El color rojo por sobre todas las cosas, arriba y debajo de la piel. Trouville no solo como institución sino como forma de pensar. La vida misma corrió desde sus inicios por la calle Chucarro.

Su defensa férrea y salvaje. Sus asistencias a un loco lindo de la ciudad de Minas que jamás imaginó que la picaba tan bien. Su vida deportiva y la elección del básquetbol sobre el resto. La difícil decisión entre el deporte o el trabajo cotidiano. Su debut ante uno de los mejores bases que dio el paisito y el ascenso ante sus ojos, en apenas un año, de una tal Generación Dorada de la cual nos separan unos pocos kilómetros de agua.

De camino al destino pactado para la charla interrumpimos la explotación de las artes culinarias de uno de sus hijos producto de la cuarentena. Una sonrisa de oreja a oreja y un inmenso babero alcanzaron para halagar los panqueques de Tomy y ver su complicidad: “hoy le quedaron perfectos”. Fran, el más inquieto, entró y salió en varias ocasiones provocando un pequeño nerviosismo en aquel base que a la hora de conducir el balón pocas veces le tembló la mano. El menú estaba servido en el coqueto domicilio de un referente del rojo de Pocitos. La Liga Uruguaya del 2006 terminó arrojando sus últimas estadísticas en un rectángulo de 28×15 metros, para pasar a uno de menor tamaño.

 Sebastián Shaw, una vida entre números y de color rojo.

 ¿Qué es de la vida de Sebastián Shaw?

Actualmente estoy totalmente alejado de las canchas. Cuando dejé el básquetbol en 2006 y salimos campeones con Trouville me dediqué a la profesión y la familia. Tengo tres hijos y estoy trabajando muy tranquilo. Yendo a ver a Trouville muy de vez en cuando, es lo que me une hoy con el básquetbol y obviamente somos todos hinchas. Tengo algún hobby que otro pero va siendo así por ahora. Soy contador, trabajo en Pinturas Inca y utilizo mi profesión en la empresa.

¿Por qué dejaste el basquetbol?

Para lo que es el básquetbol todavía tenía algún año más para jugar porque tenía treinta años. Pero ya se me había hecho difícil esos años porque se había hecho muy profesional. Ese último año que salimos campeones practicábamos doble horario y yo era el único del plantel que no lo hacía. Muchas veces llegaba de noche y decían: “hacemos la 4” y yo me preguntaba cuál era, porque la habían entrenado en la mañana. Me costó un poco el no poder dedicarme todo lo que quería al básquetbol y todo lo que quería a mi profesión. Yo sabía que no iba a vivir del básquetbol, entonces estaba perdiendo oportunidades en mí trabajo de algún viaje o dedicarle horas y tampoco daba el 100% en el deporte porque yo me tenía que enfocar en mi laburo. La decisión al haber salido campeón me ayudó mucho. Fue como colgar los botines en el mejor momento, en la gloria. Para Trouville fue muchísimo. Ganar un torneo después de 60 años fue impresionante.

¿Fue fácil tomar la decisión por el campeonato?

Fácil no, pero me ayudó. Al mismo tiempo me tiraba todo lo que significaba el ser campeón. El estar ahí, el momento, todo lo que pasaba eran cosas lindas entonces tampoco me gustaba tomar la decisión de dejar el básquetbol. Por otro lado me dije que había cumplido un gran objetivo. Ser campeón con el cuadro que yo siempre jugué, un club del cual soy hincha y haber terminado así fue la mejor forma.

¿Se extraña el ambiente?

El básquetbol en sí, no. Extrañaba a veces cuando veía algún Playoffs y Trouville estaba ahí. La adrenalina de los partidos importantes, el vestuario sí. El jugar propiamente no. Jugué un poco luego al básquet universitario pero tampoco me vinieron ganas de jugar de forma amateur. Es más, hoy me dedico más al fútbol que al básquetbol. Ahora ya no tanto, pero los momentos de partido, el antes, durante y el compartir se extraña.

¿Nunca pensaste estar relacionado luego del retiro?

Lo pensé y estuve un poco ligado a Trouville de forma voluntaria. Yo quería tener foco, obviamente siempre me dijeron de que participe en la directiva porque tenía amigos. Pero no podía. Yo dejé para tener tiempo con mi familia y estar abocado a mi trabajo. Por otro lado, si le quería dedicar tiempo, quería ayudar a las formativas (risas y nerviosismo con el ingreso de Fran por su tenacidad en busca del celular de papá). Entonces hicimos un programa para conseguir recursos con Joaquín (Izuibejeres) y con el Rana (Claudio Bascou) que se llamaba “Padrinos de la Formativas” y conseguimos voluntarios que apoyaron y esos recursos iban exclusivamente para ahí. También estaba hablado con la directiva de ese entonces que ese dinero sea dedicado a los chicos. Eso duró un par de años y luego me fuí desligando.

¿Qué tan difícil es compartir los tiempos de trabajo y deporte profesional?

Yo lo encontré muy difícil. En mi época tenía que trabajar, llegaba, me iba a practicar y en algún hueco tenía que estudiar para terminar mi carrera de contador. Eso la verdad te complica para dedicarte de lleno, en este caso al básquet. Es complicado pero el jugador uruguayo tiene que hacerlo, salvo algunos que pueden dedicarse de lleno. En mi época, como ahora, pasaba lo mismo. Eran unos pocos los que podían decir eso porque el futuro también hay que pensarlo desde el punto de vista económico. Realmente lo veo difícil pero el jugador se tiene que hacer su tiempo para tener otra cosa: o un estudio o un trabajo. Lo ideal sería no mantener un horario fijo de ocho horas en una empresa y más cuando hoy por hoy se entrena o doble o triple horario.

¿Cómo surgió la idea de jugar al básquet?

Yo tenía cinco años y vivía cerca de la cancha. Mi familia fue siempre de Trouville y me llevaron porque me encantaban todos los deportes. Desde chiquito jugué al fútbol, básquet y rugby. A los siete ya iba solo caminando y me quedaba horas en el club, la realidad es que me encantaba.

¿Te acordás de tu debut?

Por supuesto. Fue en el año 1993, tenía 17 años. Fue en la cancha de Platense contra Hebraica y me tocó marcar a Capalbo (risas). Cuando entré ya íbamos perdiendo por 20 pero para mí fue una satisfacción aunque ya estaba liquidado. Primero por haber debutado en primera y luego por haber marcado a Capalbo.

 

¿Fue el más difícil de marcar?

No recuerdo si fue él, pero siempre los más difíciles eran los goleadores, no sé decir uno específico. El “Pata” Pereira me acuerdo que estaba bravo. Si bien un año jugó conmigo, cuando era rival era de los más difíciles.

En el año 92 te coronaste campeón de juveniles con el “Loco” Abreu como compañero. ¿Cómo se vivió ese torneo?

Una divina época. Éramos menores y con Abreu junto a algún otro amigo salimos campeones en menores que era segunda en ese entonces. Estaba Sebastián que se venía desde Minas. Entrenaba una vez por semana y los fines de semana venían a jugar. Casualmente somos amigos porque nos conocimos por el básquet y la vida nos juntó de nuevo por nuestros hijos, ahora nos seguimos viendo y seguimos compartiendo asados.

Abreu se decidió por el fútbol y vos por el básquet, ¿por qué?

Yo tuve un pasaje por el fútbol de chico. Jugaba a las dos cosas y a los 13 años empecé a jugar en la séptima de Nacional, dejé el básquet. Jugué dos años y medio y cuando llegué a quinta se juntaban los de 15 y 16 años y no jugaba mucho. Me aburrí, me fui y retomé en Trouville. Son las cosas de la vida y Sebastián siempre cuenta que se decidió por caso fortuito para el fútbol y lo bien que le fue. No iba a ser mi caso, está claro (risas). A mí me encantaban los dos deportes y ahora que dejé el básquet, te soy sincero: me gustaba más el fútbol. Yo quería jugar de forma competitiva y me hubiese gustado ser profesional.

¿Es Trouville tu segunda casa?

Siempre lo fue. Mucho más cuando viví toda la vida cerca del club y siempre estuve vinculado. Desde los cinco años hasta los treinta que dejé. Siempre estuve ligado porque toda mi familia es hincha. Al mudarme me alejé pero siempre estuve ligado sobre todo en el corazón. Tengo muchos amigos, tanto jugadores como dirigentes.

¿Cómo fue salir campeón frente Aguada y con ese resultado?

No pensamos que iba a ser un 3 a 0 como lo fue porque Aguada tenía un gran equipo. La verdad es que nosotros estábamos bárbaros y teníamos a todos los jugadores en un gran momento de su carrera. Funcionábamos muy bien juntos y se nos dio. Incluso el último fue por bastantes puntos. No se pensaba eso jamás pero la verdad es que fue muy lindo. Jugar contra Aguada, que era un clásico de antes, y con toda esa gente fue un momento lindo.

¿Es difícil jugar siempre con una misma camiseta hoy por hoy?

Sí, seguramente. Yo nunca tuve el interés por ir a otro equipo porque era hincha y estaba cómodo. Cuando yo ya estaba dejando se iba convirtiendo en profesional el básquetbol, algún sondeo tuve pero el ambiente ya sabía que Sebastián Shaw era de Trouville. Entonces nunca me planteé ir a otro equipo. Hoy por hoy es muy difícil pensar que esto pase. Los que yo recuerdo son de otra época como fue Gonzalo Soto y creo que tiene algún año más. Yo estuve trece temporadas. Me llena de orgullo lo que hice.

¿Te sentís ídolo?

No sé si ídolo, sí me siento referente. Todos los hinchas de Trouville me conocen entonces me siento así, como jugador-hincha como siempre fui. Ídolo creo que calza para Joaquín, más de esta época, y otros más antiguos. Referente creo que soy.

¿Lo trató bien Trouville a Izuibejeres en el final de su carrera?

Primero que nada Joaquín es un amigo gigante que me dio Trouville y es difícil juzgar. Yo como hincha y como amigo me hubiese encantado que tenga la oportunidad de terminar ahí. Son cosas que se dieron así y son aspectos del profesionalismo que son complicados. Si se dio así por algo fue. A todos nos hubiese gustado que Joaquín termine en Trouville pero por algo pasan las cosas.

¿Estás pendiente de la Liga?

Me gusta sobre todo cuando arrancan los playoffs. Antes veo, lo pongo pero no me siento a ver el partido entero. Cuando arrancan las instancias definitivas me engancho un poco más.

 

¿Te ves identificado con algún jugador?

Yo me veo identificado con el Rana. Primero es un amigo, luego es de Trouville e hizo casi toda su carrera ahí menos los últimos años. Es un jugador aguerrido, que le gustaba marcar, la penetración. Con él me siento bastante identificado. De la actual Liga no.

¿Qué te dejó el básquet?

Lo primero es la cantidad de amigos que me dejó. Jugadores, dirigentes, hinchas de Trouville y eso es lo más lindo de todos estos años. Luego la satisfacción de haber hecho un deporte tan lindo en un club hermoso. Vestir la camiseta de la Selección. Jugué en la sub 20 y sub 22 que me dejó una sensación divina y para toda la vida. Tuve la suerte de ver cuando Emanuel Ginobili era el jugador número 11 o 12 del plantel y al Premundial del otro año era titular indiscutido de esa generación dorada que tanto dio que hablar. El crecimiento era notorio. Me enfrenté a Tim Duncan defendiendo a Estados Unidos, esos son momentos que solo te deja el básquet.

Alejado de las canchas y en la tranquilidad de su hogar rememoró los momentos de gloria con el equipo de sus amores. Voz tenue, tranquilidad al hablar pero con la firmeza en cada palabra creada y moldeada entre las paredes de Chucarro 1031. Empapado de color rojo de pies a cabeza, agradecido con las estrellas de Roberto “Chino” Izuibejeres y Álvaro Rodríguez que van guiando a la marea que llega desde Pocitos, con la certeza y resiliencia necesaria para seguir dando pasos y tomando decisiones tan fuertes como dejar de lado las zapatillas de forma tempranera para levantar los cimientos de su familia. Pasó Sebastián Shaw, ahora… ¿qué será de la vida de….?