Fotografía y Videos: Juan Manuel Lérida

Líder silenciosa, lo colectivo por encima de ella, la mirada siempre en la naranja, sonrisa imborrable y la trenza cocida que va y viene al ritmo de su velocidad. Así vive el basquetbol y destalla chispazos de crack Josefina Zeballos. La perla de Bohemios.

Gabriel Pereira y Cipriano Payán fue el destino pactado para la entrevista. Ahí está el Club Bohemios, su segunda casa, ese lugar donde “aprende día a día” y donde ella se siente cómoda. Su hermano Juan Manuel, considerado su mejor amigo, vistió la casaca marrón y ahora es el turno de ella, “responsabilidad y orgullo” es lo que siente cada vez que salta al rectángulo de juego con la letra “B” en su pecho.

Aquella golera del equipo de fútbol de su escuela jamás pensó que cambiaría la serenidad y la tranquilidad desde el fondo de la cancha con salir a correr, llevar la pelota, asumir, anotar y pasar a ser capitana de una selección de basquetbol que mantuvo en vilo a todo el ambiente naranja por octubre de 2018.

La plaza donde tiraba junto a su hermano y a otro compañero le quedaba chica, el destino la condujo a donde pocas veces había imaginado. Juan Manuel jugaba su clásico juego dominical y Josefina aprovechaba los tiempo, agarraba sin vergüenza la pelota y tiraba. Algo tenía. Se acercó Pablo Protto y le pidió que hiciera una canasta de mano derecha. Lejos de asustarse, hizo lo pedido y la pelota entró. La respuesta fue clara y concreta: “el lunes vení a la escuelita y empezás a practicar”.

Una tarde en el liceo iba a marcar el destino del Sudamericano. Aburrida con una amiga, Josefina empezó a leer el horóscopo aunque “yo no creo mucho en eso” detalla, sorprendentemente con el final de la anécdota. Ahí decía “este año vas a tener un viaje inolvidable”. Durante el partido con Venezuela se acordó todo el tiempo de ese momento.

De ahí en más la vida de Josefina Zeballos tomó un rumbo distinto. Mamá Gabriela y papá Julio nunca le dijeron que no y siempre la incentivaron a luchar por lo que ella quería. La nena de la casa seguía los pasos de la familia, ella así lo dice: “en mi casa se respira basquetbol”. Los padres babosos veían como su pequeña Jose se iniciaba en el deporte naranja tras la huella de papá Julio y el tío Álvaro, quienes supieron jugar en formativas de Urunday Universitario.

La vida actual de Zeballos la encuentra en su mejor momento. Sudamericano soñado, Liga Uruguaya conseguida, estudios en el camino correcto y además, lo afirma con satisfacción y orgullo propio por todas las jugadoras, ayudó y confirmó que “Uruguay ya no está en el fondo de la bolsa del continente”.

Su timidez, clásica de una joven de 15 años, no coinciden con la garra y desfachatez con la que juega y declara cuando tiene que hacerlo. Así es ella, así se siente y así será siempre.

POPURRÍ

Un lugar en el mundo:
Cualquier lugar donde esté con mi familia.

Una frase:
“Ayer, hoy y siempre”

Sudamericano U14 2017 o SudamericanoU15 2018:
Sudamericano U15 2018.

Matemática, historia o Idioma Español:
Historia

Un sábado lluvioso de Netflix o un sábado lluvioso en el club tirando:
Un sábado en el club tirando.

Curry, LeBron o Durant:
LeBron. Es completísimo a pesar de que tenga actitudes que no me gustan, de creído. Tiene todo para creérsela pero eso no me gusta.

Jugar de base o escolta:
Prefiero jugar de escolta porque si soy base tengo que hablar en la cancha. Si me toca, no tengo problema y lo trataré de hacer de la mejor forma.

Vico Pereyra, Fernanda Midaglia o Sabina Bello:
Vico Pereyra por vínculo y por lo que me transmite. Siempre me estoy fijando en ella, quiero jugar como ella.

Ser campeona Sudamericana con Uruguay o ser MVP en un torneo continental:
Campeona Sudamericana con Uruguay.

Un quinteto de amigas:
Flopi Nisky, Sabrina Molina, Caro Fernández, Emilia Larre Borges y Cami Suárez. Yo dirijo.

Voy a seguir siendo feliz mientras: 
Juegue al basquet, esté con mi familia y comparta tiempo con las personas que quiero.

El lluvioso mediodía del sábado fue el momento indicado para juntarse con la capitana de la Selección U15. Luego de su serie con el preparador físico, luego del entrenamiento con la U19, previo a su almuerzo y a su juego ante Hebraica y Macabi. Ahí, en el medio de sus compromisos nos recibió en su club. El gimnasio de fondo, las fotos de las glorias campeonas a un costado y ella ahí, con su trenza, su sonrisa y la predisposición de siempre lista para empezar a conversar.

“A partir de este año vivo así, yendo y viniendo, con poco tiempo”. Esto pasó por la aparición del primer equipo del club marrón. De mañana al liceo, al mediodía se alimenta y cuando comienza la tarde hace su sesión con el preparador físico y ya va hasta el club a seguir con sus prácticas. Si algo le faltaba a su semana se suma el sábado, “vengo a hacer físico y aprovecho a Juan Manuel, mi hermano, que está estudiando para ser director técnico de basquetbol, entonces venimos a tirar o a practicar”.

Su vida es de color naranja y ella lo disfruta. “En casa vamos y vemos videos, nos ayudamos y nos peleamos, como todos los hermanos. Si yo no le hago o él no me hace caso se complica. Mi relación con él es perfecta”. Comparten casi todos los momentos y es con quien pasa la mayor parte del tiempo como junto a Graciela, o “Iaia”, como llama ella a su abuela de corazón.

El sacrificio es tanto que a veces no tiene otra chance que elegir entre el estudio o el basquetbol. “Mis padres nunca me van a sacar el básquet. Pero yo soy consciente de que tengo que estudiar siempre por más cansada que esté”. Afirma eso y cuenta que aún debe parciales debido al viaje donde defendió a Uruguay.

A pesar de su corta edad vive, disfruta y habla como una profesional. La creación del primer equipo le marcó objetivos nuevos. Josefina ya dejó de ser la pichón de crack en las categorías menores para empezar a medirse con planteles experientes como Malvín, Hebraica o Defensor Sporting. “Ya no marco a la que tiene menos participación en la cancha” afirma haciendo referencia a lo que hacía cuando solo participaba en las inferiores.

Su corto tiempo disponible le impide entrenar con la U15 como a ella le gustaría. Cuando asiste disfruta las prácticas de Santiago Segovia quien a su criterio tiene un estilo muy dinámico y bueno. “Sus descansos son tiros, eso es importante. Él siempre me decía “cuando estés cansada vas a tener que tirar igual, no siempre vas a estar descansada”.

Su disponibilidad modificó su rol en dicho certamen y ahora “disfruto de poder dar una mano y hacer que las demás empiecen a tener sus minutos y su juego”. Día a día trabaja para confeccionar su físico buscando obtener más masa muscular para lidiar con sus rivales en la principal categoría. “En la U15 soy la más alta de todas y en primera doy mucha ventaja”.

Su talento y su carisma son tan indiscutidos que en cada halago que recibe se le dibuja una sonrisa y contesta con un “gracias”. Tira, emboca, asume y pocas veces falla pero sabe que para este juego, lo importante es la defensa. “Yo antes prejuzgaba e iba a la más chica. A nivel continental no tiene nada que ver. No es mi fuerte y lo practico diariamente, me falta mucho por aprender”. Para esto tiene una frase que siempre reafirma Pablo López, director técnico de Malvín: “defensa para campeón”.

Idolatra a su técnica Victoria Pereyra, “yo le dije que quería ser como ella” y asume que no es la típica capitana de la Selección. “Yo no sé ser como Godín. A mí me cuesta hablar con el equipo, si tengo que decirle algo a alguien se lo digo en la cancha y personalmente”. Festeja que tiene a Carolina Fernández como sub-capitana que se encarga de motivar a su equipo.

Mira, procura, investiga e intenta ser una líder como lo es Florencia Somma, “por algo es la capitana de Uruguay y de Malvín”. Zeballos no solo que consulta con las más seleccionadas mayores para ver cómo es la playera en su rol de capitana sino que además destaca “la clase de gente que es y la jerarquía que tiene. En los minutos finales del partido decisivo tuvo un gesto increíble que no lo hace cualquiera. Yo estaba en la cancha, yo lo viví. Se le iba el torneo, nos saludó y felicitó una por una. Eso demuestra lo que es”.

A pesar de su desfachatez y su sonrisa en la cancha, hay momentos que solo las paredes de su cuarto y ella canalizan los fracasos: “No contamos con un psicólogo deportivo ni en el club ni en la Selección. Es necesario la ayuda de profesionales. Yo voy a arrancar a ir porque tengo varias frustraciones y no sé como manejarlas. Me miro en videos y me enojo por como actúo”.

Su admiración por la naranja traspasa fronteras y se declara fan de la Selección Argentina: “miro todos los partidos”. Este año compartió equipo con Camila Suárez, “una gran persona a la cual admiro por su intensidad en ataque y defensa”. Cuando puede ve a Florencia Chagas, la joven de 17 años que milita en Familia Schio de Italia: “Ella prioriza el equipo por encima de ella. Siempre hace el pase extra”.

Lo que vivió en Chile fue “inolvidable, jamás pensé estar pasando este momento”. A pesar de que “le quedó la espina de la última pelota” y las “malas decisiones que tomé durante el partido”, si se hace responsable, sabe que arañaron la hazaña. “Ahí me di cuenta que necesito ir a un psicólogo deportivo” agregó riéndose.

Más tranquila afirmó que celebra que Uruguay “ya no esté en el fondo de la bolsa” y eso se evidenció cuando Brasil “nos eligió para jugar un amistoso antes del torneo y que Chile no quisiera debutar con nosotros, algo que nos pasó siempre”. El Sudamericano le dejó “muchas enseñanzas” y cosechó “un plantel de amigas”.

Las lobitas lograron que la gente estuviera pendiente de ellas pero la capitana confirma que “todo lo ganamos nosotros. Las redes eran una locura y antes ni existíamos. Supimos ganar y perder pero siempre estuvieron pendientes de nosotras”.

Este equipo fue comandado por Vico Pereyra, “una referente para nosotros”. El sostén de ella y de Alejandro Álvarez va más allá del rectángulo de juego. “Sus valores, seguridad y confianza son vitales. Que nos digan esto a esta edad es importante. Nos enseñan día a día”. Los tiempos de los coach han dejado enseñanzas a propios y extraños aunque la capitana asume que “de tan concentrada me cuesta prestar atención a lo que dicen”.

“El CEFUBB es el gran culpable de nuestro presente” afirma con una soltura sorprendente. “Supimos estar en San Telmo, si no estaba teníamos que buscar otra cancha y si no suspendíamos, estábamos solas” confirma con dolor en su mirada.

Una tarde en el liceo iba a marcar el destino del Sudamericano. Aburridas con una amiga empezaron a leer el horóscopo aunque “yo no creo mucho en esas cosas” detalla sorprendentemente con el final de la anécdota. Ahí decía “vas a tener un viaje inolvidable” y ella le recordó a su amiga que estaba la cita continental. Venezuela fue víctima de la tarde donde la capitana anotó 44 puntos para pasar a ser de una Lobita a una loba feroz. Recuerda que en el entretiempo el “Gallego” se acercó y le dijo “la estás rompiendo”. Eso alcanzó para que su mente se sitúe en Uruguay nuevamente, en esa tarde con su amiga y en la oración que estaba escrita en el horóscopo. De ahí en más jugó estando en el recreo del liceo San Juan Bautista. En el complemento siguió imparable llegando a esa marca que sorprendió a todos. Tras rememorar la historia esbozó su sonrisa clásica y agregó: “hice esos puntos por las asistencias de mis compañeras, por sus cortinas, por ayudarme, por dejarme sola. Una contra cinco es imposible”.

A la hora de pasar raya Zeballos prioriza lo “colectivo por lo individual siempre” quedándose con lo hecho por todas ante Colombia. “El año pasado lo sufrimos y hoy lo festejamos. Ese partido lo ganamos nosotras, los padres que fueron y que se quedaron”.

El 2018 seguramente será un mojón en la vida de esta chica. El sudamericano, la tarde soñada, la Liga Uruguaya y la popularidad encaminaron una vida directa al estrellato. A sus 15 años encandila a propios y extraños con su juego, con su talento y con su sacrificio. La lobita no esconde su timidez, su sonrisa nunca se desdibuja y agradece el momento que está pasando. Su cara de adolescente abre camino a sus ideas de mujer. La capitana de hoy y de mañana. Josefina Zeballos, de promesa a realidad.