Fotografía y Videos: Carolina Molina

Vive la vida como la siente. Dando siempre el cien por ciento y un poco más, como demuestra en cada acción de su carrera. Esa disposición extrema lo llevó a superar una prueba dificil cuando era un niño, a pelearse en una cancha con su ídolo de toda la vida o terminar en el hospital haciendo contener la respiración a un país entero por intentar defender una pelota imposible. Siempre del lado de su familia y caminando por la misma vereda, este es Álex Lópex, Afuera del rectángulo.

La hermosa vista desde el quinto piso donde vive fue la excusa perfecta para charlar casi una hora y media de su vida. Criado a pocas cuadras, en la calle José Bonaparte, Álex se define como un niño inquieto, calentón, pero con los valores que le enseñaron sus padres. Cursó primaria en el Palloti y secundaria en el Clara Jackson de Heber, fue siempre de “estudiar un día antes y que me vaya bien”. A los cinco años conoció al primer amor de su vida picando una pelota naranja y, más allá del estudio, esa fue la carrera en la que se formó y se recibió. El primer examen lo tuvo a los 11 años, “tuve que elegir entre el fútbol y el básquet, pero el estar en la selección me ayudó para inclinarme”.

La cercanía lo hizo dar sus primeros pasos en Marne donde aprendió, hizo amigos y generó una deuda que pagaría varios años después. Su vocación y habilidades lo hicieron recalar en una de las mejores escuelas formativas del país: Biguá. Fui con el campeonato a punto de empezar, pero como habíamos ido desde tan lejos, Alejandro Gava me dejó practicar, y por suerte después de esa prueba me dijeron que siga yendo”.

“No me acuerdo de nada. Cuando vi a mi madre por tele fue muy duro”. En la familia López Suberbie cuando alguno sufre, sufren todos. “Fue grave y la saqué regalada. Tuve algunas secuelas días después, me costaba caminar y perdía el equilibrio”

En la institución Villa Biarritz debutó en primera, en un equipo que recuerda como “un cuadrazo, con Taboada y Sweetney. Fue un partido que sacamos 30 puntos, el Pato Werstein decidió ponerme y como típico debutante terminé pelado por culpa de Emilio”. Sus padres, como siempre, fueron sus hinchas número uno desde su inicio y la alegría fue compartida por toda la familia.

Duró poco esa travesía, Trouville recibió al que todavía era un joven jugador. Llegó para el último año de juveniles y coincidió con un grupo de gurises que con el tiempo se volvieron sus amigos: Nicolás “Cocochito” Álvarez, Hernando Cáceres, Guillermo Bruni y Hernán Pita, entre otros. Nos hicimos amigos y encima el año de juveniles salimos campeones. No me lo voy a olvidar nunca, ganar con ellos fue especial”. El Rojo no sólo lo hizo vivir momentos únicos, sino que también lo vinculó con personajes que lo marcaron a lo largo de su carrera; Mateo Rubio y los Izuibejeres.

Del técnico español destaca que era muy intenso, las prácticas eran de una hora donde dejábamos todo. Me gustaba de él que nos tenía contentos a todos”. Esa última frase se repite bastante cuando el jugador habló del entrenador. Rubio tenía como filosofía que nadie jugara más de 30 minutos ni más de ocho seguidos, “haciendo sentir importantes a todos”. A pesar de reconocer que al principio fue raro estar jugando bien y que de golpe te sacaran para cumplir a raja tabla lo estipulado en dicha rotación, con el paso de los juegos “te acostumbrás y sabes que en poquitos minutos vas a volver”.

Otra de las características de Mateo era cambiar siempre el equipo titular, dándole la chance de jugar a quienes vio mejor en los entrenamientos previos al juego. Eso hizo que alguna vez, un sub 23 le sacara el puesto a un emblema del club como Izuibejeres:“Joaquín como capitán y gloria de Trouville se lo tomó bárbaro y entonces nadie lo veía de otra forma. Era el mejor ejemplo”. Los líderes marcan el camino y para Álex “fue de los mejores capitanes que tuve, tanto él como el padre, unos fenómenos”. Cada persona que escucha Izuibejeres sabe que se habla de Trouville, es una familia divina que se preocupa por todo. Siempre pensando en los jóvenes y dándote la pauta de como actuar. Compartir muchos años con ellos fue una suerte tremenda”.

POPURRÍ

Mejor DT: Mateo Rubio, fue el que me dejó más enseñanzas.

Mejor compañero: Cocochito Álvarez, lo conozco desde los 10 años, fuimos rivales, compañeros y amigos. Tenemos una conexión especial, sacando su talento, es buena gente. Siempre con una sonrisa.

Mejor jugador: Emilio Taboada cuando estaba en Biguá era bestial, la rompía. Otro que me impactó por su ética de trabajo era Johwen Villegas. Un día metió ¡15 triples!, una locura, terminé con pila de asistencias gracias a él (risas).

Quinteto ideal: El del año que jugué en Trouville en juveniles. Manuel Romero, yo, Cocochito, Guille Bruni y Hernando Cáceres. Pasé hermoso adentro y afuera.

Un sueño: Ser protagonista en un cuadro que pelee arriba, que confíe en mí para ganar un campeonato. También me gustaría hacer una escalera como la de Pepo Vidal o Fitipaldo y jugar en el exterior.

Álex López es: Una persona que se entrega el 100%, tanto adentro como afuera de la cancha. Si sos amigo mío o cercano, voy a dejar todo por vos. Soy una persona que se entrega mucho. Obvio tengo cosas para mejorar, pero camino siempre por el mismo lado de la vida.

Para continuar creciendo como basquetbolista se mudó algunos kilómetros, para llegar al corazón del Prado y defender a Stockolmo. Dicha experiencia lo benefició en su crecimiento, pero también lo hizo vivir algo que lamentablemente es demasiado normal para nuestro básquet. Fue un torneo raro, varios cuadros decidieron cortar extranjeros por la suspensión de afiliación a Colón. Al ya no jugar por un descenso bajó el nivel. Los jugadores no podemos hacer nada”, piensa. La quita de puntos se volvió común, pero Álex cree que “empezás 3-4 meses antes y ya el primer partido te parten al medio, como le pasó a Welcome y Verdirrojo. La competencia cambia”. Cree que las multas deberían pasar por otro lado y no “castigar a los planteles.

Ya de nuevo en Trouville, se encontró con la ida de Rubio y la llegada de Álvaro Tito, donde no fue del gusto del entrenador que para no tenerlo disgustado y sin minutos decidió darlo a préstamo, y ahi apareció Sayago en su carrera. Fue la primera vez que jugó LUB en otro lado y a pesar de que arrancó con todo no oculta que esperaba otro rendimiento, “tuve muchos altibajos, fui de más a menos, terminamos bajando y no me gustó como jugue. Más allá del resultado deportivo reconoce que “el club se portó bárbaro conmigo”.

Su siguiente paso le sirvió para saldar una deuda que generó cuando era un niño: jugar en Marne. El Metro fue la excusa perfecta para volver a sus ráices y encontrarse en el vestuario con tipos que antes eran sus ídolos, cuenta que de chico iba a ver a Clerici y al Pepe Fernández, en ese momento compartimos plantel. Se soltó en ataque y tuvo un buen año, reivindicándose con lo que había pasado en Sayago. Pagó lo que su conciencia le decía que debía y dejó al club de su infancia en segunda.

A la Liga siguiente tuvo su último pasaje como hombre de Trouville en un año recordado por la enorme serie de Playoffs ante Hebraica Macabi donde enfrentó a García Morales por los cuartos de final. Leandro siempre fue su espejo. En Biguá era Dios y siempre lo veía en las prácticas tirando, recuerda. Jugando de atrás y queriéndose ganar minutos, Álex era consciente que “entraba a raspar”. En el cuarto partido de la serie se dio una jugada con su ídolo: “lo fui a cortar, él me tiró una patada, yo me lo saqué de arriba y se dio un tumulto donde terminamos expulsados Zuvich y yo”. Sin importar idolatrías, Álex demostró que le juega de igual a igual a cualquiera, considera que es lo mismo si son ídolos o familia: yo quiero ganar, adentro de la cancha es otra cosa. Nada va a cambiar afuera, siempre será mi ídolo”.

Y hablando de referentes, la historia de López parece unirlo a ellos. Un tiempo antes de que el legendario Nicolás Mazzarino se vistiera de playero, entrenó algunos días en la calle Chucarro. Alex no desaprovechó la oportunidad y fue a tirar cada vez que el crack estaba en el gimnasio, es una máquina”, así lo definió. Todos sabemos lo enorme que es adentro de la cancha, pero una marca que dejó en el joven escolta fue cuando bromeando le dijo que le podría regalar ropa del Cantú de Italia, equipo donde militó desde 2005 hasta 2013. Nunca imaginó que “un día apareció con un bolsón lleno de ropa. Camisetas, musculosas, shorts, me vistió para toda la vida, una locura”. Además, tuvo tiempo para expresar que tiene un estado físico tremendo y que es de los jugadores más difíciles de marcar ya que todas las cortinas van para él, te vas todo golpeado después de jugar contra Malvín”.

Como a todo jugador le pasa, también vivió situaciones negativas en su carrera. De Larre Borges destaca que desde lo emocional fue muy bueno y que comprobó “que era un club divino, muy humilde donde te hacen sentir como si fueras de ahí de toda la vida”. A pesar de esto, terminó siendo un año amargo ya que al equipo le tocó descender, Alex cuenta que se sintió responsable porque era uno de los más grandes del  plantel y a pesar de que en muchos momentos jugaron bien no pudieron salvarse.

Pero si de noches amargas hablamos, lo que vivió el 15 de diciembre de 2018 quedará para siempre grabado en su memoria. Y en la de todos. Fue como tantas veces a defender una pelota imposible, dando ese esfuerzo más que diferencia a los grandes. Tal vez un error de cálculo o simplemente el destino, quisieron que esa vez no pudiera y terminara dándose de lleno contra el piso flotante. El silencio que reinó en Aguada rompió los oídos de los presentes y llenó de preocupación a sus seres más queridos que estaban presenciando el encuentro. “No me acuerdo de nada. Cuando vi a mi madre por tele fue muy duro”. En la familia López Suberbie cuando alguno sufre, sufren todos. “Fue grave y la saqué regalada. Tuve algunas secuelas días después, me costaba caminar y perdía el equilibrio”. Pero en su diccionario la palabra rendirse no aparece y un mes después ya estaba volviendo “me costó porque en algún momento no me respondían las piernas, pero lo que sentí el día que retorné contra Olimpia fue como cuando debuté en primera”. El 18 de enero fue la fecha del re-debut. Propios y extraños lo aplaudieron al verlo volver, y todos se alegraron al verlo de corto: “Fue un partido raro, casi sin defensa, hice varios puntos en pocos minutos, fue una sensación inexplicable jugar otra vez”.

Como en cada situación de la vida, Álex tomó la parte llena del vaso y expresó que lo puso feliz la unidad que vio en el básquet tras su situación “a pesar de la rivalidad con Aguada la solidaridad de todo el club fue impresionante, hasta bajó un hincha que es doctor a socorrerme”. A los días, fiel a su estilo, contestó uno a uno lo más de 150 mensajes que recibió tras la lesión y que lo hicieron ser tendencia en Twitter. Luego la historia con Atenas finalizó de forma feliz, ya que pudieron mantener la categoría y festejar los 100 años en primera. Alex reconoce que lo trataron bárbaro por Palermo y aseguró que si tengo que volver lo haré feliz, me quedó la espina de pelear más arriba como en el arranque del campeonato”.

Es que eso de caerse y volver más fuerte que nunca Álex lo sabe mejor que nadie, pasó de preocupar a todos, a volverlos felices por retornar en tiempo récord. Y obvio que aún le quedan cosas por recorrer y sueños por cumplir, pero como siempre, volverá a levantarse.