El titulo podría haber sido “son de oro” o “campeones” a secas. Pero la frase del capitán Luis Alberto Scola parece aún más representativa y relevante. No deja mucho lugar para agregar ni sacar una coma. Es que en la entrevista que dio el número cuatro hace unos días, explicó claramente lo que para él significa el éxito. Ni más ni menos que “entrenar, acumular, aprender y esforzarse durante la preparación para dar el máximo en la competencia”. Totalmente aplicable a otros ámbitos, en definitiva es ponerse un objetivo y romperse por lograrlo a tal punto que no quede nada por hacer. Si llegan los resultados esperados, mejor. Si no, fuiste tú mejor versión.

Partiendo de esta premisa, resulta fácil inferir que lo importante es el proceso, o tal como grabó a fuego Tabárez que “el camino es la recompensa”. Valorando el recorrido, habiendo disfrutado cada uno de los partidos de este equipo argentino en el mundial, se cae otro mito: ese que dice que las finales se ganan y que lo único que importa es ser campeón. Hay quienes van un paso más allá y se animan a decir que prefieren no llegar a una final para perderla.

Cualquiera que se haya extasiado con alguna jugada de esta selección (no importa en qué fase del torneo se haya sumado) tuvo la oportunidad de ver 12 tipos dar el máximo y sentirse identificado. Demostrar valores como el trabajo en equipo, la solidaridad o el deseo de lograr una meta, contagiar, traspasar la pantalla y enamorar, independientemente de colores y camisetas. Todo eso va más allá de la posición final ocupada. Son el verdadero mensaje que dejan estos jugadores, sin caer en comparaciones con otros. Sin siquiera pretender ser ejemplos de nadie. Y eso los hace aún más grandes.

¿Con el reconocimiento unánime recibido por propios y extraños, alguien duda que este plantel y cuerpo técnico no sean verdaderos campeones? Se prepararon para mejorar las expectativas que ellos mismos tenían en sus resultados. Después dieron todo y se vaciaron. Además, también tuvieron la grandeza de reconocer la superioridad del rival, en los únicos 40 minutos en los que no pudieron imponer condiciones. Quienes pudimos ver este mundial de básquetbol, lo recordaremos como el torneo de Argentina, aunque la copa esté en la vitrina de España.