Luego de tres años al frente de la Liga Femenina de Básquetbol, Tamara Rudnitzki dejó la presidencia del torneo y conversó con Básquet Total para hacer un balance de este período.

¿Cómo llegaste a ser presidenta de la Liga Femenina?

Arranqué porque en twitter veía información del básquetbol femenino y yo siempre la comentaba o la compartía. Viendo mi interés fue que Victor Porratti, quien en aquel momento era el presidente de la liga femenina, se contactó conmigo para ver sí me podía llegar a interesar participar y estar en la Federación Uruguaya de Basketball (FUBB) y en ese momento dije “¿por qué no?”, siempre me gustó el básquetbol y esta podía ser una buena oportunidad. Me junté con Víctor un par de veces en la Federación y ahí empecé a trabajar con él y con Claudia Pazos. A los meses Victor renunció (no tengo claro los motivos, hubo siempre distintas versiones), Claudia también se fue porque estaba muy complicada y no le daban los tiempos, y así fue como en febrero de 2017 pasé a ser la presidenta.

Tuve que asumir un rol donde mi principal problema era que desconocía la Federación, el funcionamiento, la Liga Femenina tampoco la conocía tanto. Fue una experiencia un poco apresurada pero muy enriquecedora.

¿Cómo fueron esos primeros meses al mando?

Dentro de la Federación, la receptividad fue muy buena. Todas las personas que me presentaron, desde funcionarios hasta puestos centrales tuve buen trato con ellos. Después el trato con los clubes fue otra instancia que me pareció muy buena. En un primer momento en lo que respecta a la integración todo fue muy bien. Más tarde empecé a entender cómo funcionaba la liga, ver qué cosas estaban bien y qué necesitaba arreglarse. Lo primero que hice, quizás por mi formación como Contadora, fue darle una estructura y un orden al torneo, formalizar un poco más el reglamento que ya tenía, pedirle a uno de los abogados de la Federación, que en este caso fue Oscar Grecco, que me diera una mano con el tema del reglamento para que quedaran más cosas escritas. En resumen, darle más seriedad al torneo.

Ese fue nuestro centro de atención, dejar fijado por reglamento que se juegue tales días y en determinados horarios y que no sea cancelable fácilmente. Muchas veces pasaba que los partidos se cancelaban de golpe, por eso nos pusimos firmes en que se cumpliera con el reglamento porque entendí que una de las cosas que debíamos hacer era difundirlo.

Para darle esa difusión no había otra que ofrecer algo serio y comprometido, porque intentar difundir algo que es volátil y que siempre se está en la duda de “se juega, no se juega” no sería fácil, en cambio con una estructura y sabiendo que se va a jugar tal día iba a dar una mejor difusión para que se siga creciendo, se siga mejorando, y generar más interés en las chicas.

Otro punto en el que nos enfocamos fue en el de los equipos deportivos. Muchas veces pasaba que en algún partido, por poner un ejemplo exagerado, que en un partido de Aguada una jugadora estaba de short negro y camisa a cuadros y las demás con camisetas de Aguada distintas. Buscamos que todos los clubes tuvieran su equipo, sin importar la calidad, pero que el short y la remera fueran las mismas de todas las jugadoras. No porque sea femenino y no tengamos mucha visibilidad quiere decir que no se pueda hacer un campeonato serio. Eso fue muy bueno porque todos los clubes lo siguieron y lo aplicaron, hasta en un momento pedimos que tuvieran las medias de los mismos colores y también lo hicieron.

El primer año fue así, de darle estructura y seriedad. Que los clubes se acostumbraran a jugar en una fecha y un horario determinados y que el torneo fuera un poco más serio.

También ese año fue que se empezaron a televisar las finales del femenino, con Defensor contra Malvín.

Como yo tan interiorizada en el femenino no estaba, lo primero que me marqué fue ir a todos los partidos. A veces se complicaba un poco porque haber puesto todos los partidos el mismo día y en una franja horaria muy similar hacía que ir a todos fuera un poco más difícil, pero pude hacerlo y a los meses de ver el nivel al que se estaba jugando hablé en la Federación internamente porque entendía que había clubes con un nivel que podían perfectamente brindar un espectáculo bueno para la televisión.

Esto es como todo, hay niveles mejores y otros no tanto dentro de la liga. Y para difundir, para mostrar y para vender, porque además queríamos sumar algún auspiciante para seguir creciendo, entendí que había un nivel de básquetbol para mostrar. Ahí nació la idea de televisar los partidos de las finales, se planteó con Tenfield y por suerte tuvimos la primera final transmitida por televisión. Que además de eso fue un éxito porque las canchas estuvieron llenas, tanto así que en la final que se disputó en Jaime Zudañez hubo gente que se quedó sin lugar de lo llena que estaba la tribuna. Para mí fue un gran éxito.

Otra cosa que aproveché fue que al ir a todos los partidos y teniendo buena relación con los clubes tuve acceso a todos los formularios de los partidos. Lo que hice fue hacérselos llegar a los medios de prensa y que ellos tuvieran la información para generar notas y difundir. Era clave tener una buena relación con la prensa del básquetbol, que generaran cosas del femenino para tener más difusión. La receptividad de todos los medios fue buenísima, algunos ya iban sin que yo tuviera que pasarles la información. Además de las finales televisadas, esta fue otra de las grandes ayudas que tuvimos. Esta difusión hizo que la gente lo viera y se diera cuenta que el femenino también es básquetbol, solo que, jugado por mujeres, y no era “jugar a la pelota”.

El 2017 fue un gran año para ser el del arranque.

Ahora pasemos al 2018. ¿Cómo fue tu segundo año?

Ahí ya teníamos la estructura bien armada, los partidos se jugaban bien en fecha y no se aplazaban, habíamos tenido la final televisada y en 2018 la idea era generar más cosas. Acercarnos más a algunos clubes, que los que ya teníamos siguieran apostando y seguir buscando dónde mejorar. En ese año logramos tener estadísticas en las etapas finales, que también sirvió para que el público tuviera la información en línea y pudiera acceder, además de que nuevamente tuvimos la final televisada.

El 2018 fue un año de seguir con lo del 2017, desde la estructura del torneo, mejorar el tema de la difusión, las estadísticas y contagiando a más clubes.

¿Y cómo definirías tu último año, el 2019?

Fue un año redondo, muy bueno por todos lados. El gran desafío que tuvimos fue la inclusión de Remeros en el torneo. Estuvo muy bueno que Remeros se acercara a la Federación a decir que querían jugar, plantear sus posibilidades y qué cosas podrían hacer para participar y sobre todo el hecho de que a alguien del interior le haya picado el bichito de competir creo que es gracias a la tele.

Fue un gran desafío para la Federación, para los clubes y para todos los que formamos parte del básquetbol, ya que de alguna manera todos tuvimos que adaptarnos un poco, y todos los colectivos del básquetbol aportaron desde sus lugares para que Remeros pudiera jugar, y el que todos estuvieran en sintonía fue lo que ayudó a que se llevara esto adelante. Salió todo redondo e incluso se quedaron con la Copa de Plata, así que fue un éxito total.

Lo segundo importante fue en las finales, si bien se seguían televisando, hicimos la apuesta de cobrar entradas a $120. Esto surgió porque en las finales de 2018 en el tercer partido en cancha de Bohemios, no me voy a olvidar más de esto, el gimnasio estaba repleto. Tanto así que tuvimos que pedir que no dejaran entrar más gente porque nos podíamos comer una multa. Yo estaba parada en el fondo y me costó ver el partido. Hablando en la Federación nos planteamos el desafío de cobrar por la entrada para las finales.

Teníamos la incertidumbre de qué podía pasar porque cuando la entrada es gratis es fácil llenar un gimnasio, pero ya cuando querés empezar a cobrar siempre tenés esa duda de si la gente va y lo paga. Pero entendíamos que lo valía porque el espectáculo lo vale, es buen básquetbol, las chicas lo valen y para mí era un producto que no había chances de que no fuera bueno. Honestamente quedé sorprendida porque se agotaron las entradas, incluso hubo gente que se quejó porque no consiguió entradas. Fue un éxito, con dos clubes buenísimos que nos dieron tres partidos tremendos.

Todo eso en cuanto a la liga mayor, pero no me quiero olvidar de otras cosas que también ayudan muchísimo que fue el tema de las selecciones nacionales femeninas. El crecimiento ha sido enorme y hay un gran trabajo ahí que esta bueno remarcar. Tanto el Gallego Álvarez como Victoria Pereyra que están ahí hace años. Ahí también se creció muchísimo y eso también ayuda al desarrollo del femenino. Cuando todo se va alineando, yendo a la par y trabajando de alguna manera en equipo, quiere decir que el trabajo se está haciendo bien y que vamos por el buen camino. La medalla de bronce en el 3x3 de alguna manera van mostrando que el trabajo no es en vano y que vale la pena invertir en el femenino, desde tiempo hasta dinero.

También mencionar a todos los colectivos en general que nos rodean, más allá de las jugadoras y los clubes, como por ejemplo los árbitros cuando pedimos que vinieran jueces con más experiencia para ayudar a crecer la competencia. Nos han apoyado un montón.

Todo esto se ve también en que hay más clubes que se sumaron en estos últimos años.

Me parece que está buenísimo y que suma un montón. Este es el mismo deporte que en el masculino, pero lo más difícil es mantenerlo, ya que al no ser obligatorio algunos clubes que estuvieron una temporada a la siguiente no están. Lo que hay que lograr es que los clubes se consoliden en el femenino y lo mantengan en serio. Para eso tiene que venir la orden desde la directiva. Creo que ese es el trabajo que queda por hacer, el de lograr la consolidación y estabilidad. Por ahora es puro estímulo, contagiarse de que las chicas juegan bien.

Me parece que el proyecto del femenino es uno divino que tiene un montón de cosas para seguir creciendo y apostando y que me da mucho placer haber formado parte de este proyecto durante tres años porque la verdad creo que lo vale y porque me conquistaron. Seguiré desde otro lugar, pero no me voy a ir porque los disfruto. Me encantó ir a todos los partidos, nunca fue una carga y menos cuando se veía que el nivel mejoraba año a año y eso está muy bueno porque quiere decir que la apuesta crece. Si bien hay algunos clubes que se han bajado, otros que se han mantenido y cada vez hay más niñas en las canchas. Eso me llena el corazón, está buenísimo que las puertas se abran en los clubes para que las chicas puedan jugar. Muchas veces lo que pasa no es que no haya chicas con ganas de jugar, es que no tienen espacio. Pero siempre que se les da ese espacio las chicas están ahí.

Hay que seguir apostando al femenino, que más clubes se sigan contagiando y por qué no en un futuro trabajar en competencias regionales. Hacer algo nacional hoy en día es casi inviable, pero algo regional estaría bueno y creo que la tele es uno de los factores que nos va a ayudar muchísimo porque llega a todos lados y así todos lo pueden ver. Esperemos que eso se pueda realizar.