Durante poco más de una semana, los ojos de todos estuvieron puestos en la Selección. Pero la clave de cualquier proceso está en lo que se sigue haciendo cuando nadie tiene al CEFUBB en primer plano.

Uruguay venció a Argentina. Éxtasis total. Nos sentimos casi en China. Caímos ante Panamá. Golpazo. Sacamos la calculadora una vez más. Los ídolos del viernes, ayer no fueron tales. Nos cuestionamos. Alto. Tiempo. Paremos. Ni una cosa ni otra, estamos recién comenzando un proceso donde -como siempre- habrá días mejores que otros.

Pero aunque de verdad el objetivo es China 2019 y todos lo queremos, el foco real del proceso debe ir más allá.

La clave de esto es el día a día. Los entrenamientos de jugadores U15, U16, U17, U18. El desarrollo de quienes deberán jugar estos partidos en cuatro, ocho o doce años. De quienes jugarán el Mundial 2027 en nuestro país. Si pretendemos realmente que el básquetbol crezca, estos “partidos” que se juegan a diario en el CEFUBB son vitales.

La Selección U21 jugará su Sudamericano, y aunque no estén Granger, Fitipaldo ni Batista nos jugamos muchísimo allí. Y no en ganar o perder, sino en que otro joven pegue el salto tan difícil y obstaculizado en nuestro país y pueda luego sumarse a la mayor. Primero para dar una mano y luego para ser determinante, porque los demás algún día no estarán y no servirá de nada acordarse cuando ya se hayan retirado.

Y este cuerpo técnico liderado por Signorelli recorrerá el interior, en busca de la anhelada y lejos de ser lograda integración. Al menos de encontrar esos jóvenes talentos que hoy se desaprovechan increíblemente por no estar a menos de 30 kilómetros de la capital.

Ese es nuestro desafío. Por eso elijo creer en el proceso. Y claro que quiero ganar cada vez que la celeste entra a la cancha, aún más si es la mayor. Pero si el proceso es exitoso el básquetbol dará el salto, y tendremos argumentos para decir que Uruguay puede ganar porque tiene una base sólida y no por una gran noche de un par de cracks.