Fotografía y Video: Juan Manuel Lérida

Talentoso dentro de la cancha, su timidez del primer momento fue dando paso al niño maduro y decidido que no para de crecer y lograr sus objetivos. Amigo y familiero, los asados y la casa de los abuelos son tanto o más importantes que las noches de NBA, aquellas en que admira a LeBron o Doncic, y las anteriores en las que se veía a él mismo recibiendo un pase de Curry y jugando con la naranja. Así es Agustín Ubal, el diamante celeste.

Cuando uno menciona el nombre “Agustín Ubal” lo primero que asocia es “proyección”. Su asociación por su talento poco tiene que ver al modo de vivir la vida, al día a día del joven que defiende la casaca de Malvín. Tenaz, compañero, maduro, adorado por su familia, justiciero y sensato son algunas de las características del pibe que sueña con irse al exterior a jugar, y su capacidad lo avala.

La cita fue pactada a través de sus padres, Daniel y Alejandra, a quienes cada vez que les toca habla de su 'nene' se les tranca la voz de la emoción y los silencios empiezan a apoderarse del relato. Malvín, su segunda casa, fue el escenario elegido. Juan Pablo Serdio nos recibió, nos llevó a donde estaba Agustín: en la cancha, como no podía ser de otra manera. Con su metro noventa y cinco, de crocs, bermudas y sonrisa dibujada, en medio a algún chiste de sus compañeros nos dirigimos a la sala donde a diario preparan los juegos y los entrenamientos los coach de la institución playera. Ahí se habla diariamente de él, lo sabe, es consciente, pero en su mente está el mejorar, el resto llegará solo.

Ya con el micrófono en su campera la timidez lo abruma. Se toca el pelo, se ríe, una pierna por encima de la otra, se apoya en los muslos con sus codos cuando se cansa y de a poco se empieza a soltar. Sabe que el país estuvo pendiente de ellos, el continente se sorprendió porque Uruguay le ganaba a Brasil en el Sudamericano U15. Una vez más ellos, nos ilusionaron y nos garantizaron que el futuro está a la vuelta de la esquina.

Una tarde una productora se acercó al club Malvín para firmar a los más chicos para una publicidad. “Me hizo picar la pelota, hundirla y quedó impresionado, le encantó” cuenta Agustín, que se fue a su casa pensando: “No me lo saca nadie”. Tras el rodaje en Uruguay, le tocó viajar a México para la segunda parte, y luego aparecer en la publicidad que iba en los cortes de los partidos de NBA que veía por televisión. “Siempre lo ponían en la clase, me decían “chico Zucarita” contó entre risas.

Su juventud, como la de cualquier otro niño estaba rodeada de deportes. En los "Tatamis" fue donde recibió los primeros golpes de la vida pero por diversión. El judo y taekwondo ocuparon grandes momentos de su niñez en el Club Náutico hasta que llegó Andrés Bocchi y lo invitó a la escuelita de básquetbol del club. Con el cometido de seguir los pasos de su hermano, arrancó y le gustó, pero “el juego en equipo fue lo que me convenció”. La naranja gravitó desde pequeño en su vida y a partir de ahí, no se despegó más de ella. “No me gusta solo depender de mí. Quiero compartir cancha y depender de todos”.

El apoyo y la insistencia del padre fue clave para que hoy Agustín esté en la institución playera donde se siente “como en mi casa”. Desde que el básquetbol se metió en su vida no ha parado de conseguir lo que quiere. Su firmeza y su lucha por un objetivo que se pone entre ceja y ceja se cumple. “Desde chico lo que me propuse, lo logré cumplir con esfuerzo. Soy así y nací así”.

Idolatra a sus padres y agradece en cada momento que los menciona, “no tengo nada para reprocharles”. Las largas noches de NBA junto a su padre le han dado un aprendizaje “único y que lo tengo en cuenta siempre”. Sus características lo definen como compañero, justiciero, mediador entre sus pares y en su familia lo llevan a ser importante para los cercanos y no los tan cercanos. Su hermano es su gran sostén “porque siempre es más fácil hablar con los hermanos que con los viejos”.

Su espíritu conciliador choca cuando ocurren las injusticias. “No he tenido grandes peleas con amigos, pero digo lo que tengo que decir y no me guardo nada”. Además agregó “me re calienta cuando joden a alguien que no está en igualdad de condiciones”.

Capítulo aparte lleva la abuela Susi, popularmente conocida como “Iaia” y sus milanesas. No tienen una receta especial, pero “las hace ella y son las mejores. El tío intenta pero no le quedan iguales, jamás”. Su perfil familiero provoca que cada momento que tiene libre la visita obligada es a la casa de los abuelos y afirma con orgullo “soy el malcriado”. El amor va más allá de las milanesas y cuando llega el momento de hablar de la relación se entrecorta, “ellos siempre me entienden. Me re gusta estar con ellos. Ojalá pueda estar con ellos un montón de tiempo más”.

A pesar del fanatismo de sus padres por su “nene” en todo lo que hace Ubal responde con acciones. Tras superar un año educativo “duro por tema de tiempos” disfrutará sus vacaciones tras conseguir un ocho como nota promedio. Además de reconocer que se “dispersa” en clase lo que más le cuesta es despertarse a la mañana, “eso sí que está salado" tiró entre risas. Su buena relación con sus pares provoca que “se generen los espacios para compartir con mis amigos del liceo”. Además de las bromas y los dichos “de que soy el mejor, que no hay otro como yo” siempre están prontos para él si las cosas no van bien.

POPURRÍ

Un lugar en el mundo:
La casa de mi abuela.

¿A quién le harías un asado?
Batista y Fitipaldo.

Técnicos que te hayan marcado:
Enrique Parrela, “Chato” Martínez y “Marcelito” Capalbo.

Una palabra que defina al plantel U15 de Uruguay:
Compañerismo.

Para ser mejor jugador tengo que…
Mejorar el físico, definitivamente.

Yo deseo jugar en:
Real Madrid.

LeBron James es:
Todo.

Yo quiero ser como:
Luka Doncic.

Equipo de la NBA para jugar al play:
Los Ángeles Lakers, por LeBron.

Un quinteto para jugar:
Fitipaldo, Ubal, Doncic, LeBron y Shaquille O’Neal.

Una frase:
“Somos equipo, somos Uruguay”.

 

“Yo no soy el mejor” enfatiza con firmeza, “yo trato hacer mi juego, a veces sale y otras no” agrega con una soltura poco habitual para su edad, “tengo que mejorar mi musculatura para ser el jugador que quiero”.

Sabe que su actualidad es muy buena y la disfruta “me gusta ver mi nombre en la web y estoy disfrutando mucho de este momento. De que me conozcan y que mi nombre empiece a sonar”. La magnitud de lo que estaban generando él y la selección se veía cuando los partidos terminaban y agarraban los celulares “me entró a seguir muchísima gente. Creo que tuve como 700 personas que me empezaron a seguir en las redes esa semana”.

Su nacimiento en este deporte, su pasaje por los clubes y su definición por la naranja lo hacen asociarse con la carrera que catapultó a Bruno Fitipaldo, a quien tiene como un ejemplo a seguir. También queda encandilado cuando ve al pibe de 19 romperla cada noche en la NBA, ese que calló a todos y que demuestra que ya es gigante. Le gustaría ser como Luka Doncic y cada vez que lo menciona se agarra la cabeza, no puede creer como juega tan fácil, “me encanta como juega, trato de aplicar lo que muestra”. Su perfil bajo y su hambre de gloria es lo que más le seduce del esloveno, “su personalidad y el step-back es descomunal”.

Sus condiciones, tanto dentro como fuera de la cancha, lo hacen ser el asador de la familia. Rasqueta con su parrilla, “si estoy yo, no quiero que toquen nada”, disfruta de las reuniones familiares y lo prioriza ante todo “estar con la gente que quiero y ser buena persona está por encima de ser un buen basquetbolista”.

La historia marca que Esteban Batista fue el primer jugador en vivir la experiencia de la NBA. Ubal, aunque pocos sepan, fue el segundo. Sus habilidades de pequeño lo destacaron aquella tarde en la que una productora se acercó a club Malvín a filmar a los más pequeños para una publicidad. Dio el primer paso en la calle Legrand tras la filmación y dijo: "papá, te van a llamar". Daniel consternado le preguntó si había sucedido algo importante y Agustín no contestó, su destino e instinto le decían que iba a ser el "chico Zucarita".

Días después llegó el llamado y la pregunta de la productora a su padre "¿tienen disponibilidad para viajar?". Tras la filmación en nuestro país, México los albergó para vivir el mundo NBA. Ropa, alimentación necesaria, todos arriba de él, cámaras y acción fue el resultado de aquella tarde donde en Malvín le vieron sus movimientos. Ya de regreso en su país fue furor, porque ese pequeño que ya la rompía aparecía, para todo el mundo, mostrando sus habilidades en la TV. La tecnología permitía que él se viese en el sillón de su casa al más alto nivel. El pase que recibió de Curry, sus dribblings y hasta jugar con el popular tigre de una marca de cereales, eran vistos por todo el mundo y el protagonista era él, Agustín Ubal. “Ese es el mayor sueño que tengo” reafirma con un tono timidón a la hora de hablar de la NBA, “pero atrás de eso hay un trabajo y un esfuerzo importante” culminó.

El mimado de la familia cumplió su sueño de estar presente viendo a su ídolo LeBron James tras una travesía por el Madison Square Garden en el corazón de la gran manzana. Compraron entradas que resultaron ilegítimas, el instinto del padre y la insistencia del niño los llevaron a hablar con todos los porteros en un inglés de poca fluidez para ambos. A lo lejos lograron escuchar a alguien hablando en español y ahí fueron. Tras varios intentos un mexicano logró hacerlos entrar, ya con el partido comenzado, y bien a lo lejos observaron el duelo entre el astro y Carmelo Anthony. La satisfacción del padre y la alegría del pequeño hicieron que esa noche fuera perfecta.

A pesar de haber sido campeón con Malvín en su categoría, su madurez lo lleva a ser crítico al hablar de la competencia interna: “la organización no fue la mejor, se paró mucho. No sé cuál es el criterio que se usa para la clasificatoria, para luego ir a las series. Ni a nosotros ni a nadie nos sirve jugar con equipos que están desparejos, tanto para ganar por mucho o perder por mucho”. A la hora de comparar con la selección fue totalmente distinto, “es otra cosa, fue todo más organizado y estipulado”. Además incentivó y está a favor de una liga nacional donde todos tengan las mismas chances de participar: “Los chicos del interior se merecen jugar con nosotros y nosotros con ellos. Hay un gran nivel. Mirá nuestra selección, eran varios del interior y todos aportaron”.

“Si en la final hubieran entrado al menos tres triples el resultado podría haber sido otro” resalta con bronca y un poco de tristeza sobre la medalla de plata obtenida en el Sudamericano U15. “Es todo mérito de Marcelo” afirmó haciendo referencia a la naturalidad con la cual se tomó el plantel la victoria ante Brasil en la fase de grupos. “Él siempre nos tuvo con los pies en la tierra” agregó. La previa al torneo se vivió al modo Capalbo “él nos preparó para todo esto. Sabíamos para que estábamos y como jugar. Nos supo manejar muy bien y logró sacar lo mejor de mi”. Al terminar de hablar del Sudamericano y sus vivencias esbozó: “es verdad, fue mejor que Disney. No lo cambio por nada”.

“Yo el año que viene quiero salir de Uruguay” enfatiza con convicción. Con la realidad e infraestructura nacional Agustín la tiene clara: “Mi desarrollo está en otro país”. El presente de Santiago Vescovi en la NBA Academy ilusiona a cualquier joven a tomar el mismo camino pero el playero es franco a la hora de hablar de su futuro “Se que existen ofertas y hay chances pero yo quiero ser Agustín Ubal y tomar mi propio camino”. Además analizó "Me encanta la NBA pero creo que formativamente para mí es mejor Europa".

Tras atravesar el popurrí Agustín se levantó, se sacó el micrófono y esbozó una sonrisa “justito. Hay que irse antes que venga Pablo, está bravo hacerlo enojar”. Partió hacia la cantina del club y llegaba el coach principal. Observó la situación y con su categoría se presentó: “que tal señor, yo soy Pablo López” agregó tras estrechar las manos con Ubal. Al segundo continuó “no lo vi hoy de mañana en la práctica” a lo cual Agustín contestó “me tomé un descansito” mientras que el DT se dirigía a su bunker para conversar con sus asistentes.

Tras varias fotos en la cantina llegó a la cancha donde los más pequeños y varios compañeros estaban tirando al aro. Los chiquitos estaban atónitos de que “su Agus” era el protagonista de esa noche. Algunos le alcanzaban la pelota y otros de a poco le hacían notar a los demás lo que estaba sucediendo. Tocó partir pero sin antes colgarse su mochila, saludar a Joaquín Rodríguez, su compañero y cómplice de tantas batallas, y hacerle un cariño a ella, la naranja. A esa que está todo el tiempo en su cabeza, a la que mima siempre y que lo acompañará a donde sea que lo lleve su vida.