El ambiente creado por las hinchadas y la organización le puso el clima ideal a una noche que fue una verdadera fiesta del básquetbol.

El Palacio Peñarol estaba impecable. Desde temprano la organización se movió para brindar un espectáculo del calibre que merecen las finales. Desde el piso a la estática, pasando por cada uno de los detalles que le dio un colorido especial a la noche.

La gente de Hebraica llegó en un buen número, quizas más del esperado. La de Aguada se sabía que iba a copar. Como si fuera poco, a pura luz la brava muchachada hizo un recibimiento de antología en la presentación olímpica de su equipo. Banderas, paraguas, globos, luces. Un deleite.

Fiesta perfecta, entregando la cuota de color y calor necesaria para la ocasión, sin aburrir ni trastocar el calentamiento previo de los equipos. La primera prueba salvada con nota.