Gonzalo Gonzalvo es uno de los jóvenes uruguayos que eligió Estados Unidos como lugar para su desarrollo, y viene teniendo actuaciones destacadas en la presente temporada. El escolta dialogó con Básquet Total.

Hoy día una decena de jugadores entre 17 y 19 años están haciendo su “sueño americano”, si pudiéramos llamarle así a la idea de formarse en el sistema norteamericano. Gonzalvo fue de los primeros de su generación en partir, como un año antes lo había hecho Juani Ducasse quien hoy ya está en la etapa universitaria.

“La idea de irme me la propuso mi familia, ya que era la oportunidad de aprender el idioma e intentar crecer como jugador. No me convencía mucho al inicio pero en el 2016 decidí seguir los pasos de García Morales, Osimani, Souberbielle y Andrés Ibon, entre otros, con el empujón de Marcelo Signiorelli que me dijo que cuanto antes me fuera sería mejor” cuenta el joven oriundo de Urunday Universitario.

Gonzalo viajó con su familia en marzo de 2017 para evaluar las opciones y decidieron unirse a Miami Christian con el programa de Pilín Álvarez, por el que pasaron jugadores de muchísima trascendencia como J.J. Barea, Guillermo Díaz y David Huertas: “Andrés Ibon me recomendó ciegamente ir con él, tomando en cuenta la historia del programa, y la cantidad de grandes jugadores que han pasado por aquí”.

Se sumó en agosto de 2017, luego de disputar el Sudamericano U17 en Lima con la celeste: “Estoy hace un año y medio me siento 100% adaptado pero el proceso en lo personal me costó mucho”. Las expectativas iniciales se vieron frustradas por el choque con una realidad muy distinta: “El primer semestre distanciado de mi familia y amigos, involucrarme a otra cultura, fue realmente duro. Venir pensando que iba a jugar y chocarme con que no iba a ser tan así, el equipo el primer año tenía un nivel altísimo y había momentos de desesperación, dudas, si realmente podía competir con ellos. Pasaban juegos que no tenía minutos, quería volver a mi zona de confort en Uruguay porque no estaba nada cómodo. No es nada fácil al principio pero con constancia, trabajando día a día, comencé a quedarme jugando uno por uno todos los días y en las prácticas de a poquito cada vez me sentía más cerca de ellos”.

Al conversar sobre las diferencias entre la formación en americana y la uruguaya, Gonzalo fue contundente: “La gran y enorme diferencia que existe es unir el estudio y el deporte, ojalá se pudiera adquirir en Uruguay, y no solo en básquet”. También agregó la infraestructura como un punto a favor de los EE.UU.: “El disponer del gimnasio a cualquier hora y por el tiempo que queramos es una herramienta vital, cosa que en Uruguay es imposible de lograr por los motivos conocidos”.

Sobre las dificultades que se encontró en Miami, explicó: “Me costó la competencia qué hay aquí, la intensidad de los entrenamientos, la cantidad de horas hace que el día a día sea agotador, y existe una excelente organización y disposición de los tiempos”.

“Mi día en pretemporada comienza levantándome a las 5:15 para desayunar y entrenar de 6 a 8, luego ir a clase a estudiar de 8:30 a 15:15 hs. Después que salimos tenemos un tiempo de estudio hasta las 16. De 16:30 a 18:30 hacemos físico y terminamos con la última práctica entre las 19 y las 21 hs” contó el joven de 18 años que también agregó algunos detalles más sobre su rutina: “Los sábados entrenamos por la mañana unas 3 horas y sumarle los entrenamientos de técnica individual que son dos veces por semana a las 5 de la mañana, antes del entrenamiento normal, según el puesto es que días te toca”. Esto se mantiene durante los cuatro meses en que no hay competencia, ya que allí se quita la práctica matinal y se disminuyen las cargas de trabajo físico, jugando 2 o 3 partidos a la semana habitualmente.

Hoy día Gonzalo valora la importancia de su primer año, a pesar de haber tenido pocos minutos durante los partidos: “En realidad fue cuando más aprendí, maduré y me ayudó a estar fuerte de mente. Hay que creer más en uno mismo es lo que siempre hizo énfasis mi Coach”. Y recalcó la importancia del apoyo entre compañeros: “El ambiente del programa es muy bueno, todos nos ayudamos mutuamente porque en realidad todos estamos en la misma situación, dejamos nuestro país en busca de un sueño, eso ayudó mucho”.

Durante diciembre y enero confirmó sus cualidades de tirador en varios torneos (Sun Bash, Battle of Villages y City of Palms), así como lo refleja su 48% en tiro exterior a lo largo de esta temporada, llamando la atención a entrenadores y scouts de Florida: “Me genera mucha satisfacción al saber que se trabajó mucho para poder tener estos resultados, es bueno que la pelota entre pero también para mi es importante la selección de tiro”.

Uno de los que lo destacó fue el propio Pilín Álvarez, no sólo diciendo que era el mejor tirador del estado sino marcando la distancia de la que es capaz de lanzar, bastante más atrás del triple: “La palabra de Pilin para mi tiene mucho valor, él es increíble, está siempre pendiente para sacar lo mejor de nosotros, atento a los pequeños detalles que se convierten en grandes sin uno darse cuenta. Él es gran responsable de mi rendimiento en esos torneos al igual que nuestro coach Juan Cardona, ambos son dos personas importantísimas para mí hoy en día”.

Al hablar de su juego, Gonzalo encuentra varios aspectos en los que ha progresado: “El tiro lo he mejorado mucho al sacarlo más rápido y en movimiento, pero siento que donde más mejore es mentalmente como dije antes. Mi físico ha cambiado y estoy defendiendo jugadores toda la cancha cosa que antes no hacía”.

A su vez se mantiene autocrítico y enfocado en aspectos que debe mejorar: “Soy consciente de que me falta muchísimo y a medida que voy aprendiendo más me doy cuenta lo poco que sabía antes. Mi uno por uno, jugar más sin pelota, la toma de decisiones, encontrar la ventaja en el partido, son cosas que cada vez que me veo en video siento que debo mejorar, al igual que mi manejo de balón que es algo limitado”.

Sobre su futuro universitario, Gonzalo expresó: “Mi primer objetivo era estar dos años en high school, adquirir el idioma y poder adaptarme. Ahora mi objetivo primordial es poder conseguir una beca para poder entrar a jugar college basketball que es mi gran sueño. En febrero voy a rendir el SAT que es el examen que se necesita pasar para entrar a la universidad, cuanto mayor sea el puntaje más ayuda a la parte deportiva”.

En una reflexión que refleja la madurez que ha desarrollado, terminó diciendo: “La posibilidad está, lo único que yo puedo controlar de eso es seguir trabajando duro y entrar a cada partido a dar lo mejor de mí para que algún coach le guste lo que hago y me puedan ofrecer una beca”.