Clubes que habían apostado a dar mayor participación a jugadores jóvenes terminaron contratando otra ficha y modificando su objetivo inicial. Columna de opinión.

Cuando parecía que un par de clubes recorrían el camino de dar espacio y protagonismo a jugadores formados en sus canteras, un par de resultados fueron suficientes para abandonar esta idea.

Primero fue Biguá que contrató a Martín Osimani, y en los últimos días se sumó Trouville que fue por Miguel Barriola. La crítica no está en el jugador elegido, ni la discusión pasa por si ellos van a aportar su plantel, es indiscutible lo que puede dar el “Oso” por ejemplo. El problema es lo poco que se sostiene un objetivo o un proyecto.

En el caso de los de Villa Biarritz, que ya jugaron siete partidos luego de este cambio, es clarísimo como sus jóvenes perimetrales volvieron a quedar notoriamente tapados. Álvarez, Couñago y Jones promediaron desde entonces menos de dos minutos cada uno, considerando además que la baja de Meira en los últimos juegos les dio alguna oportunidad extra. Quizá Osimani es el jugador ideal, pero entonces el plantel debió armarse de otra forma desde el inicio.

En Chucarro recién podremos ver qué sucederá cuando la Liga se reanude, pero seguramente el ingreso de Barriola en la rotación repercutirá tanto en los minutos que se había ganado Massa en los últimos juegos, como en Galletto, quien ya venía teniendo una participación muy acotada. El propio Álvaro Tito planteó que él prefería mantener el camino inicial, ahora habrá que ver cómo maneja la rotación.

Pueden darse muchos argumentos, especialmente los malos resultados, pero aquí me detengo a cuestionar… ¿Cuál es el objetivo deportivo de estos clubes en esta temporada? ¿Buscan el título? ¿Tienen posibilidades de descender? En ambos casos la respuesta sería que no. Y voy más allá: sumar esta nueva ficha, ¿les cambia el objetivo deportivo? Realmente no lo creo.

Faltan clubes que elijan como su proyecto el desarrollar jugadores jóvenes, pero que lo decidan desde la dirigencia y el cuerpo técnico, y lo mantengan en los hechos. Ejemplos como los de Obras o Bahía en la vecina orilla son claros: no puedo luchar por el título, pero formo jugadores que nutrirán a la Liga o incluso emigrarán al exterior.

Quizá el que no está tan “metido” en el ambiente no note que este tema va mucho más allá de lo que se ve en los partidos. Sumar una ficha más implica también que el “5x5”, es decir la práctica de básquetbol de cada día, se modifique. Son menos minutos de entrenamiento diario para el jugador, incluso muchas veces llegando a no participar de los bloques de básquetbol. ¿Y así les decimos que deben crecer o ganarse su chance?

Si bien aquí usamos los casos de Biguá y Trouville, porque parecieron recorrer un camino y luego lo cambiaron, esta realidad se replica diariamente en casi todos nuestros clubes. Jugadores jóvenes que no tienen oportunidad o que son tapados por contrataciones que no dan un salto de calidad, o aún peor, a los que se les genera una expectativa que luego no se cumple, para no cederlos o no dejar que se vayan.

Nadie está obligado a poner jugadores jóvenes, es más, personalmente creo que ni siquiera debería ser imprescindible que un club tenga formativas. Cada club elige sus objetivos y su camino, todos son respetables. Pero el que quiera un proyecto verdadero de desarrollo de jugadores tendrá que apostar a eso realmente, y sostenerlo más allá de un par de resultados deportivos.