Los panameños Michael Hicks y Jaime Lloreda fueron puntales en el campeonato que obtuvo Hebraica y Macabi. Cumplieron la promesa que se hicieron como hermanos, fueron campeones jugando juntos.

Hicks en su tercera temporada en el elenco macabeo, ya sabía lo que era salir campeón en el básquetbol uruguayo. El año pasado también fue fundamental bajo la batuta de Leonardo Zylbersztein, aunque a principio del torneo dirigió el argentino Fabio Demti.

Tras las finales y el título ante Defensor Sporting, viajó a su país con la certeza que iba a volver a vestir el número “23” de Hebraica, a nivel local e internacional, ya que le tocaría participar en Liga Sudamericana y Liga de las Américas.

Sus socios en la Liga 2015/16 fueron Rashuan Freeman y Hatila Passos, quienes le faltaron para comenzar en este certamen y que extrañó muchísimo para marcar diferencia con la dupla de extranjeros. Primero Leon Gibson, que no conformó y después Jorge Brian Díaz que tampoco tuvo un buen pasaje por el macabeo.

Noche calurosa en Bohemios, en lo previo al viaje de Maldonado para jugar por Liga Sudamericana, el elenco de Zylbersztein quedó sólo con Hicks como foráneo y con muchas dudas en cuanto al rendimiento del equipo.  ¿Quién viene a Hebraica?, era la pregunta de muchos. Esa noche en la calle Gabriel Pereira sonó el teléfono de José Luis Borrazás (representante) porque un equipo de LUB estaba interesado en Jaime Lloreda, que finalmente terminó llegando a Montevideo a jugar por el amarillo de la calle Camacuá.

¿Lloreda a Hebraica?, ¿Cómo está en lo físico?, muchas dudas sobre el panameño que, con oficio, empezó a responder en la cancha. En suelo fernandino mostró su carpeta y jerarquía en el poste bajo. Posteriormente en Puerto Rico defendió los colores en Liga de las Américas y empezaba a estar más fino en lo físico, aportando mucho para el equipo desde la pintura.

Tras la dura eliminación ante Weber Bahía, Hebraica se enfocó en el campeonato local, se metió entre los ocho mejores, enfrentó a Trouville en cuartos de final a quien dejó eliminado apenas 3-2, con muy buen juego de los panameños en el quinto encuentro.

Tras el cruce con el rojo de Pocitos, le tocó Malvín en semifinales y mucho se especuló con qué se iba Lloreda y volvía Freeman para tratar de conseguir el campeonato. Lo que se rumoreaba en el ambiente del básquetbol quedó sin efecto, el entrenador lo respaldó, el ex Welcome se quedó y respondió en el rectángulo con muy buena serie ante el playero.

El horizonte indicaba que el rival en la final era Aguada, y hasta el parroquiano de cualquier boliche que se mira algún partido acodado en el mostrador sabía que iban a ser muy buenos “mano a mano” entre Lloreda-Curtis y Lloreda-Smith, así fue.

Hicks que en esta clase de partidos es importante con su experiencia, fue trascendente en el primer juego ante el aguatero, también en el tercero y cuarto para poner la serie 3-1 y la vuelta olímpica estaba a 40 minutos. En el sexto partido se sintió del posterior y lo tuvo marginado gran parte del segundo tiempo.

Llegó el viernes 3 de junio, empezó en bicicleta hergomética atrás del banco de suplentes para fortalecer el músculo y calentar de la forma adecuada.  El físico a pesar de la edad respondió, ingresó a falta de 6:35 para terminar el primer tiempo y no salió más, finalizó con 10 puntos en 26:35 de juego.
En tanto, su compatriota Jaime Lloreda que vino a ser campeón con su amigo al macabeo, coronó una noche soñada con 29 puntos, 4 rebotes y 2 asistencias en poco más de 27 minutos.

Enormes los dos, desde el canal de Panamá hasta la calle Camacuá llegaron para ser grandes figuras de Hebraica y Macabi.