Algunos se fueron con el corazón pletórico por la victoria de su equipo, otros masticando la bronca por el resultado, sabiendo que siempre en el deporte hay revanchas. Pero los dos, duermen tranquilos, el color no faltó y el país volvió a vivir una nueva historia entre Goes y Aguada.

Cuando iba caminando de mi casa al Palacio Peñarol que, no son más de 20 cuadras, fui pensando; que lindo debe ser, en un partido como estos, formar parte de la hinchada de Goes o de la Aguada. Por lo que generan esos colores, los equipos, las instituciones más populares de este deporte en nuestro país.

No quise ir con mucho tiempo de anticipación, sino de llegar cuando la gente llegaba en masa, cada uno por su camino establecido, para desembocar unos por la calle Minas y otros por Magallanes.

Porque siempre el básquetbol es noticia nacional cuando hay algún hecho de violencia, y muy rara vez cuando la selección logra algún triunfo histórico, como el último en Olavarría, pero siempre está en el ambiente cotidiano que, dice “afuera siempre hay líos” y la verdad, doy crédito que anoche no se observó nada (mostrando el carnet pude dar vuelta al Palacio e ir de esquina a esquina). Desde aquel veterano que tiene más clásicos que años; hasta algún niño que no sabe hablar, pero sí que su corazón es de Goes o Aguada, fueron llegando hasta colmar todas las localidades del Güelfi.

Banderas, cánticos, ovaciones para sus jugadores y siempre alentando por parte de los dos, hasta la piel de gallina se me puso y el ruido era ensordecedor, no exagero, era un espectáculo.

No hay que ser sonso, hasta me mordí los labios. Apareció una bandera innecesaria en la tribuna de Aguada, que lo tomé más como una “gastada” de barrio que otra cosa, por suerte desapareció rápido y los que se enojaron enfrente, se calmaron, en un abrir y cerrar de ojos se dieron cuenta que no valía la pena, porque estaban inmersos y siendo protagonistas de una fiesta. ¿Cómo entró?, eso que se preocupe la seguridad que es su tema, poco me importa, si yo fui a ver el partido más lindo del básquetbol uruguayo, con las dos mejores hinchadas.

Ganó Aguada, y como en la placita de cualquier punto del país, unos ganan y otros pierden. Hoy se cruzan en cualquier parte (porque son tan grandes que hay hinchas en todos lados), y se van a saludar, se van abrazar, van a comentar 300 veces las jugadas, como si cada uno hubiese jugado. ¡Claro que jugaron!, si el básquetbol lo hacemos todos, y ayer tanto Goes como Aguada lo demostraron.

Volví caminando por el mismo camino, y por suerte no vi rastro de nada. Algunos tristes, otros eufóricos, pero yo me fui contento, por la fiesta que fui a buscar y que los dos me brindaron.

MUCHAS GRACIAS Y FELICITACIONES.