La vorágine del año da respiro y el tiempo permite analizar la noticia que marcó el año en el básquetbol uruguayo, Uruguay está a un paso de organizar un Mundial.

El jueves 28 se cumplirá un año del anuncio de Fernando Cáceres en el CEFUBB, que más que una broma por el día de los inocentes, fue el puntapié para una ilusión que pasó de poco creible a real en cuestión de meses.

Si bien el premio mayor de organizar el Mundial 2023 no se logró, no hay que minimizar la oportunidad de 2027 ya que es -al menos- igual de meritoria y ofrecerá más tiempo para trabajar en el evento. Solo debemos controlar la ansiedad para esperar un torneo de tal magnitud en nuestro país.

En poco más de un año de mandato, la presidencia de Ricardo Vairo logró en su palmeres directriz un mojón que marca la historia. Acompañado por un grupo de utópicos soñadores, pero sobre todo de grandes laburadores, dio el batacazo dentro de un camino sinuoso que se transitó con pasos cortos y seguros. Álvaro Butureira aportó su visión marketinera, esencial en el mundo moderno y globalizado, para competirle a las potencias mundiales, aun dando ventajas considerables a nivel económico.

Con el apoyo gubernamental y estatal, más la suma de Argentina como aliado ideal, el sueño mundial fue tomando forma con una rapidez tan impensada como merecida. Tercos y constantes, los de acá y los de allá se alinearon en el objetivo, que está muy cerca de concretarse oficialmente.

El país está cambiando, el apoyo estatal al deporte creció notoriamente en los últimos años, lo que coloca a Uruguay en un sitial de privilegio, impensado.

Para las jóvenes la novedad es tan incrédula, que todavía cuesta asimilarla y creerla real. Nos criamos viendo Mundiales por televisión, sin musculosas celestes, todavía no entendemos con certeza lo que se siente, pero lo imaginamos tan hermoso que asusta…

Gracias.