Charlamos con Claudio “Pata” Pereira, desde su etapa de jugador a su actual faceta como agente, y su visión acerca del básquetbol uruguayo.

 

Comenzando por lo que fue tu carrera como jugador, arrancaste muy joven en tu club Montevideo

A los 16 debuté en primera división en Montevideo que estaba en tercera en ese momento. Tuve la suerte de salir campeón ese mismo año, lo que lo hizo mucho más disfrutable. Estuve cuatro temporadas en el club y después comenzó mi periplo por varios clubes.

Y después llegaste a un Neptuno que estaba abrochando fichas de alto calibre.

Llegué para reforzarlos en la Liguilla del 92 si no me equivoco, ese año jugamos la final con Biguá. Además ese Neptuno metía miedo tenía grandes figuras. Después de esa Liguilla el club compró mi ficha y permanecí cuatro años más.

También tuviste una peculiar etapa en Welcome donde no había cupos y tuviste que jugar la reserva, sin embargo pudiste jugar internacionalmente.

Jugué la Sudamericana sí, pero fue bastante raro. Yo venía de ser goleador y el mejor jugador del Federal anterior con Trouville donde terminamos terceros. Estaba rodeado de monstruos y tuve que adaptarme para seguir aprendiendo y vivir otras cosas, porque siempre si uno tiene la actitud correcta ante los desafíos que se le plantean se pueden recoger cosas positivas. Pero lo tomo como una etapa más de mi carrera, donde saqué cosas positivas y aprendí mucho al entrenar todos los días con jugadores de muy alto nivel.

Siempre fuiste un jugador que tenía el aro entre ceja y ceja…

Es como uno siente el juego. Otros lo disfrutan de otra manera como lo puede ser reboteando o asistiendo, yo lo sentía desde el lado de la anotación. Después con el correr de los años fui perfeccionándome y viendo el juego de otra manera. Pero en un principio era un jugador que le quería meter 60 puntos a todos. Siempre viví el juego con mucha pasión y al día de hoy me sigo sintiendo jugador, es algo que no se apaga nunca. Después podes ser entrenador, dirigente, periodista o lo que más te guste, pero esa parte de jugador nunca muere. Jugué por 20 años y los disfruté muchísimo.

Ya en la temporada 2006/07 decidís retirarte.

Si bien tenía ofertas para seguir yo ya había empezado con la agencia de representación, la cual venía creciendo a un muy buen ritmo y yo ya no me sentía cómo haciendo las dos cosas, por lo que rechacé todas las ofertas y jugué unos partidos con Montevideo. Además ayudé a armar el equipo de ese Montevideo el cual estaba en tercera y buscaba subir al Metro, apenas pude estar unos partidos porque tuve muchos viajes por el trabajo y esa fue la última temporada.

¿Qué fue lo que te llevó a ser agente?

Primero identifiqué cosas en mi carrera que no me gustaban, no me sentía cómodo o creí que se podían hacer mejor. Después también se dio que cuando fui a jugar a Argentina conocí a Carlos Prunes, probablemente el agente más importante de Argentina junto con Claudio Villanueva, y me di cuenta lo que era ser un agente de verdad por lo que tomé a Carlos como punto de referencia y hasta el día de hoy tenemos una amistad. Y eso ayudó a cerrar el círculo, venía pensando hacerlo hace años y cuándo vi que estaba en el final de mi carrera me preocupé y me ocupé de ir construyendo esto antes de terminar de jugar. A su vez te digo que me sorprendió lo rápido que creció todo, confirmando la presunción que tenía cuando jugaba que no era yo solo el que creía que había una mejor forma de hacer las cosas, sino que a muchos jugadores más le sucedía y eso ayudó a que la agencia creciera a un ritmo importante en los primeros años.

No solamente con jugadores uruguayos sino que también te fuiste haciendo más fuerte en jugadores internacionales, especialmente en Venezuela, México y Cuba que son mercados en los que tenes jugadores de primerísimo nivel.

Digamos que la situación era igual o peor a la que yo viví acá. Así que cuándo llevé, entre otros, a Emilio (Taboada), Leandro (García Morales) y Martín (Osimani) a Venezuela viajé para allá y conocí a otros jugadores que cuando vieron que un agente se sube a un avión y va, y se preocupa por sus jugadores quedaron sorprendidos. Y ahí comencé a conocerlos, una cosa llevó a la otra, y entre recomendaciones, vínculos y demás se fue sumando la gente que confió en mí para guiarlos en su carrera. Y con eso terminé disfrutando de, por ejemplo, tener en el Premundial 2013 en Caracas 35 jugadores, en el Preolímpico 2015 en México tenía 29 entre los que había 9 de la Venezuela campeona. Fue la misma dinámica pero fuera de fronteras.

Además de lo que fue aquella primera camada que nombraste que tiene muchos jugadores que se formaron en el exterior, últimamente comenzaste un nuevo ciclo con jugadores muy jóvenes de entre 16 y 20 años a los cuales también has llevado a formarse afuera.

Básicamente es lo mismo que hice cuando empezaba, me pareció identificar, en mi parecer, alguna necesidad en el jugador la cual había que atender en el jugador y traté de cumplir. De esa forma instalamos una nueva forma de trabajar la cual se fue multiplicando. De todas formas me parece que ahora, en la lectura que hago, hay algunas situaciones que conspiran en contra del desarrollo de los jugadores más jóvenes en Uruguay. No sé si están dadas las mejores condiciones para que eso suceda y siendo el nuestro un mercado tan chico no tenemos margen de error cómo para no desarrollar el talento de alto nivel internacional que pueda aparecer. Lo que he tratado de hacer, dentro de mis posibilidades, fue poner esos talentos en lugares donde puedan desarrollarse a su mejor versión. Después de eso hay un 90% que depende del jugador, si yo hago todo mi trabajo perfecto con suerte tengo el 10% del éxito del jugador lo demás es todo de él, lo cual es una excelente noticia para el jugador porque todos sabemos que el tener el destino de uno mismo en sus manos es lo mejor que te puede pasar. Pero lo que realmente me parece identificar es eso, que no tenemos hoy, por distintas razones, lo necesario para desarrollar talentos de alto nivel a su mejor versión, por lo que trato de buscarle posibilidades en el exterior para que puedan desarrollarse humanamente y deportivamente.

Has dicho varias veces que tenemos un gran ejemplo al lado cómo lo es Argentina, ¿en qué sentido crees que deberíamos imitar más cosas de Argentina?

Te diría que en todo sentido. Yo creo que ellos, basquetbolisticamente, son un gran espejo y son un poco mejores que nosotros en todos los estamentos, agentes, jugadores, preparadores físicos, entrenadores, periodistas, dirigentes y todo lo demás relacionado con el mundo básquet. Y los tenemos a 30 minutos de avión o dos horas en barco no están en Asia ni en Europa del este, donde hay grandes escuelas también, entonces deberíamos de absorber mucho más de su forma a la hora de gestionar el deporte y no lo hacemos por alguna razón que no termino de entender. La Liga argentina, a mi juicio, disfruta de una de las mejores cuatro escuelas de entradores del mundo, junto con la balcánica, rusa y norteamericana, entonces no sé si pecamos de soberbios o tenemos cierto complejo de inferioridad, pero la verdad es que no estamos aprovechando la proximidad geográfica y la actitud que tiene el argentino promedio para compartir su conocimiento y más si se trata de baloncesto. Ellos tienen grabado a fuego lo que pregonaba el gurú del básquetbol argentino León Najnudel, si vos compartís tu conocimiento y haces mejor a tu rival eso te va a obligar a elevar tu nivel, lo que hace que sea una retroalimentación que no termina nunca. Por ende ellos están muy dispuestos a compartir conocimientos, pero por alguna razón no nos enfocamos en aprender de alguien que lo hace mejor que uno lo que es un principio básico de la búsqueda del éxito en la vida. Es decir si alguien tiene éxito buscá imitarlo, es algo bastante básico pero nos cuesta mucho.

Los triunfos de Uruguay a nivel internacional ya están bastante lejanos, y en los últimos años hay una gran sequía…

Creo que tampoco tenemos tanto talento en los jugadores, tampoco tenemos tanta calidad en los entrenadores salvo por algunas muy pocas excepciones, y los dirigentes son solo una pata más de la mesa y no quiero cargarlos con la responsabilidad, porque de hecho ellos invierten tiempo y dinero propio en el básquetbol. Entonces tenemos que ser autocríticos y darnos cuenta que a veces el jugador no invierte todo lo que debe para desarrollarse y lo mismo aplica para los entrenadores. Y además, hay mucha facilidad para obtener el conocimiento es solo ir a buscarlo y tener la actitud de querer aprender, y esa falta de actitud la tienen todos los estamentos del básquetbol uruguayo, y eso es lo que nos hace estar tan estancados, todo lo que se consiga a nivel internacional va a ser un milagro, ni más ni menos.

Hiciste referencia a León Najnudel, padre de la Liga Nacional. ¿Cómo ves la Liga Uruguaya? Sobre todo en el concepto de ayudar a desarrollar o no el deporte.

Primero tenemos un país de tres millones de habitantes y el uruguayo genéticamente no es agraciado para hacer jugadores de alto nivel, sobre todo en el tema centímetros. Segundo, creo que León formó una dinastía, una escuela de entrenadores con unos alumnos de gran calidad y creo que la liga argentina es lo que es debido a los entrenadores, y ahí es donde nosotros nos quedamos atrás, hay una brecha importante. Así que hay que ver cómo juntar a los estamentos de básquetbol en una competición mejor y más sana. Obviamente no va a pasar de la noche a la mañana.

 

Foto: @ProsportsUy