Matías Pavón, con 23 años, fue el encargado de dirigir a Verdirrojo en la primer final por el ascenso, lo hizo bárbaro.

Mathias Nieto en la tribuna, suspendido. Justamente había sido expulsado en el encuentro de fase regular ante Cordón. Etapa que terminó dirigiendo Matías Pavon, quien fue parte del triunfo clave ante Stockolmo que le dio el lugar entre los cuatro equipos que luchan por los dos ascensos.

Con tan solo 23 años, el pibe que el año pasado se cambiaba como jugador del plantel principal ahora está del otro lado de la línea. Es chiquito fisicamente pero firme en sus órdenes. Claro y contundente en los minutos de tiempo no titubea cuando le habla a sus ex compañeros.

De brazos cruzados miró el partido. Iba y venía. Y algún grito se le escapó. Con Ramiro Caballero e Ignacio Ortega a sus costados se comprometieron tanto en la causa que vivieron el partido con la misma intensidad con la que jugó Verdirrojo en cancha. Nieto a lo lejos, en la tribuna de enfrente, esbozaba una sonrisa de orgullo, en su lugar había compañeros que le estaban cubriendo las espaldas como si fuera él mismo el que ocupaba un lugar en el banco de suplentes.

Ganó el “Verdi” y el Cerro amaneció con una sonrisa. La algarabía es tanta que recién con las horas algunos se podrán dar cuenta que el que le puso el pecho al partido fue un pibe de 23 años. Matías Pavón, con su madre en la mesa, el padre atrás del aro secando el piso y el hermano en la tribuna, ayer fue el orgullo de su familia, y de todo el barrio.