Los Angeles Lakers vencieron a Milwaukee Bucks en la noche de ayer, logrando sellar su pase a Playoffs después de siete oscuros años. Una historia de persistencia, paciencia y apoyo incondicional, que le permite a un gigante despertarse para hacer temblar a la liga entera una vez más. Columna dedicada a uno de los equipos más laureados de la historia de este deporte.

Para comenzar a explicar este momento que viven los laguneros, debemos remontarnos a fines de la década pasada, cuando lograban dos títulos consecutivos, venciendo a Orlando Magic 4-1 en Las Finales de la temporada 2008/09 y al año siguiente a Boston Celtics en un histórico séptimo partido, que les acabó dando su 16° anillo tras cerrar la serie 4-3 a su favor. En ambas oportunidades, el MVP de Las Finales se lo llevó la Mamba, Kobe Bean Bryant.

La gente celebraba un nuevo título, y jamás imaginó lo duro que se volvería todo de ahí en más. Las siguientes temporadas estuvieron plagadas de altibajos, pero aún así lograban meterse en Playoffs, al menos hasta la edición 2012/13, donde habían conformado un equipo esperanzador, que les permitía de alguna manera soñar con volver a la grandeza. El quinteto estaba formado por Steve Nash, Kobe Bryant, Metta World Peace, Pau Gasol y Dwight Howard. ¿Cuadrazo, no? Sí, eso creíamos, pero el equipo nunca logró jugar como uno, dependieron en demasía de las individualidades y acabaron siendo barridos 0-4 por San Antonio Spurs en primera ronda.

El momento era malo, claramente, pero lo que se venía sería todavía peor. Pau Gasol decidió tomar otro camino en la Agencia Libre, Nash pasó lesionado y nunca pudo incidir, Howard no se sintió cómodo y también decidió partir y, como si fuera poco, el retiro de Kobe asomaba y comenzar una reconstrucción parecía algo inminente. Sin más preámbulos ni intentos fallidos de regresar a la cima, los Lakers empezaron a reconstruirse con Jeanie Buss al frente de la franquicia.

Con todo el espacio salarial que quedó, y la negativa de algunas estrellas para unirse al equipo, decidieron fichar varios jugadores jóvenes para comenzar a encarar la nueva era, ya sin Phil Jackson a un costado del rectángulo. Wesley Johnson, Nick Young, Shawne Williams, Ryan Kelly, Jordan Farmar y Chris Kaman fueron algunas de las incorporaciones para afrontar la temporada 2013/14. Las expectativas eran bajísimas, y los fanáticos debían comprender lo que serían los próximos años, para seguir llenando las tribunas y alentando al equipo pese al mal momento.

Con los dientes apretados para aguantar el tirón, los laguneros comenzaron a recorrer el camino de la reconstrucción, un camino largo y difícil de transitar, tanto que alguno dejaron de transitarlo a la mitad, pero los que quedaron sabían que era la forma de volver a la grandeza y de una forma u otra podían ver esa diminuta luz al final del túnel que nadie más podría ver. Los haters aprovecharon más que nunca para burlarse, los rivales de toda la vida pasaban por el recinto destrozándolos, pero los verdaderos fanáticos se mantuvieron firmes, confiando en que lo que hacía el equipo era lo correcto y que sin dudas volverían, algún día volverían.

Los años pasaron y la oscuridad persistió, de verdad persistió. A tal punto de ser realmente cruel, tanto así que el retiro de Kobe Bryant y la peor temporada en la historia de la franquicia se dieron al mismo tiempo. Aún así, y brillando con luz propia como lo hizo siempre, el final de la carrera de la Mamba dio algunas alegrías a los hinchas pese a que el equipo acabara con récord de 17 victorias y 65 derrotas. Su último e increíble juego con 60 puntos y triunfo ante Utah Jazz dejó atrás todo lo nefasto que había sido la campaña a nivel colectivo, y por un momento lograron vestir la dura realidad, para retirar al mejor Laker de la historia como se lo merecía.

La era post-Kobe se volvió difícil, varios jóvenes como Julius Rande, D’Angelo Russell, Larry Nance Jr, Jordan Clarkson, Brandon Ingram y Lonzo Ball pasaron por el equipo sin lograr asentarse para continuar su legado y devolver la felicidad a la ciudad de Los Angeles. Todos pasaron sin pena ni gloria, y hoy en día se encuentran defendiendo otras camisetas.

Poco más de dos años después del retiro de Bryant, la alegría regresó a la laguna, porque en la madrugada del 1 de julio de 2018 el popular periodista de ESPN, Adrian Wojnarowski, twitteó la mejor noticia que cualquier fanático Laker pudiera recibir en ese momento, ya que después de muchísimas especulaciones, finalmente LeBron James había decidido vestirse de púrpura y oro tras decretar su salida de Cleveland Cavaliers. La expectativa volvía, las esperanzas renacían, aquellas personas que se decían fanáticos y habían dejado de seguir al equipo en la reconstrucción volvieron, mientras que los verdaderos hinchas de una vez por todas podían apreciar el final del túnel, donde la luz se veía más fuerte que nunca.

Sin embargo, pese al hype generado por la llegada de James, su primera temporada con el equipo no fue la esperada. Las lesiones pudieron más que ellos, los agarraron desprevenidos y cuando quisieron acordarse ya estaban lejos de alcanzar los Playoffs. El experimento de contar con Magic Johnson tomando decisiones en las oficinas del equipo no había funcionado. Una vez más, tocaba creer y esperar al siguiente año.

Llegó la Agencia Libre 2019, y con ella una nueva alegría, porque las especulaciones ponían a los más grandes vistiendo la casaca dorada nuevamente. Un año atrás había sido LeBron James el indicado, y ahora sería el turno de Anthony Davis, quien decidió unirse a James en Los Angeles para intentar llevar el 17° trofeo a la vitrina angelina. Mientras tanto, Rob Pelinka comenzó a operar en solitario dentro de las oficinas, haciendo un gran trabajo y dejando claro que de alguna manera el problema ahí dentro era Magic.

La temporada comenzó de una manera inmejorable y el resto es historia. Hoy los Lakers se encuentran en la primera posición de la Conferencia Oeste con récord de 48 victorias y 12 derrotas, pero lo más importante, con una plaza ya asegurada en los Playoffs. Jugando buen básquetbol, derrotando a otros equipos contendientes y demostrando que el gigante está de vuelta, más despierto que nunca, con ganas de regresar a la cima después de mucho tiempo en la sombra.

Premio a la perseverancia de toda una franquicia, que aguantó los peores momentos de su historia durante siete largos años, que se volvieron realmente interminables. En ese tiempo pudieron cambiar dolor por alegría, silencio por algarabía y lágrimas de tristeza por lágrimas de emoción, pero la grandeza dorada la mantuvieron siempre, con ese apoyo incondicional tan importante y significativo para los que lo viven desde adentro. Hoy se terminó todo, la sequía llegó a su fin, y el pueblo angelino está de fiesta.

Kobe mira desde arriba y se enorgullece, se pone su armadura dorada con el 24 en el pecho, esa que defendió a más no poder durante 20 años, y se sienta en algún rinconcito del paraíso a ver como sus amados Lakers vuelven a la grandeza en el estadio que él mismo construyó, continuando con el legado que él mismo dejó. Todos juegan por él y se nota, cuando los de púrpura y oro saltan a la cancha en el Staples Center lo hacen al compás de la Mamba, todos con algo de él dentro de sí mismos. Creímos que los inmortales no existían, pero nos mintieron, las leyendas nunca mueren.

Vayan con cuidado y ajusten sus cinturones, dirían aquel gran relator, porque despertaron a la bestia que nadie quería volver a ver, una bestia peligrosa que quiere alcanzar el trono nuevamente. Esperamos siete años para decirlo, es bastante, pero aquí estamos. Señoras y señores, oficialmente, el gigante ha vuelto.