A los 41 años Andrés “Cacho” Jones compartirá la cancha con su hijo Joaquín, de apenas 19, cuando Auriblanco debute en el Metro. Basquet Total conversó con ellos sobre ellos, su familia, su historia, y lo que viene.

La historia de Andrés con la naranja se remonta diez años antes que naciera su hijo: “Empecé a los 13 o 14 años por amigos de la escuela, que me invitaron a Albatros. Por temas de pases dejé de jugar, porque no me permitían ir a otro cuadro. Hasta que un día directivos de Capitol me dijeron para volver a jugar después de dos años, y sigo enganchado hasta hoy.”

Aunque el básquet parecía el destino obvio de Joaquín, no fue el primer deporte que practicó: “Estaba jugando al fútbol, y justo en un momento yo dejé River -que era el cuadro donde había empezado- y papá volvió a jugar al básquetbol y yo iba a verlo. Ahí me empezó a enganchar y empecé a entrenar en Capitol. Durante unos meses hice los dos y terminé inclinándome por el básquet.”

Si bien “Cacho” no dejó de jugar, ya hace varios años que es entrenador de formativas: “La idea surgió de Capitol, yo estaba jugando en el Primero y Marcelo Zunino que estaba en las formativas junto con Alejandro Nicivosia que era un referente del club me invitaron a involucrarme. Me enganché, me encantó y decidí hacer el curso. Estoy agradecido a ellos.”

No demoró en que los caminos de padre e hijo se cruzaran por primera vez, cuando Andrés dirigió a su hijo en las formativas del “Capi”. “A mí me gustó, no hacía mucho tiempo que jugaba, y papá tampoco hacía mucho que dirigía. Creo que a pesar de todo estaba bueno, nunca hubo un problema. El grupo estaba bueno, eran amigos. Me ayudó en muchas cosas.” recuerda Joaquín.

El joven se destacó rápidamente en Capitol, y a los 14 años tomaron una decisión en familia: “Vimos que lo mejor era dar un paso pensando en mi futuro, y fue cuando decidimos que fuera  a probarme a Biguá. Ahí el entorno me ayudó a mejorar y querer llegar lejos.”

La Selección también apareció casi en simultáneo. “Fueron cambios positivos que no paraban de exigirme constantemente y me ayudaron a darme cuenta cuál era la realidad, que no era lo que había visto en Capitol, donde me destacaba mucho. Empecé a ver cotidianamente jugadores del mismo nivel y superiores, gente físicamente más grande, y eso me ayudó a superarme. Aparte estar en la Selección era muy motivante, como un premio al esfuerzo.”

Padre e hijo disfrutan ir uno a ver al otro, e incluso conversar luego de sus partidos. “Cacho” contó: “Nos gusta irnos a ver, hasta nos calentamos cuando por algo no podemos ir a ver al otro.” Sobre los diálogos luego de los juegos, continuó: “Creemos ser objetivos, cuando nos va mal nos damos palo, pero también somos de marcarnos las cosas buenas. Pero nunca desde el lugar de técnico a jugador, sino de padre e hincha de él.”

Sobre esto mismo, Joaquín dio su visión: “Yo soy más exigente con él que él conmigo”. Y a la hora de acompañar al padre en su versión de entrenador, explicó: “Lo acompaño cuando dirige, pero ahí me mantengo más al margen. A veces alguna duda, pero no críticas.”

Si ver hermanos compartiendo equipo es algo que llama la atención, ver un padre y un hijo es bastante especial. “Si lo mirás unos años atrás parece irreal, no lo imaginaba. Pero un viejo como yo, que nunca deja el básquetbol, porque los amigos te invitan a seguir un año más, y te dicen que si subís vas a poder jugar con tu hijo… Ya el año pasado había surgido la oportunidad en Olivol pero por temas de política de Biguá que no los dejan jugar Metro si están en Formativas, me quedé con esa espinita. Y este año se dio. En Auriblanco tengo muchos amigos, y ya el año pasado me decían que teníamos que subir para poder darme este gusto.” contó Andrés, que también hizo referencia a la voluntad de su hijo para que esto se concrete: “Él también dejó un poco de lado lo deportivo, que podía tener expectativa de un cuadro con mayor potencial, por cumplir un sueño o algo que se dio un poco sin querer.”

Joaquín se sumó rápidamente a esta idea y contó que él deseo estaba latente: “La oportunidad de jugar con papá me llevó a tomar una decisión rápida, no esperé por otro equipo ni nada. Además yo también pasé varios años en Auriblanco, yéndolo a ver, y conozco a la gente del entorno. No dudé en la oportunidad, y si bien no era un deseo desde que empecé a jugar, hace un par de años sí pensaba en eso.” Incluso bromeó: “Él no se retiraba nunca y yo estaba cada vez más cerca de terminar Formativas, veía que se podía dar la oportunidad (risas).” Volviendo a la seriedad, habló sobre sus expectativas para este torneo: “Tengo muchas ganas y espero poder tener minutos, acoplarme a otro básquetbol, y ayudar al equipo.”

El básquetbol no se restringe a ellos dos en la familia, sino que Silvana y Guillermo respiran el deporte también. “Mi Señora dentro de la familia es una técnica más, mete bocados, va de una cancha a la otra. Hay que hacerle un monumento, porque también se banca los malhumores que vienen después para casa. La escuchamos porque no sólo entiende, sino que nos conoce.” contó Andrés. Y Joaquín agregó: “Pocas veces coincidimos que estemos todos de buen humor, por haber ganado o jugado bien.”

A la hora de hablar de su padre, y ahora compañero de equipo, Joaquín no dudó: “Tiene muchas cosas buenas, es lo que hace que a esta edad pueda seguir jugando. Físicamente no es enorme para jugar de interno, pero siempre ha rendido y aportado en los lugares que ha estado. Además es muy positivo.”

“Cacho” también describió a su hijo, destacando su potencial: “Ha crecido muchísimo, Biguá y la Selección lo han potenciado mucho. No lo digo sólo yo, sino que los entrenadores le dicen que tiene un potencial técnico muy bueno.  A veces le juega en contra su carácter, pero también ha evolucionado muchísimo, y creo que esta experiencia en el Metro si la puede capitalizar va a ser muy positiva para empezar a tener otro perfil de jugador.”

Si bien ha jugado en diversos puestos, Joaquín se describe como un alero que puede ayudar tanto siendo escolta como ala-pivot. “La principal virtud que me veo, y por los comentarios que me hacen, es la lectura de juego y sacar ventaja de mis compañeros en eso. Tengo que mejorar mi toma de decisiones, mi 1×1, mis habilidades personales para poder tener desde ahí otra posibilidad también.”

Andrés fue el responsable de hablar sobre los objetivos deportivos del “Auri”: “El objetivo es mantenerse en el Metro. Ojalá se pueda cumplir.” Pero también reveló un objetivo personal: “Quizá siendo un poco egoísta, también me gustaría que él (Joaquín) se potencie como jugador. A mí no me cambia ya jugar más o menos, descender o no, por eso quiero que le sirva a él.”

Sobre sus objetivos para el futuro, Joaquín tiene sus ideas muy claras: “El primer paso es el Metro, tener los minutos que sea posible y que me ayuden a crecer tanto en la forma de jugar como en adaptarme a un plantel de Primera. Después de eso, ir creciendo adentro de Biguá, hacer un proceso.”

Para hablar de referentes, Joaquín hizo una distinción entre lo personal y lo deportivo. “Con el que comparto más cosas es con él (Andrés), que no es tanto un referente básquetbolístico sino personal, como me aconseja.” Al referirse a lo estrictamente deportivo, explicó: “Me gusta mucho la Generación Dorada por como evolucionaron como equipo y fueron creciendo uno al lado del otro. Dentro de ellos al que más miro es a Ginóbili, por el crecimiento que ha tenido y como se sigue destacando hoy día.” Andrés coincidió con su hijo: “Me encanta también la Generación Dorada, y me gusta mucho el básquetbol argentino, no un jugador sino lo global en sí.”

Padre e hijo, compañeros de la vida, hinchas uno de otro… Y ahora, compañeros de equipo. Sin dudas Auriblanco 2017 no será un equipo más en la historia de Andrés y Joaquín Jones.