La hinchada de Aguada suele caracterizarse por su impresionante forma de alentar, por la pasión con la que vive cada partido y por seguir a su equipo a todos lados. Los colores rojos y verdes, símbolos de la institución aguatera, suelen predominar en las canchas donde su camiseta salta al rectángulo de juego.

Este campeonato no fue la excepción, coparon muchas canchas, pasando por el Palacio y llegando al gran Antel Arena, todos los escenarios han sabido teñirse de rojiverde en alguna instancia de la Liga. Ni hablar cuando les toca jugar en su "Estadio Propio", lo convierten en un infierno por donde a ningún rival le gusta pasar , y eso que tuvieron que esperar para oficiar de locales, pero cuando lo pudieron hacer, lo disfrutaron, su escenario remodelado fue una joyita. Esas son virtudes que muy pocos tienen, las de generar algo en el rival y en sus propios jugadores, porque los que visten la camiseta a franjas rojas y verdes tienen sensaciones distintas al jugar en ese infierno, su infierno.

El camino fue largo, los de la Avenida San Martín pasaron por incontables altibajos que hacían dudar a cualquiera de lo que finalmente les depararía esta temporada. Sin embargo, suelen decir por ahí que a veces el camino más difícil es el correcto, no sé si será cierto, pero al menos para Aguada funcionó. Con la hinchada alentando sin parar, el equipo salió de un pozo y vio la luz, una pequeña luz, al final del túnel, de la que se aferró en pos del sueño.

Pasó la tercera cuarta parte del torneo, llegaron los Playoffs, ese momento del año que más disfrutan los hinchas, sobre todo los que la viven desde adentro, alentando a su equipo en la instancia más hermosa que se puede disputar. En el camino del viejo aguatero se cruzaron Defensor Sporting y Nacional, pero cuando jugás con seis jugadores es difícil que pierdas, ese sexto hombre rojiverde es la Brava Muchachada.

Llegaron las esperadas finales, del otro lado estaba Malvín. Lo mejor lo tenían preparado para el final, cuando en el sexto partido sacaron a relucir un espectacular mosaico que acaparó toda su tribuna, es decir, medio Antel Arena. Dicho gesto no pudo ser coronado con el título de campeón, la serie se fue a séptimo partido.

Para el día más importante de su año, esta hinchada tan peculiar como impresionante tomó la decisión de dejar la parte más alta del estadio, para colocarse en el Nivel 1, más cerca de la cancha y de sus jugadores. Nuevamente Aguada jugaba con seis gracias a su barriada, que más tarde que temprano, debido a los resultados deportivos, pudo festejar a su manera un nuevo título, el noveno en sus vitrinas. Salú campeón, salú muchachada.

La noche fue larga, lo merecían, así se festejó el título en el club...