Lo tuvimos y se escapó. El dolor es inevitable porque la chance era hermosa. Antes Estados Unidos era un imposible, ahora nos golpea no poder ganarles en un final cerrado, la ilusión es tan grande que nos hace ir por todo, seguimos a un triunfo del sueño mundialista.

La noche fue larga. Las miradas recorrieron cada rincon del techo del cuarto. Desazón inmensa porque acariciamos algo que se nos fue de las manos, como arena entre los dedos. Se escapó en segundos y no pudimos aferrarnos a ese triunfo que era tan importante y podía marcar un mojón en la clasificación rumbo a China.

Fue desolador ver a los jugadores con muecas de tristeza infinita. Fitipaldo declaró en zona mixta “hay que salir de este momento de mierda”, Vidal nunca encontró palabras para describir las causas de la derrota mientras que Esteban Batista llegó destrozado anímicamente a la conferencia de prensa, aun sabiendo que hay chances ciertas de clasificar. A pesar de tener mil batallas arriba, el pivot no pudo ocultar su dolor.

La derrota pegó fuerte. Pero tampoco marcó una eliminación, ni mucho menos. Aunque ese parecía ser el semblante como denominador común en el plantel, y en Ruben Magnano que declaró ser el único responsable de la caída, deslindando a los jugadores de responsabilidad, seguramente con mensaje que intenta asumir el foco y liberar a sus dirigidos.

Que pase esto está bueno. Marca compromiso y búsqueda de sueños conjuntos. Llegar a un Mundial sería divino para todos los uruguayos, pero nadie lo va a disfrutar más que los 12 tipos que juegan de camiseta celeste; y el cuerpo técnico, claro. Ellos van por un sueño que es de todos, pero que los desvela al tenerlos como protagonistas directos.

Después de décadas de frustraciones, de quedar más lejos que cerca, hoy estamos en situación de privilegio, golpeando la puerta con ganas de entrar. Uruguay si le gana a Puerto Rico el 25 de febrero clasifica, sin importar nada más. Tres días antes vamos con México eliminado, allá, un triunfo ese día no asegura nada, pero ayuda en caso de una derrota ante los boricuas para ir como mejor cuarto.

Es entendible que hoy gane la bronca y nuble un poco la visión a futuro. Pero en el fondo del pensamiento llega la calma y ahí la chance sigue intacta, latente, como nunca antes en el pasado cercano, y a eso tenemos que aferrarnos. China parece lejos en distancia, pero esta vez para llegar solo se necesita dar un pasito más. Recordando siempre que “Somos Equipo, Somos Uruguay”.