Segunda parte de la nota a Mathias Calfani, quien en esta oportunidad habló de la ida a Japón y su futuro, además de responder las “Cortitas y al aro”.

En la primera parte el artiguense había hablado respecto a sus orígenes y la Selección.

 

¿Qué factores evaluaste a la hora de tomar la decisión de irte a Japón?

Sabía que iba a ser uno de los primeros sudamericanos en ir a esa liga y el primero de mi equipo. No sólo era una posibilidad para mí, sino también para abrir una puerta de un nuevo mercado para el resto, a futuro. Dentro de un básquet muy estructurado, donde todos saben las jugadas y se ajustan al plan, ellos buscan nuestra picardía para romper y sacar ventajas.

¿Cómo fue tu adaptación a una cultura totalmente distinta?

Estaba muy cómodo porque siempre me trataron de la mejor manera. Igualmente eso no quita que son muy diferentes a nosotros, en todos los sentidos. Están sumamente avanzados en calidad de vida, cuidado del medioambiente, respeto al prójimo y otros aspectos. A pesar de eso, nos faltaba la calidez que tenemos acá. Poder juntarnos con amigos, compartir un mate, charlar con un vecino, incluso más allá de lo que es el básquet. Fui en busca de una aventura, de vivencias que me sirvieran no solamente adentro de la cancha sino también en la parte personal. Realmente es al otro lado del mundo y nos estábamos moviendo por la nuestra y en otro idioma. Fue difícil estando solos, pero nos fuimos rebuscando para comunicarnos allá y mantener el contacto con los afectos.

En cuanto al juego, ¿qué te dejó la experiencia a pesar de la cancelación de la temporada y tu lesión?

Estaba haciendo bien las cosas, por momentos jugando de alero. En lo colectivo habíamos llegado a la final de la copa. Teníamos el mejor récord de la liga y éramos punteros de la conferencia. El torneo está avanzando, con el aumento de las fichas extranjeras se hizo más parejo y eso hace crecer la competencia también.

¿Qué objetivo tenes para lo que resta del 2020?

Es difícil pensar a futuro por la lesión y la incertidumbre que tenemos en este momento. La idea en Japón es que en setiembre vuelva todo a la normalidad y arranque la nueva temporada. No me gusta dejar las cosas sin terminar, esa es un poco la sensación que me quedó. Teníamos un lindo desafío, con un equipo que apuntaba a ganar el torneo. Me gustaría volver, pero sinceramente no sé si se dará este año.

¿En qué lugar pones la chance de jugar en Europa?

La idea de ir a Europa siempre está como un sueño, pero eso se tiene que dar sin forzarlo. Ahora mi cabeza está puesta en mejorar y aprovechar el tiempo. Me enfoco en este tiempo para prepararme física, mental y técnicamente. Nunca tuve más de un mes para hacerlo y ya definí que voy a trabajar con Pablo Ibón para mejorar.

¿Particularmente qué pretendes cambiar de tu juego?

Ser más versátil. En Japón me tocaba subir la bola cuando presionaban a los bases o dar el primer pase a partir de un rebote defensivo. Me costaba trasladar y al mismo tiempo tomar buenas decisiones. Si bien lo mejoré, es uno de los aspectos a seguir practicando. Cantar la jugada, pasar la pelota en el momento justo, ahí es donde todavía tengo margen para crecer.

Cortitas y al aro

En esta sección, Mathías Calfani se prestó a responder preguntas puntuales, dejando curiosidades sobre su vida como deportista y otros aspectos más personales.

Un ídolo: Martín Osimani. Desde que empecé a ver básquet lo admiraba. Cuando lo tenía cerca lo identifiqué como un líder nato, alguien de quien aprender y quien me enseñó a ver cosas distintas.

Un entrenador: Alejandro Gava. Porque fue el primero en confiar en mí y dedicarse por completo a ayudarme.

Un compañero: Marcos Mata. Inesperadamente creamos una relación muy linda. Se muestra introvertido para afuera, por eso no imaginaba llevarme tan bien y congeniar tanto. De afuera se ve siempre igual pero es fundamental para un equipo. Trabaja por los demás, por eso no luce tanto y al mismo tiempo es fundamental para lograr cosas importantes. Por algo ha ganado todo en Argentina y América.

Quinteto ideal: Santiago Vidal, Luciano Parodi, Bruno Fitipaldo, Marcos Mata e Ignacio Alessio. A Alessio lo elijo porque vivíamos en el mismo edificio y nos hicimos amigos. Con este equipo, yo miro desde el banco sin problema. El entrenador va a tener que poner orden, porque a los tres bases les gusta la pelotita. Si están encendidos son letales.

La Selección es: Orgullo. Cuando Gustavo Rivas me fue a ver a Artigas no tenía equipo y domaba en la plaza. El primer lugar donde jugué en Montevideo fue en la Selección. Ahí me abrieron las puertas y le debo todo a las formativas y obviamente a la mayor. Soy muy afortunado y agradecido de haberlo vivido así. Me gustaría poder retribuirlo con títulos o cosas importantes, dejar algo para el básquet de mi país es de mis mayores sueños.

Una persona: Mi bisabuela. Nos marcó cuando más la necesitábamos, tanto mi mamá como yo. Sin darse cuenta, me demostraba cosas importantes a cada día.

Un momento: El debut en primera. Cuando me puso el “Che” García, me di cuenta que iba a vivir de esto y me dedicaría al 100%.

Una decisión: Irme a San Lorenzo. Salir de Uruguay, con un año de contrato por cumplir en Malvín fue difícil, pero sentía que era el tiempo para dar el paso, con el convencimiento de que era lo correcto.

Algo para mejorar: El dribling. Poder picar la pelota con todo el panorama de cancha, me daría la ventaja para mejorar en la toma de decisiones. A partir de ahí, atacar el aro desde el pique, jugando uno contra uno, sin tener que depender de agarrar al rival desesperado en la ayuda (a contra pierna).

Si no hubieras sido jugador de básquet: Me hubiera dedicado al campo. Me gusta la tranquilidad y la paz que hay allá, y mi padre vive de eso.

En tu tiempo libre: Comparto con mi familia. Tengo una hija de 10 meses y llevamos 10 años juntos con mi señora. Es muy difícil para ellas, porque afuera de Uruguay pasan casi siempre solas. Incluso en la competencia, después de los partidos viene la recuperación y el entrenamiento para el próximo juego. Es un círculo que nunca termina, así que ahora trato de dedicarles todo el tiempo posible, porque se va volando. Lo bueno de estar en casa es que me permite acompañarlas y presenciar de cerca el crecimiento de mi hija.