a seguir así, vos sos el vicepresidente, después que termine el partido llevame preso, pero en la cancha yo te saco para afuera, porque acá mando yo y sino se termina el partido y gana el otro equipo”. Habían pesados, esto es como en el fútbol, está el peso de la política.

Entonces, en el básquetbol presiones siempre hubo, pero en cuanto a sobornos o algo de eso, ¿observó algo?

No, dinero nunca vi. Podían presionar, pero de traer dinero a los jueces no. Cuando trabajé en La Española y la gente perdió credibilidad en mí, preferí no arbitrarle a Welcome por dónde estaba trabajando. Capaz a alguno le hubiera gustado que siguiera siendo el “Coco” Fares sin un mango, pero esos son los celos y la envidia. Eso fue un disgusto para Antonio Lisanti (presidente del colegio), mi padre y el presidente de la Federación, que sí yo le pedía me hubiera metido en el Banco República o en algún otro lado y no en un club. Ellos confiaban mucho en mí, pero yo tomé esa resolución, porque era un problema que el “Coco” trabajara en La Española y arbitrara en Welcome, eso lo comprendí.

¿No carga con esa final en la conciencia?

No, no. Por algo llegué a lo que llegué. Arbitré hasta en Brasil y sin policía, iba y me pagaban todo, me esperaban en el aeropuerto y siempre fui. Nada de miedo. Tuve 1500 a favor y una sola en contra, pero señalame las 1500 a favor.

¿Fue una mancha ese partido?

Una mancha grande. ¿Cuánto pasó de esto? 17 años. Se sigue hablando. Aparte con la decisión de que un gran amigo terminó su carrera.

Una mancha grande, pero con la tranquilidad de haber hecho lo que correspondía en el momento según sus decisiones…

Sí, capaz que me puedo haber equivocado, uno nunca sabe eso. En ese momento lo hice porque estaba convencido de que era así. Si ahora me muestran y voy a la televisión, se demora cinco minutos en ver si fue o no fue, es más fácil. A mí todavía me duele, porque hablan de eso y no hablan de todo lo otro que logré.