Los precios de las entradas subieron para la séptima y definitiva final. Los hinchas, que igual van a agotar los boletos, salieron al cruce con sus quejas.

La ley de la oferta y la demanda es un principio básico de la economía. A través de ella se mueven los diferentes tipos de mercados. La Liga Uruguaya no escapa a eso. Para la séptima y definitiva final aumentaron los precios de las entradas que van desde los 320 a los 600 pesos.

Con un pensamiento abstracto, que pone en consideración la importancia del partido en cuestión, con el espectáculo previo excepcional que viene brindando el marketing de la FUBB, se podría pensar que las localidades cuentan con un precio razonable. Con equilibrio fundando entre oferta y demanda.

El problema radica en que los clubes y la FUBB no se manejaron así durante toda la temporada. Cuando en cuartos de final el Palacio Peñarol estaba vacío y hubo encuentros que se comenzaron a jugar con apenas 150 espectadores nadie analizó bajar el precio de las entradas cuando claramente se notaba que la demanda era bajísima.

Ahora está la euforia, las finales están divinas e incluso si los precios fueran más altos de los establecidos para el encuentro del viernes, las entradas se agotarían igual. Suena injusto que en este momento se ataque al bolsillo del hincha, que con su pasión a cuestas quiere estar en la tribuna de cualquier modo, cuando en ningún momento de la temporada se le dio un respiro monetario.

El hincha es fiel a la institución e incondicional a los colores. Va a pagar su entrada para estar el viernes, como sea, quizás haciendo esfuerzos que salen de lo común de su realidad económica. Seguramente, también, alguno de esos que no faltó en todo el año va a quedar afuera de la noche señalada.

Esta vez paga el hincha, siempre paga el hincha. Nadie piensa en ellos ahora que la demanda es superior al aforo del Palacio Peñarol. Sin tanta fiebre y ebullición, cuando empiece la temporada que viene y haya que conseguir compradores de abonos, butacas, y demás, quizás se acuerden de lo tanto que se necesitan a esos hinchas incondicionales.

Hoy el mensajes es que el basquet es un negocio de un puñado de noches, porque no se cuida a la gente que puede hacer del basquet un negocio de todo el año.