A los 41 años y tras un accidente de helicóptero, Kobe Bryant falleció en California, Estados Unidos.

Miro la pared de mi cuarto y veo tu póster. Abro el armario y se caen las camisetas con tu nombre. Las del número 24 y las del 8, da igual. Recién arrancaba el 2000 cuando me empecé a enamorar de tu juego. Primero siendo parte del dúo más dominante de la historia junto a Shaquille O'Neal. Después bancándote años con equipos que no estuvieron a tu nivel pero que sirvieron para que muestres de lo que eras capaz y lograras récords y deleitaras con jugadas que no parecían reales.

¿81 puntos en un partido? ¿62 puntos tuyos en tres cuartos cuando tu rival llevaba 61 y pidiendo no jugar el último porque ya estaba liquidado? ¿Un triple imposible con izquierda cuando tu mano hábil era la derecha? Podríamos estar horas recordando acciones tuyas que quedaron para la historia, pero si hay algo que todos siempre te reconocieron fue tu ética de trabajo. Metta World Peace -Ron Artest- dijo alguna vez: "Cuando fiché por los Lakers, quise impresionar a Kobe así que fui al gimnasio a entrenar a las 6 de la mañana. Él estaba ahí desde las 4". La mamba mentality fue el legado que dejaste aún cuando hace unos años ya no estabas jugando.

Tu pasión por perfeccionar cada movimiento permitió que luego de años de sequía pudieras vencer al eterno rival de tu franquicia convirtiendo a los Lakers en el mejor de la NBA y demostrándole al mundo - y a vos mismo - que podías ganar sin la gigante figura de Shaq al lado. Ganaste trofeos de equipo, trofeos individuales, ganaste con tu selección y hasta tiraste libres con el áquiles roto. Te entregaste al deporte que amabas y tu última canción la tocaste el último día de tu carrera cuando anotaste 60 puntos en una noche de locura. Si habrá sido enorme tu amor por lo que hacías que una carta que hiciste por tu retiro terminó ganando un Oscar.

Traspasaste fronteras, traspasaste tu zona de influencia, llegaste a los corazones de personas a miles de kilómetros de donde vos eras. Dejaste un legado, más allá de puntos, triples o hundidas. El legado de trabajo, de siempre dar un poco más. Dejaste la Mamba Mentality como tu forma de ver la vida. Te fuiste como el único tipo con dos camisetas retiradas. Te fuiste, pero nunca te irás Kobe, porque siempre vas a vivir en el corazón de los que amamos este deporte. Hasta siempre Mamba, hasta siempre Kobe. Hasta siempre, leyenda.