Peñarol derrotó a Cordón en un partido dificilísimo, y completó la escalera perfecta hacia la Liga, logrando dos ascensos de forma inmediata, tras decidir volver a presentarse como equipo de básquetbol. Aprovechando este hito, recordaremos y analizaremos los momentos más importantes del proceso aurinegro en estos dos años, donde se afilió a la FUBB, salió campeón invicto de la DTA, y ahora logró regresar a primera, tras 34 años de espera.

En 1985 el club perdió la categoría, descendiendo a la segunda división profesional, comenzando así una serie de malos resultados que, junto a los problemas económicos por los que atravesó la institución, propiciaron la desafiliación definitiva en 1997. Veintidós años más tarde, luego de amagar a volver varias oportunidades, finalmente el aurinegro regresó para disputar la DTA 2018.

Jugadores como Maximiliano Botta, “Pepusa” Pérez, Diego Álvarez, Gonzalo Rivas, Imanol Asaravicius, Juan Wenzel, Damián Blazina y Brian Craig llegaron al Palacio Peñarol para ser los encargados de dar el primer paso hacia la gloria. Con Castrillón detrás del volante, el elenco mirasol logró el ascenso como campeón e invicto, ganando los quince encuentros que disputó, teniendo su partido más complicado el 31/10, por la fase regular, cuando Montevideo forzó dos alargues en el Palacio Peñarol, gracias a una gran actuación de Rodrigo Cardozo, quien finalmente se iría por faltas, lo que fue importante para que el carbonero se acabara llevando el partido en cifras 115-100.

Los jugadores más importantes en al ascenso volvieron a ser llamados para disputar El Metro: Álvarez, Wenzel y el pibe de cuarenta, “Pepusa” Pérez, ellos se transformaron en los máximos referentes del equipo, sumándose Asaravicius y Blazina a una columna vertebral que fue clave en ambos torneos, y que Peñarol mantuvo, en el acierto o el error, para acabar cumpliendo con los objetivos establecidos. Sin embargo, el tridente anteriormente mencionado es, sin dudas, el que más representa el proceso aurinegro, participes y figuras de todas las instancias, de celebración y amargura, en el camino hacia la Liga.

El Metro fue distinto, era algo esperable, no sería tan fácil esta vez. Peñarol mantuvo los pilares del equipo, y lo reforzó con las incorporaciones de Salvador Zanotta y el foráneo Khapri Alston, jugadores de calidad que rápidamente se convirtieron en figuras del carbonero. El comienzo fue bueno, la locomotora parecía ir agarrando ritmo, pero en un torneo como El Metro, cada detalle cuenta, para bien o para mal. Equipos como Cordón, Miramar y Larre Borges se mantenían al alpiste de algún traspié mirasol para hacerse con al punta de la tabla. Hubo idas y vueltas, el primer lugar de la tabla tuvo varios dueños a lo largo del año, pero finalmente acabó siendo dominada por Miramar.

En un momento todo parecía color de rosas, pero de un momento a otro la situación se empezó a complicar. Agustín Zuvich había llegado al equipo como figura, pero tuvo que despedirse de forma tempranera, luego de recibir una dura sanción por parte de la FUBB, debido a los hechos de público conocimiento ocurridos con las apuestas deportivas. Esto significó un duro golpe para un conjunto que, varias fechas más tarde, se enteró que su extranjero, Khapri Alston, debía regresar a Estados Unidos después de jugar un duro partido ante Miramar en cancha de Colón, ya que su hija sería sometida a una operación de urgencia.

El reemplazante fue Calvin Warner, un interno con experiencia que venía de hacer un buen papel en la pasada edición de Liga vistiendo la camiseta de Sayago. Sin embargo, pareció haber dejado su nivel en norteamérica, porque acá nunca apareció. Disputó tres encuentros, en los que promedió tan solo 9.0 puntos, 9.3 rebotes y 2.0 asistencias en 30.6 minutos por noche. Unos números muy bajos para lo que el equipo necesitaba, por lo que se optó por cortarlo e ir en busca de un nuevo extranjero.

Al corte de Warner se sumó Castrillón, quien, tras un año y medio al mando del aurinegro, dejó el cargo de mutuo acuerdo con la directiva. La incertidumbre era total, sin extranjero, director técnico, ni la punta del torneo. Peñarol parecía caerse a pedazos, y las chances de ascender parecían esfumarse. Sin embargo, se llegó a un acuerdo para que el actual entrenador de la selección uruguaya, Edgardo Kogan, asumiera como nueva voz de mando en el carbonero, sumando experiencia y lectura a un equipo golpeado tanto anímica como deportivamente.

Dos días después que de Kogan se transformara en nuevo director técnico, se concretó la llegada de Juan Guerrero, un interno dominicano, con el físico como atributo principal, que ya conocía el medio, tras haber disputado la Liga 2016/17 con la camiseta de Cordón, dejando una buena imagen luego de disputar trece partidos debajo del puente.

Guerrero y Kogan le devolvieron la estabilidad deportiva a un equipo diezmado, que atravesaba su peor momento dentro de las canchas desde su regreso al básquetbol, y fueron fundamentales para que ayer Peñarol haya podido celebrar largo y tendido. Los resultados llegaron, la hinchada acompañó, Zanotta y Diego Álvarez formaron un tándem excepcional, Guerrero y el “Pepusa” volvieron a compartir cancha y se complementaron constantemente, Kogan dirigió y le dio a Peñarol una identidad de juego, importante para alcanzar el objetivo.

Tampoco se puede dejar por el camino la entrega diaria de Asaravicuis, jugador que desde el día uno se transformó en uno de los favoritos de la fanaticada, tal vez no por su juego vistoso, triples, ni mucho menos, sino que por su actitud, el no dar una pelota por perdida y tirarse al piso a dar la cara por su equipo. Los jóvenes también tuvieron sus oportunidades, Iñaki Erroizarena y Leandro García Morandi demostraron estar a la altura de la situación, teniendo que aportar en algunos minutos que les tocó ingresar al rectángulo de juego, sobre todo en tramo final, tras la baja por lesión de Damián Blazina.

Todo este conjunto de cosas, acciones, situaciones, decisiones, cambios y algunos riesgos que siempre hay que tomar para alcanzar la gloria, le permiten a Peñarol, y a toda su gente, decir, con orgullo, que hoy ya son un equipo de la Liga. De esta forma se completa un proceso bastante corto, pero largo a la vez, por las adversidades que se presentaron en el camino y las distintas formas que pudieron hallar para sobreponerse a ella, logrando completar así un ascenso merecido.

Salú pueblo carbonero, la Liga los está esperando…