Peñarol superó 99-79 a Danubio en el Palacio y sigue como uno de los líderes e invictos de la DTA.

Resumen del partido

Gran ambiente, muchísimo público para ver a los dos instituciones más populares del torneo, que durante toda la noche alentaron a sus equipos.

Comenzó mejor la franja, con Nicoletti como figura rompiendo fácil la primera línea, González jugando el mano a mano sobre Craig y Pons dañando a distancia. El aurinegro, ansioso, apuraba las ofensivas que eran rescatadas por un enorme Brian Craig que generó puntos de segundos tiros. Cuando asistieron al nacionalizado fluyó mejor el carbonero que además aprovechó errores tontos en la salida de su rival para pasar, llegando a sacar hasta 12 puntos en el inicio del segundo cuarto. La vuelta de Nicoletti y la perdida de poderío ofensivo del manya con la rotación de Castrillón llevó a que Danubio se colocara a cuatro, con un soberbio Tolmero, bien secundado por Nicoletti y Pons. Además De las Nieves desde la banca se fajó con Craig y puso un doble importante. Con los de Maroñas en reacción se registró un pequeño incidente entre parciales en la platea baja que demoró por varios minutos el partido. Peñarol cerró el primer tiempo con triple de Diego Álvarez para irse ocho arriba.

La charla surgió efecto y Peñarol salió a liquidarlo en el inicio del complemento. Se aprovechó de una zona pasiva de Danubio que extrañó a Nicoletti afuera con tres faltas. Con un Wenzel soberbio que lideró a un quinteto que funcionó barbaro, los de Castrillón movieron la bola de forma notable para colocar 20 puntos en cinco minutos y liquidar la historia.

De ahí en más quedó el mal humor de Danubio con un arbitraje que no fue bueno pero tampoco influyó en el resultado, solo Tolmero intentó sacar la cara por un equipo que pagó el ritmo alto que propuso de arranque ya que no lo pudo sostener hasta el final. Guerra, Botta y Erroizarena se sumaron a la fiesta en un colectivo donde todos dieron cosas positivas para una victoria contundente.

UNO x UNO

PEÑAROL

Álvarez (7): La manija del equipo, con gol cuando lo necesitaron. Blazina (5): Importante dentro de su intermitencia. Wenzel (7): El destacado del mejor momento colectivo. Pérez (7): No necesitó ser figura para ser influyente. Craig (8): Dominó ambas tablas, imposible de frenar. Rivas (4): No se acopló al ritmo del equipo. Erroizarena (6): Lo mejor suyo fue en el segundo ingreso. Asaravicius (5): Es potencialmente completo, mostró chispazos. Botta (6): Triples para ponerle la tapa a la noche. Guerra (7): Un golero atrás, desde las tapas tomó confianza para ser importante en ataque. García Morandi, Vidal (-): Minutos con el partido liquidado. Castrillón (8): Movió bárbaro el plantel, la diferencia de intensidad fue tan clave como ir a la zona gran parte del segundo tiempo.

DANUBIO

Sánchez (4): Arrancó bien, se malhumoró y se apagó. Nicoletti (6): El más influyente, su pecado fue no cuidar las faltas. Miranda (4): Más en defensa que en ataque. Pons (5): Lastimó de frente y a distancia, le costó atrás. Gonzalez (4): Bailó con la más fea, perdió más de lo que ganó. Tolmero (7): El mejor de Danubio, líder de la reacción del segundo cuarto. De las Nieves (5): Se fajó y puso algún punto. O. Martínez (4): Aportó experiencia, le faltó anotar. Ferro (3): No dio orden ni claridad ofensiva. Laduche, R Martínez (-): Poco en cancha. Reinaldo (3): Demoró el retorno de Nicoletti en el tercero e insistió con una zona que no daba resultados.

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Lo destacado

El nivel ofensivo de Peñarol en los primeros cinco minutos del segundo tiempo. Fue superlativo. Con 20 puntos dañaron una zona que dio licencias gracias a la experiencia para mover la bola y siempre buscar al jugador mejor ubicado. Si bien Wenzel fue figura de ese pasaje, el quinteto funcionó casi a la perfección, con anotaciones de todos y siendo letal ante defensa estacionado o corriendo la cancha.

Lo distinto

El retorno de Peñarol al basquet revolucionó a su gente. El distinto se lo queda un niño carbonero que llevó un cartel con un pedido especial para Alejandro Pérez. Pepusa lo vio en el calentamiento previo al encuentro y le hizo seña positiva al niño que con una sonrisa gigante miró el partido esperando el regalo de su nuevo ídolo. Seguramente la camiseta sea más grande que todo su cuerpo, pero si el regalo llegó a destino, la felicidad será más inmensa que la casaca.