Ausente en la AmeriCup, Mathías Calfani finalmente se pudo poner la celeste en casa y cumplió. Demostró lo que hace semana a semana en San Lorenzo, conformando junto a Esteban Batista una pintura de temer.

De arranque demostró ser de esos jugadores que dejan todo por la camiseta. Siete segundos pasaron para que el número “7” pusiera su primera tapa en el partido con la que dejó en alerta a todo el ataque paraguayo. A pesar de no mostrar lucidez en ataque fue importante para bajar el goleo paraguayo en un primer cuarto en el que Uruguay no anduvo.

Pasaron los minutos y a su buena producción atrás le sumó cosas interesantes en ataque. Puso de los goles más lindos de la noche y en qué momento, una hundida fenomenal para pasar al frente. A partir de ahí, con confianza el ex Malvín anotó más y siguió siendo el reboteador por excelencia del equipo.

Su mejor momento ofensivo coincidió con el levante de la celeste. De a poco empezó a hacer grande su planilla, a sus 12 rebotes le puso más goles para ser el único doble-doble uruguayo en una noche con poca lucidez del equipo. Para coronar, su triple, que lo había buscado y a pesar de que el partido estuviera liquidado, puño apretado y festejo como si hubiese sido una bola que valía más que tres puntos. Su rendimiento en Argentina no es casualidad, pudimos ver bien de cerca lo que da. Esperamos verte de celeste de nuevo Mathías, hasta la vuelta.