Hay muchos jugadores de renombre que hoy se encuentran alejados del básquetbol, pero que dejaron su marca registrada, esta sección comienza conociendo de la vida de Gustavo Szczygielski.

En el básquetbol uruguayo son pocos los que fueron campeones Federales y de Liga Uruguaya. Además de salir bicampeón Sudamericano y participar del Mundial de España 1986 con la camiseta de Uruguay.

Parece imposible, pero no lo es. Un flaco alto que vivió su niñez en La Blanqueada, de apellido poco común. Debutó en la Primera División de Neptuno, lo pudo conseguir.

Gustavo Szczygielski Tejera, nacido el 28 de setiembre de 1967, un ganador nato que se cansó de levantar copas y nos cuenta que es de su vida hoy, lejos de las tablas y esa pintura que tanto pisó en diferentes rectángulos de juego.

¿Qué es de la vida de Gustavo Szczygielski?

Ahora me encuentro en el rubro inmobiliario, administro algunas obras. Compramos algunos terrenos y hacemos alguna casa para vender, con un grupo de amigos. Empecé un par de años antes de retirarme, ya hace unos cuantos años atrás y continuamos con ese mismo grupo.

¿Cuántas veces viste mal escrito el apellido Szczygielski?

(Risas) Al principio bastante, con la época de las computadoras se corrigió eso, después era sólo copiar y pegar. Yo ni me mutaba, se fue corrigiendo con el tiempo, pero en general bastante bien quedó.

¿Por qué dejaste el básquetbol?

Por viejo (risas). Cuando se dio para terminar, lo hice, no quería saber más nada con el básquetbol. Aparte, ya físicamente no me daba para hacer más nada, ni siquiera ponerme a tirar en una esquina, tenía las rodillas bastante chamuscadas, ya no daba para más. Tenía 39 años, dejé en febrero de 2007 en Biguá.

¿Cuánto se extraña el ambiente después de jugar?

El jugador no se extraña, lo que sí, es el vestuario, los asados, aunque de vez en cuando nos juntamos con algunos y hacemos. Pero jugar ya no, porque realmente a mí el físico no me daba para más. Había cumplido una etapa y estaba 100% seguro.

¿Con que club te sentís más identificado?

La verdad que en todos tuve la suerte de que me vaya bien, de ganar en la mayoría, ninguno en especial. Tengo un grupo de amigos en todos los clubes que jugué que, cada tanto nos juntamos a hacer algún asadito, conversar, pero en especial no me siento identificado con ninguno.

¿Cómo surgió empezar a jugar al básquetbol?

Yo era de La Blanqueda e iba a la Asociación Cristiana en el Centro, y Alejandro Gava que siempre iba a ver si encontraba algún flaco largo (risas), me vio y me invitó a ir a Biguá. Ahí empecé, hice un año de mini, después un año de cadetes, posteriormente dejé el básquetbol y me fui a hacer natación. Como Biguá no tenía en esa época la piscina cerrada, fui a Neptuno, y ahí me empezaron a invitar a algún asado, a jugar alguna doma, hasta que me invitaron a formar parte del plantel cuando estaba terminando el segundo año de cadetes. Me quedé, hice los tres años de menores que se hacía en esa época, y cuando terminé ese tercer año de menores, me subieron al plantel de Primera.

¿Cuándo fue tu debut en Primera?

Fue con Neptuno contra Bohemios en cancha de Atenas en 1984. Ellos salieron campeones ese año, jugaba “Tato” López, Carlos Peinado, Pierri (Luis), Julio Pereyra, la verdad un gran equipo. Con nosotros jugaba el “Gato” Perdomo, Fefo Ruiz, Walter Silvera. Yo entré antes de terminar el primer tiempo y no salí hasta que terminó el partido. Al otro juego entré como titular, y seguí jugando todo el año.

¿Qué se siente hoy ser uno de los más laureados a nivel local?

Lo miro de dos maneras, uno ni que hablar que se siente orgullo, y por otro lado también es que se salía mucho menos al exterior. Yo desde que debuté, hasta que me retiré jugué todos los campeonatos, gané nueve, y llegué como a tres o cuatro finales más. Ahora no pasa eso, por ejemplo Leandro (García Morales), Nicolás Mazzarino, Esteban Batista, el “Pica” Aguiar, son jugadores que si se hubiesen quedado acá, capaz que me alcanzaban o me pasaban, pero no pasó.

¿Por qué antes era poco habitual salir al exterior a jugar?

En mi época no era habitual como ahora salir a jugar, incluso con el tema de los pasaportes era muy difícil, yo tenía pasaporte polaco que al principio tampoco podía jugar en el resto de Europa, después sí, se unió, pero al principio no me servía por ese lado. Después de unos playoffs en 1996 con Hebraica, me fui tres meses a Argentina que fue la salida más larga que tuve en Regatas de San Nicolás. Y en Paraguay fue una serie de Liga Sudamericana por 15 días no más.

¿Nunca pensaste en seguir vinculado al básquetbol?

No, no, no. Tampoco en el básquetbol uruguayo hay mucho lugar, yo conozco compañeros míos que sí, les interesaría pero no tienen lugar. Nunca me ví en eso, no me interesaba, y tampoco hubo intenciones, ni propuestas. Aunque hubiera tenido propuestas, no hubiese aceptado. Tampoco me veo dando charlas, hay locos que dan charlas y están bárbaras, pero yo no me veo en eso, y tienen un no sé qué para hacerla, pero no a todo el mundo le surge eso.

¿Con qué jugador de la actualidad te sentís identificado?

Tampoco hay muchos. A veces, hablamos en las comidas que en los equipos siempre había uno o dos flacos largos, sin tener en cuenta a los extranjeros. Pero había en todos los equipos, y hoy no hay jugadores altos, no tengo un jugador que me sienta identificado.

¿Por qué siempre con el “12” en la camiseta?

Pah, la verdad ni me acuerdo porque fue el “12”, hubo una época que jugué con el “6”. Pero, no me acuerdo si fue cuando fui a Biguá que lo tenía el “Coco” (Brause) y ahí calculo que agarré el “12”. Y en la selección cuando entré tenía la “13” porque era la que quedaba y el “12” era Julio Pereyra, cuando quedó libre la agarré yo.

¿Qué se siente haber jugado el último Mundial por Uruguay?

La manera de clasificar era diferente a la de ahora. Después con los Pre mundiales y eso, se hace más complicado porque en el continente tenés tres, cuatro potencias que para Uruguay se le hace difícil clasificar, hubo años que podías competir de igual a igual, pero siempre nos faltaba un poquito. Hubo épocas sin contar a EE-UU que Puerto Rico era monstruoso, Brasil siempre duro, después agarramos la generación dorada de Argentina. Venezuela tuvo también su momento, y a nosotros nos dio para salir un par de veces campeones sudamericanos y estar ahí medio cerca para clasificar, un poco por errores nuestros y otro por mala suerte que no se pudo. Estuvo bueno el Mundial, nos tocó jugar contra Rusia por ejemplo, antes que se desarmara, que era una locura ese equipo, además de compartir plantel con gente que marcó una época en nuestro básquetbol.

Si te pido que nombres algún rival que era muy duro de enfrentar. ¿Cuál era?

El “Piculín” Ortiz fue uno, Josué un brasileño que estaba enorme también, ahí era cuando decía “Pucha me falta 10 centímetros y 5 kilos (risas)”, pero era lo que tenía para pelear ahí.

¿Vas al básquetbol o lo seguís por la Tv?

No voy, pero lo sigo sí. No voy, pero lo miro, lo escucho, lo leo, estoy informado de lo que pasa. Por comodidad lo miro por televisión.

¿Qué te dejó el básquetbol desde lo económico?

Yo vivía bien, pero siempre tuve alguna cosa aparte. Mi señora trabajó toda la vida, y además teniendo hijos jóvenes como tuvimos nosotros, con el colegio y todas las cosas que conlleva tener hijos y esos gastos de mantener una familia. Podés vivir bien mientras jugas al básquetbol, pero si no lo acompañas con otras cosas, o el trabajo de tu señora, cuando terminabas la carrera, no nos quedaba nada. Yo no me quejo, pero tampoco es que quedé salvado, me habrá quedado mi casa, un auto y algún manguito para hacer algo. Pero, siempre hice algo, yo creo que desde los 20 años siempre tuve otra cosa.

Hoy se ven menos jugadores jóvenes en Primera División con respecto a tu época. ¿Es así?

Yo no creo sea así. No era que nos largaban jóvenes a la cancha, en aquella época habrá sido Mazzarino, Capalbo, Pierri o mismo yo. Jugadores que después hicieron carrera, pero tampoco hay tantos jugadores, eso es lo que yo veo. Antes había mucho más jugadores, no sé si era porque se jugaba primera y segunda a la vez, y eso generaba que hubiese más jugadores. Se estancó eso de sacar jugadores, antes había reserva, y ahí había jugadores que podían jugar en cualquier otro equipo.  Yo me acuerdo cuando subí a Neptuno, la reserva ahí, si jugaba no descendía en el Federal de ese año. Hasta el 98 o 99 hubo reserva, yo creo que eso fue clave. Hoy llegan hasta los 20 y pocos años y ya está la ficha Sub 25 que marea a todos, pierde interés, antes era más claro esa cuestión, ahora lo cambian cada dos o tres años. Hoy llegás a tantos años y no tenes donde jugar, si no podes estar en primera, vas a El Metro, pero ahí bajan los de Liga, entonces no tenés donde jugar, y tienen que dejar. A los 18, 20 años ya vas viendo que si no podes jugar en Primera, en Segunda tampoco, entonces algo hay que cambiar.
Antes eran ocho fichas mayores, uno o dos extranjeros a veces, y dos o tres juveniles del club, hoy eso no se puede, porque no tienen.

¿Cuál fue una cancha complicada que te tocó jugar?

La época de las canchas abiertas. La de Malvín era fea para jugar. La de Biguá cuando estábamos nosotros nos encantaba, pero a los que iban de visitante no creo que les gustara, cuando te caías te raspabas todo, te comía medio calzado. Después tuve la suerte de ganar y perder en todas las canchas, no me complicaba mucho ese tema.

¿Qué te dejó el básquetbol?

Fue mi vida, desde los 11 años hasta los 40, me dejó todo. En base al básquetbol hice mi desarrollo social, familiar, es mi vida, fue una parte fundamental. Te deja amigos, conocidos, te deja todo, fue mi modo de vida durante 30 años.  

 

Foto: Getty images / Roberto Schmidt