Uruguay arrancó el certamen continental U15 Femenino tras vencer a Colombia en un partido donde la emoción nos invadió a todos.

Llegó el turno del siempre costoso debut. Enfrente estaba Colombia, la misma Colombia que un año atrás nos vapuleó y nos hizo replantearnos ciertas cosas con respecto al futuro de las selecciones juveniles femeninas. Buen juego, idea, solvencia y efectividad fue lo que se mostró. Sumado a la siempre presente “garra charrúa”. Esa que nos obliga a sacar fuerzas de donde no tenemos. Esa que nos obliga a no dar por perdida ninguna pelota. Esa que en los peores momentos personales, o colectivos, sale naturalmente. Esa que nunca la vemos, pero siempre está.

Nos costó más de la cuenta en la segunda mitad. Peleamos, nos acalambramos, nos lastimamos, nos caímos pero nos levantamos. Sí, no estoy escribiendo mal, lo estoy haciendo en primera persona del plural porque fue así, nos incluímos. Todos estuvimos ahí, vivimos, sentimos y jugamos con ustedes. Nos representan y de muy buena forma. Fuimos muchos los que hacíamos fuerza en esa pierna izquierda de Josefina Zeballos para que no se acalambrará. Otros tantos intentábamos darle aire a Maite Pereira cuando pinchaba la pelota e intentaba jugar con más tranquilidad.

Tienen una líder diferente, distinta, que pasó por lo que hoy están pasando ustedes. No importa la diferencia de edad. Hoy, es una de ustedes. Toda la entrega la acompañaron con juego, pegaron en los momentos justos y en un descanso se escucha a ella, la ídola de varias de ustedes, decir: “hay que aprender a ganar”. Si será cierto, se dijo en el momento justo y ustedes lo asimilaron, demostraron calidad y categoría.

Nos enseñaron a jugar con alma y vida, nos enseñaron la definición práctica de la palabra “equipo”. Todo eso lo hicieron en los primeros 40 minutos del torneo. Imagínense ustedes, las protagonistas directas de todo esto, lo que nos pueden seguir enseñando en estos próximos partidos. Ese salto de “trencitas” Zeballos sobre Camila Mazzariello nos rememoró a cualquiera de nosotros, cuando nos íbamos de la casa de los abuelos luego de la escuela, satisfechos y con la tarea cumplida.

El abrazo entre todas, el grito final, el llanto de las más sentimentales, el rugir de la más fuerte, todo eso nos dejó enseñanzas. Sufrimos, como marca la historia, pero nos emocionaron como pocas veces nos hicieron sentir. No somos campeones Sudamericanos aún, se ganó el primer partido, el más importante, el envión puede ser crucial. Ojalá sea el primero de muchos, lo deseamos y lo soñamos, como ustedes. Si eso no pasa, gracias igual. Demostraron una vez más, que estamos bien representados y vamos por el camino correcto.