La noche del lunes fue una fiesta. El Palacio explotó. Se dio la visita de Nacional a la sede de Peñarol sin ningún tipo de inconvenientes, como debe ser. Llegaron hinchadas populares y numerosas, no pasó nada.

Desde que Nacional clasificó entre los ocho mejores se instaló la duda sobre la noche de anoche. Hubo movidas, reuniones, ajustes, planificación y demás para el día que al Bolso le tocara jugar en el Palacio.

A eso se le sumó que en una misma jornada se juntaban los tricolores, Goes y Welcome, incluso estos últimos dos en la misma tribuna que en la ocasión fue la de la calle Magallanes. Los tres a lo largo de la temporada habían jugado sus partidos sin público visitante. Era un desafío.

Hubo vallado, guardia policial, seguridad privada y cámaras de reconocimiento facial, estas últimas impidieron el ingreso de un individuo al escenario.

Todo fue acorde a lo planificado, más allá de algún cántico puntual, no hubo nada que lamentar, era una parada dificil y todo salió bárbaro. Cada uno desde su lugar se comportó como debía para que la fiesta fuera tal.

Como se critica cuando no salen las cosas bien, vale también felicitar cuando el resultado es exitoso. Al Ministerio del Interior, las autoridades de la FUBB, los dirigentes de los clubes y a cada hincha que entendió que solo se trata de disfrutar de sus colores.

¡Por más noches asi!