Más allá de la derrota Capurro logró recuperar identidad y acercar al barrio en esta DTA. El aliento, aun en la derrota, marcó la unidad que hubo en el club.

Lejano quedó aquel doble de Matías Lado en el Cilindro con el que Capurro subió a una Liga Uruguaya que nunca pudo jugar. Pasaron años, la mayoría deambulando en tercera con planteles a los que le costó ser protagonista.

El mérito fue mantener durante un tiempo a una base de jugadores identificados con el club, y para este año se sumó algún otro basquetbolista para dar el salto de calidad. Aun asi, el rojinegro no era de los principales candidatos al ascenso, pero se fue ganando en cancha el sitial que le dio el torneo.

La gente se entusiasmó y acompañó, Capurro se acostumbró a jugar con tribunas llenas siendo ayer en el último partido con Lagomar la noche donde el escenario de la calle Solis Grande lució sus mejores galas para recibir una gran convocatoria.

Banderas, colorido, cánticos y mucho papel picado hicieron especial un partido que lamentablemente para ellos terminó con derrota, pero que marcó el final de una campaña que logró unir al club con su gente. El final fue con una emotiva despedida en la mitad de la cancha, así lo merecían los de adentro y lo de afuera.

Con futuro en piso flotante y obras sociales por doquier, de esas que el Grupo Rojo que lidera el Pami Silvera se encargan de hacer tan valiosas, Capurro sigue siendo un sostén del barrio. Anoche perdió, es verdad, pero el saldo es positivo porque esta temporada logró ser el Capurro que alguna vez fue, y en eso debe basarse para los éxitos que vendrán.