Básquet Total sigue hablando con los protagonistas del juego a la espera de que vuelva a picar la naranja. Hoy le tocó a Luis “Bicho” Silveira quien, en esta descontracturada nota, charló sobre todo: sus épocas de jugador, su experiencia como DT y su presencia en redes sociales.

¿Cómo estás pasando durante la cuarentena?

Estoy como estamos todos, pusimos la vida en pausa y acá estamos a la espera de salir de esto lo antes posible, con las menores consecuencias negativas también.

¿Frenó esto el envión que había con el arranque del Metro en el cual dirigirás a Miramar?

En parte sí. Habíamos empezado a conformar parte del equipo y ahora estamos todos esperando que va a pasar con la Liga y también con el Metro lo cual obviamente está conectado entre sí, porque las conformaciones de los planteles está muy vinculadas a la Liga. Así que hay que esperar a ver qué sucede, cuanto tiempo dura esto y que decisiones se toman con respecto a la Liga y por supuesto también con respecto al Metro.

¿Qué me podés decir de tu nueva faceta como influencer? Ya que se te ha visto muy activo sobre todo en la red social Twitter.

Durante mi carrera deportiva me dediqué mucho a hacer, sin pensar mucho. Solamente hacía lo que me salía del corazón, y eso siempre fue el deporte. Pero después de que terminé mi carrera empecé a estar más en contacto conmigo mismo y me di cuenta que podía seguir influenciando positivamente la vida de otras personas, y de ahí surgió la idea de poner de la mano al deporte y la salud. Empecé como algo particular, porque después de que nos desafectaran de Defensor Sporting hubo un golpe interno entonces empecé a salir a correr 10 kilómetros por día, me quise imponer un desafío. Pero después me di cuenta que es importante que todos estemos conectados con el deporte y la actividad física de cierta manera y no me refiero a correr 10 kilómetros, ni 5 , ni 2, si no hacer algo que te haga sentir bien contigo mismo. Hubo una repercusión importante en Twitter y me puse a correr por distintos barrios, para que todos tengan las mismas posibilidades, así lograr poner senderos o lugares para realizar dicha actividad física en los barrios que no los hay porque yo viviendo en Barrio Sur estoy a metros de la rambla y es divino, pero hay barrios en el oeste o norte de Montevideo que no tienen lugares donde poder desarrollar actividad física.

Pero no solamente motivas al ejercicio en tus redes, por ejemplo ayer pudimos ver una foto con tu hija. ¿Cómo estas aprovechando este parate para conectarte más con tu familia?

Cuando pones un poco la vida en pausa empezás a darte cuenta de las cosas importantes y que muchas veces andamos corriendo atrás de cosas materiales o urgentes las cuales a pesar de ser válidas no significa que sean realmente importantes. Y cuando bajás la velocidad, obligados en este caso, te empezás a cuestionar otras cosas y te das cuenta que los grandes maestros son los niños, porque a medida que vamos creciendo nos vamos arruinando, digo yo. Si les prestas un poco de atención, que es uno de los grandes problemas que tenemos los adultos que no prestamos atención a los niños, te das cuenta que tienen mucho para enseñar y esa foto que subí con Larita en Twitter es un poco eso simplemente prestarle atención y la verdad pasas mejor.

Además en redes te mostrás como eras en la cancha, muy autentico. El año pasado con un lado más político ahora con un lado más social pero siempre dando un mensaje.

De alguna manera creo que es un poquito como la etapa final de mi carrera. Yo en un principio desplegaba mi energía y listo, pero con el tiempo me di cuenta que esa energía contagiaba a mis compañeros para que ellos también la desplieguen. Llega cierta edad que te hace investigar hacia adentro que fue lo que hiciste, si estás haciendo algo para dejar o simplemente vivís como puede vivir un animal respirando, sobreviviendo y cuidando a tu círculo íntimo que es lo que hacen los animales. Yo creo que el ser humano tiene otra cosa más transcendente que dar y ahí te empezás a dar cuenta que tenés esa posibilidad…  en mi caso mi carrera deportiva llegó a mucha gente y eso en un punto se transforma en responsabilidad. Y después de que comencé a desarrollar esa parte intento ayudar desde lo que sé que es el deporte y la salud.

Yendo un poco a tu juventud, ¿cómo fue la decisión de dejar el fútbol para seguir por el básquetbol? Y de paso ¿has pensado en retomar la carrera de medicina?

En la decisión de básquet y futbol tuvo mucho que ver Manolo Usha que fue el primer técnico mío en Stockolmo, quien me inculcó el amor por el básquet. Cuando tuve que tomar la decisión el fútbol era una zanahoria grande pero lejana y que básquetbol era algo que estaba ahí a la mano porque yo con 16 años ya estaba jugando en el primero y además el calor de la gente gritando al costado de la cancha, casi que al lado tuyo, era algo que me seducía mucho. Por otro lado estaba justamente el tema del estudio, hoy en día se le pone un poco más de atención a que el deportista también esté formado, pero en aquel entonces elegías una de las dos. Pero dentro de todo el básquetbol me dio la posibilidad por muchos años de hacer lo que me gustaba en cuanto a estudios y el deporte. Y en lo de la carrera el otro día pude hablar con Álvaro Villar (médico, candidato a intendente de Montevideo) y me incentivó preguntándome por qué no terminaba la carrera. Pero hoy aparte de mi carrera de entrenador tengo emprendimientos particulares que son con los que vive mi familia y eso me quita el tiempo para terminarla. Pero me dejó esa espinita diciéndome que hoy en día es bastante más sencillo terminar la carrera y que ya había hecho lo más difícil…

En los último tiempos se han popularizado diferentes challenges, uno de ellos consitía en nombrar cuatro jugadores que te hayan marcado y mucha gente puso entre ellos a Luis “Bicho” Silveira, ¿cómo se siente eso?

Si bien estoy agarrándole la mano a Twitter, a los challenges y demás aún no del todo. Pero si pude ver eso que vos decías y obviamente te hace sentir bien porque haces las cosas con pasión, no para que el día de mañana te lo reconozcan, pero cuando llega su momento y te das cuenta que dejaste alguna marca te hace sentir bien contigo mismo. En definitiva lo que todos queremos es dejar una huella. Nosotros salimos campeones Sudamericanos en 1995 y 1997, te podes imaginar que del punto de vista económico hoy en día no hay nada, lo que queda es ese sabor, esa sensación que hay un montón de gente que recuerda como algo hermoso haber vivido ese tiempo y haber visto a Uruguay en la cima de América. Yo personalmente tengo ese recuerdo de cuando llegamos en el ’97, una caravana que nos esperó por todo 18 de julio con mucha gente muy feliz y después de 20 años hay gente que aún me recuerda ese momento. Con eso te das cuenta que a ellos los marcó de alguna manera y entonces también ves que dejaste una huella.

¿Cuál es el partido que más marcó tu vida?

Es muy difícil elegir eso. Yo calculo que tengo más de 1000 partidos jugados y encontrar cuál es el que te marca es muy complicado porque, por ejemplo, uno que me marcó fue el partido entre Venezuela y Brasil el cual significó nuestro título en Maracaibo, seguramente vibré y recuerdo más esos minutos finales que varios de los que jugué yo. Otro que recuerdo fue un partido en el ’95 acá que en determinado momento me tocó tirar dos tiros libres en un cierre parejo, fallé el primero y ahí se ve que no es nada fácil estar ahí porque tenés 12.500 personas esperando que lo emboques, el diámetro del aro pasa a ser mínimo y esos momentos te marca, porque si vos te concentrás en todo el mundo que está esperando que emboques seguramente no le pegues ni al aro y ahí aprendes a liberar la mente y demás.

Recuerdo también un partido en Peñarol de Mar del Plata que jugamos contra Independiente de Pico de visita. En ese Peñarol esa vez estábamos prácticamente descendidos, yo llegué a los últimos dos meses, en todo el torneo había ganado un partido fuera de casa y llegó el momento en el que teníamos que ganar o ganar. Y este que se jugó en Pico era difícil porque Independiente era un buen equipo. Ese partido en particular yo hice 37 puntos tirando para un 80% de campo, creo que fue el partido más redondo de mi carrera. Además teníamos a otro extranjero que se llamaba Joe Bunn el cual promediaba por partido 49 puntos. Cuando terminó ese partido el periodista me preguntó si sabía cuántos puntos había hecho y me dijo que 37, y enseguida preguntó si creía que había sido el goleador ya me había dado cuenta que la pregunta iba con trampa porque Joe había andado bien y él había hecho 56 puntos. Entre los dos cargamos al equipo y ganamos 110-105 de alguna manera eso catapultó al equipo dándole confianza y haciendo que ganáramos una serie de partidos que nos salvó del descenso, y hoy por hoy Peñarol es el único equipo que nunca perdió la categoría. Ahí te das cuenta que no es un torneo lo que te marca, simplemente una salvada del descenso.

También está el de Salto Uruguay, capaz que no el último sino el que ganamos en Salto con el triple de Leo Vacca en la hora. También tengo varios partidos con Sayago en donde habíamos armado un equipo que estaba descendido antes de jugar siquiera y después nos terminamos metiendo en playoffs, con Welcome también, ganar un título es difícil imagínate cuatro seguidos es un logro tremendo. Lo mismo con Defensor Sporting que ganó la primer Liga y el último Federal. Son pequeñas cosas que después te das cuenta que somos muy pocos los que tenemos esos privilegios como los de Defensor Sporting. No es fácil elegir uno solo.

Vos decías que aquel partido de Peñarol fue casi perfecto pero hay otro partido que pasaste los 30 puntos tirando porcentajes exorbitantes, un Atenas vs Stockolmo en la Liga Uruguaya de Ascenso 2016.

Me acuerdo de ese partido también. Cuando yo llegué a Stockolmo me comentaron que económicamente no tenían mucho a lo que les dije que no se preocuparan que yo solo quería jugar por Stocoklmo. Lo que sí les dije es que ya tenía 45 años y que no estaba para jugar 30 o 40 minutos y ser la figura, estaba para 15 minutos y aportar en lo que podía, incluso habíamos acordado que no iba a arrancar de titular y demás. Resulta que antes de arrancar el campeonato se lesionaron dos jugadores y en el primer partido fui titular, intentando limitar los minutos, no hubo caso al tercer partido estaba jugando por encima de los 35 minutos, tirándome de cabeza cosa que no puedo cambiar. Pero ese partido puntualmente fue increíble, las cosas se fueron hilvanando, entraban los triples y terminamos ganando un partido de locos contra un candidato al ascenso.

Pero lo real es que ya en ese momento estaba jugando mucho minutos y no te miento, cuando llegaba a casa estaba 10 minutos para subir el piso y medio que tenía que subir y cuando terminó el torneo estuve un mes y medio para recuperarme, obviamente en la cancha no me daba cuenta pero después el cuerpo me pasó factura. Sin embargo y más allá de los dolores fue muy reconfortante darle a mi club la parte buena que me quedaba desde lo deportivo porque no me hubiese gustado darle una versión mía que no rindiera. Creo que logré hacerlo un poco por el físico otro poco por el corazó0n, pero en sí me gustó mucho terminar mi carrera de esa forma.

Ya venía de hace años, pero esa temporada todos recordamos tus rutinas o cábalas antes de empezar los partidos, que hasta mismo los árbitros te esperaban.

Yo en realidad no creo en la cábalas pero como que esas rutinas me daban una falsa seguridad que por las dudas no las quebrás. Si te lo ponés a pensar en frío son tonterías pero en ese momento me daba esa seguridad y yo tenía una que era ser el último en convertir antes del llamado del técnico y después al final le pegaba con el codo. Los jueces creo que de alguna manera tenían un poco más de paciencia por respeto a la trayectoria, pero más que nada porque me llevaba muy bien con ellos en líneas generales, contrario a lo que todos pensaban. Yo siempre creí que eran como nosotros, seres humanos que podían equivocarse, en sí ellos me bancaban más a mí que yo a ellos. A su vez siempre hubo mucho respeto, incluso recuerdo que varios de los jóvenes que nos hacían en los amistosos terminaron siendo internacionales en algunos casos, y yo estando tres décadas jugando los vi crecer también.

¿Cómo fue dar el paso de jugador a entrenador y sobre todo hacerlo en tu club, Stockolmo?

No sé si pesaba un poco más, pero en sí era mi primera experiencia como entrenador en jefe de un equipo mayor en un torneo largo como lo es el Metro, porque yo ya había dirigido en San Carlos. Hubo un poco de nerviosismo en los primeros partidos. Ya después era que estaba dirigiendo a un equipo de básquetbol y mi preocupación mayor era conseguir un buen grupo, sólido, que nos pudiera llevar a buenos resultados. Ese fue mi objetivo en Stockolmo: hacer un buen equipo, de buenas personas que tuvieran un objetivo en común y que pudiéramos sobrellevar dificultades como después nos terminó pasando. Comenzamos con algún traspié, luego nos acomodamos y estábamos a un buen nivel como para dar pelea en la zona alta. Llegó la quita de puntos que nos llevó a jugar la zona baja y terminamos jugando un buen básquetbol producto a que la fuerza del grupo sacó adelante al equipo, sobre todo después de las lesiones y dificultades. En sí se terminó cumpliendo mi objetivo primario que era armar un buen grupo que pusiera al equipo por encima de las individualidades, y a fin de cuentas jugamos un buen básquetbol, por lo que el balance fue positivo.

Ahora este año viene un nuevo desafío con Miramar, que también es una segunda casa para mí porque conozco a la gente y son como yo, gente muy humilde que vive el básquetbol con mucha pasión, así que creo que nos vamos a llevar bien.