Luego de 33 años, Uruguay está a un triunfo de meterse nuevamente en un Mundial. El encuentro va 21.30 en Puerto Rico.

Pasaron casi 12000 días, desde aquel partido contra Angola en España 1986, que marcara la última participación celeste en la máxima cita basquetbolística. La mitad de los jugadores que conforman el plantel actual, no habían nacido aún. Luego de siete torneos clasificatorios, el proceso iniciado por Signorelli y continuado por Magnano, tiene hoy la histórica chance de coronarse con la clasificación a China 2019.

Como tantas otras veces, un combinado de nuestro país se juega una parada brava en el exterior y a estadio lleno, ya que hace varios días que los anfitriones agotaron (en sólo 13 minutos) las entradas para el Coliseo Roberto Clemente, en San Juan de Puerto Rico. El factor de la localía puede motivar tanto a unos como a otros, pero también puede significar una presión extra para el dueño de casa. Además, este equipo ha dado muestras de carácter y de estar en condiciones de dar un “Clementazo”.

Ante una cita de esta magnitud y de la que se viene hablando hace tanto tiempo, aspectos relacionados con la mentalidad en los que ha hecho hincapié el cuerpo técnico, como la concentración los 40 minutos para mantenerse enfocado en el plan de juego y controlar la ansiedad y los nervios, serán fundamentales para encarar esta definición.

Pero igual o aún más importante que lo mental, será jugar el partido como una final. Porque las finales se ganan jugando, y este equipo tiene elementos como para imponerse por actitud y también por la técnica de sus exponentes. En cuanto a lo estratégico, quedó demostrado en la primera rueda que si Puerto Rico corre la cancha y tira, se hace aún más peligroso. En cambio, si la celeste logra imponerse en los rebotes y hacer una buena transición ataque-defensa, los boricuas pueden tener dificultades para jugar el ataque estacionado (5x5). Ante la ausencia de Barea, habrá que presionar a Huertas para que no tire sin marca. El desgaste en primera línea de Parodi y Fitipaldo será fundamental para complicar el traslado y generar pérdidas rivales. Los bases que vengan desde el banco (especialmente Vidal) deberán traer igual o mayor intensidad que los titulares. Con una formación sin un alero natural, tendremos que suplir eso con ayudas constantes y apelando a defensas zonales en algunos pasajes.

En cuanto al ataque charrúa, la gravitación de Batista en la pintura rival es siempre un factor para generar espacios. Si, además, están Calfani y tres bases abiertos, pueden caer los triples moviendo la bola de adentro hacia afuera. El juego de cortina y desmarque ya es una característica de este equipo, tanto a partir de Bruno, Luciano o Panchi y aprovechando a los distintos hombres grandes. Para que el pivot tome aire, la rotación con el resto de los internos como Passos o Wachsmann, tendrá que ser perfectamente administrada y aportar soluciones.

Hasta acá el análisis de lo que puede suceder. A partir de ahora serán 40 minutos que nos pueden dar la mayor alegría de los últimos 33 años. Es hoy y es ahora, es la final del mundo.