Sabido es el gran protagonismo que han tomado algunas jugadoras jóvenes en sus respectivos, muchas U19, o incluso U17, que se han transofrmado en figuras, tales como Florencia Niski y Josefina Zeballos en Bohemios, Pierina Rossi en Hebraica o Camila Kischerbaum en Defensor Sporting. Sin embargo, hubo una que triunfó a lo grande, tanto a nivel colectivo como personal.

Hablamos de Emilia Larre Borges, quién con el pasar de los años se ha ido fortaleciendo y transformando en una jugadora de alto nivel para la Liga Femenina. Quizás no sea la que más puntos hace, más espectáculo da o la que cuenta con números más vistoso, pero ella siempre está ahí, siempre aparece cuando su equipo la necesita y muchas veces en silencio, acaba siendo la figura y clave del encuentro.

Las Finales no fueron la excepción, pues esta edición la afrontó con más responsabilidades dentro del equipo que en años anteriores, pasando a ser un pilar importantísimo para el rendimiento colectivo, porque tiene buenos movimientos bajo el aro, pero también cuenta con un tiro exterior cada vez más fiable, y una defensa feroz, siendo de esas jugadoras con la que nadie se quiere enfrentar.

En los últimos tres juegos, que acabarían otorgándole el título a Malvín, le tocó bailar con una de las más feas en defensa, teniendo que defender a la venezolana Estefani Fajardo, quien cuenta con un muy buen juego en el poste y sabe sacar ventajas allí. ¿Que hizo Larre Borges? Sí, la anuló completamente, al punto que la foránea casi ni participó en el apartado anotador del tercer partido definitorio, viéndose vencida constantemente por la joven playera.

Pero no se puede vivir solo de la defensa, todos los equipos aspirantes necesitan algo en ataque. Bueno, ahí también lastimó Larre Borges, y de qué manera… Clavó tres bombazos en el segundo juego, dando la cara por su equipo en el momento más complejo de la noche y convirtiéndose en la cara ofensiva del mismo, pero no sería suficiente para coronarse campeonas en Emilio Frugoni.

Llegó la tercera final, estadio lleno, locatarias, la ansiedad y el nerviosismo se respiraban en el ambiente, la emoción estaba a flor de piel y todo el mundo esperaba conocer quien sería el nuevo campeón del torneo. El partido fue de rachas, ambos conjuntos tuvieron sus momentos de lucidez que supieron aprovechar de diversas maneras, pero hubo uno en particular que quedará marcado por un tiempo, el momento quiebre del partido, donde los hinchas, jugadoras y familiares del azul de la playa alzaron los brazos al cielo gritando por su querido Malvín. Emilia Larre Borges puso dos bombas consecutivas en plena reacción fusionada, poniendo la daga y con ella el broche al juego y al título número dieciséis de la playa.

La gente enloqueció, Malvín estaba a nada de volver a coronarse campeón de la LFB. Y sí, había sido ella, la mujer que algún día fue una niña corriendo por los pasillos del club y que ahora, con solo dieciséis años, le acababa de dar un nuevo campeonato al playero. El premio personal también estuvo, ya que fue nombrada MVP de las Finales, tras ser votada por los integrantes de la mesa que presenciaron el cotejo. Pero de seguro lo más importante sea el crecimiento, la evolución y el hecho de haber cumplido el tan ansiado objetivo.

Es ella, la que sentenció la llegada de un nuevo trofeo a las vitrinas de la institución y una de las tantas que llena de esperanza el futuro del básquetbol femenino en nuestro país. Fue, es y va a seguir siendo ella, la gigante de La Unión. Hay Emilia Larre Borges para rato, y Malvín, al igual que nosotros, somos quienes la disfrutamos.