La Liga perdió a Esteban Batista muy rápido en el año de su retorno a Uruguay. Welcome nunca pudo afianzarse como candidato y se despidió mucho antes de lo imaginado. El pivot terminó con las manos vacías pero con el alma llena en la temporada donde decidió volver a ponerse la de su “querida “W”.

Su llegada revolucionó al país. No era para menos. La institución organizó una presentación para darle la bienvenida a su hijo pródigo, ese que emocionó dando vueltas por el mundo mientras recordaba sus inicios por la calle Emilio Frugoni.

Es subjetivo decir que es el mejor jugador de la historia del básquetbol uruguayo, aunque muchos lo crean. Lo innegable es que es el único en haber llegado a la NBA y que tiene un palmarés en las principales Ligas Europeas, hasta ahora, inigualable.

Tenía ofertas para seguir su carrera en el exterior, incluso algunas del medio local superiores económicamente a las que podía ofrecer su querido Welcome. Pero poco le importó, él quería volver a radicarse en el país y jugar con la “W” en el pecho. Lo declaró siempre y respondió con hechos.

Cuando llegó expresó que “tenía una deuda moral” con la institución, esa que ningún hincha jamás pensó cobrarle. Pero Batista, agradecido, sintió que debía volver al equipo que lo impulsó a una carrera que, por merito propio, fue brillante.

Fue la quinta ficha en confirmarse dentro de un plantel que, a excepción de Esteban, no tenía jugadores como para eregirse en candidato. Era un buen equipo, de mitad de tabla, al que el pivot le dio un salto que debía confirmarse con una apuesta fuerte a los extranjeros que, por temas económicos, no se hizo.

Para la Liga fue “raro” adaptarse a tener un clase A en la pintura, siempre disfrutamos de ese tipo de jugadores en el perímetro. A Welcome le costó ponerle la bola, jugar desde la generación de opciones de Batista de espaldas al aro. Lo fue logrando, pero quedó exclusivamente expuesto a eso. Se quedó sin variantes y en el embudo del torneo lo pagó caro.

El cuarto partido de la serie fue el mejor momento de la temporada. El pivot se adueñó del partido, más allá de sus números manejó todo. A sus compañeros, a los jueces, a la parcialidad propia y a la rival. En una noche donde no había mañana brindó su versión top.

En el quinto juego volvió a rendir (23 puntos, 19 rebotes). Pero no pudo. Se fue por quinta faltando un par de minutos y vio los instantes finales desde el banco, con lágrimas en sus ojos. Se fue de la cancha masticando la bronca y más tarde en redes sociales, con mucha altura, habló del momento más duro en sus años como jugador de básquetbol.

Con una angustia enorme pero con la conciencia tranquila, Esteban Batista se despidió de la LUB. Fue el año que decidió volver. Dejar las luminarias europeas por estar más tiempo con su familia, las grandes potencias mundiales por el club de barrio que ama. Ese objetivo lo cumplió. Se dio el gusto. Fue un placer disfrutarlo en el básquetbol uruguayo, el tiempo dirá si la próxima será en un futuro cercano…