Martín Frydman llegó a Atenas a continuar el legado que le dejó Manolo, su padre. Con la herencia como bandera el “Boquita” logró el objetivo de poner al equipo en primera para los 100 años y, más allá de no estar directamente vinculado a las alas negras ya que basquetbolísticamente nació en Malvín, Palermo lo tomó como un hijo.

Llegó hace algunos años, trabajó en Formativas y desde ahí empezó a construir un proyecto sólido, que ni siquiera la suspensión de afilición pudo derrocar. Edificó desde cimientos seguros, sin miedo a esperar el tiempo suficiente y necesario para que las semillas dieran los frutos esperados, sabiendo que el tiempo iba a poner las cosas en su lugar.

Arriesgó y confió en su semillero. El año pasado, de no ser por la quita de puntos, pudo lograr el ascenso. Pero el guionista tenía preparado algo mejor para cerrar el primer capítulo de esta historia, ser campeón de punta a punta para disfrutar los 100 años en primera. Y así fue, Atenas, gozando de su buen juego ofensivo y sin sorbesaltos, volvió a la Liga.

Con Mauro Zubiaurre como espejo perfecto, crecieron Mateo Pose, Hakeem Da Silva, Gonzalo Brea, Luciano Planells y tantos otros más, a quienes Frydman conoce como nadie. Los formó, los hizo crecer, trabajó con ellos y ahora los disfruta. Desde abajo, con humildad y acompañando a los jugadores en el proceso, el “Boquita” brilló y se hizo un lugar dentro del básquetbol grande.

En la soledad de su cabeza, la dedicatoria fue mirando a la nada, sintiendo como nunca. Con el pensamiento dio uno de los abrazos más intensos que pueda recordar. El orgullo es recíproco, y las sonrisas imaginarias entre padre e hijo son complices por una misma causa. El Atenas de Manolo festejará los 100 años primera.