Dicen que en el Buceo todo el año es carnaval, pese a que estamos lejos de febrero, la noche fría de Barrio Belgrano fue una de las más felices de los últimos tiempos para la gente de Miramar.

En los clubes humildes, de barrio, todo cuesta el doble. El esfuerzo apasionado de sus hinchas empuja a salir adelante y mantener la institución de puertas abiertas, siendo casa y cuna de un montón de botijas de la zona que crecen aprendiendo a amar la pasión.

La vida negra, roja y blanca en el Buceo. Los colores del viejo Huracán y la madera de Yambo. Entre repiques de tambor y el grito de gol, se cuela la pelota naranja de Miramar que enclavada en Barrio Belgrano completa la zona con las actividades favoritas del los uruguayos: fútbol, básquetbol y carnaval.

Pasaron 23 años de la última vez que los Monos estuvieron en primera, en aquella oportunidad jugando el ya extinto Federal. Muchos no lo vieron, otros lo recuerdan en imágenes borrosas que necesitaban ser renovadas.

Pasó la desafiliación, la vuelta en la DTA y el esfuerzo de un montón de gente que remó para sacar al club adelante en los peores momentos. Entre tantos que merecen destaque, es imposible no acordarse de Andrés Arruda, que se fue hace poco. Un hombre de la casa, multifacético, enamorado de los colores, que vivió y respiró Miramar. No está fisicamente, pero la 14 colgada en el gimnasio de la calle Santiago Gadea hace que el recuerdo sea imborrable.

Ahora habrá que vender rifas, hacer festivales, bonos o lo que venga. Dar un paso adelante en profesionalizar estructuras deportivas e infraestructura edilicia. El esfuerzo de los hinchas no va a faltar para dar lo que sea necesario para que crezca Miramar.

Jugar la Liga Uruguaya es real. Dejó de ser cuestión de sueños ilusos. La oportunidad llegó, ganada a ley de juego, en cancha. Levantando la copa y festejando al amanecer, entre cerveza y vino, los Monitos imaginan visitar gimnasios copetudos, de esos que solo veían por televisión.

Que se vayan preparando, porque la LUB va a conocer el famoso grito de guerra cuando resuene fuerte el: “Miramar, Miramar, Miramar...”