Pese a la derrota final, Miramar terminó sellando una campaña soñada donde acarició el milagro de jugar Liga Uruguaya.

Los últimos 365 días fueron soñados para la institución de Barrio Belgrano, que hizo una campaña enorme para gritar campeón en la DTA, obteniendo el boleto para jugar en segunda, algo que hacía mucho tiempo no ocurría.

Para la LUA se armó con humildad, un plantel –en su mayoría- de jóvenes talentos que apoyados en un par de hombres de experiencia se empezaron a cimentar como equipo. El cambio de extranjero fue el saltito de calidad para olvidarse del fantasma del descenso e ir a pelear por algo más. La sanción a Atenas y el cierre soñado le permitieron a los monos colarse en una fiesta a la cual no estaban invitados.

Los días pasaron sin apagar el sueño. El martes llegó con la ilusión a cuestas de estar a 40 minutos de jugar la Liga Uruguaya. El mazazo fue duro porque Bohemios lo aplastó en el partido señalado. La sensación agridulce marcó el final.

Párrafo aparte para Esteban Yaquinta, un hombre de la casa que se sintió como en su casa. Trabajó tranquilo y desde su humildad volvió a mostrar la clase de entrenador que es. Más allá de algún traspié en LUB, el Facha recordó desmemoriados con una campaña donde logró que Miramar fuera un equipo sólido con pasajes de buen básquetbol.

Se terminó el año y la bronca de no conseguir el ascenso anhelado todavía dura. Pero cuando pasen los días, y los años, recordar la campaña de Miramar 2016 solo será motivo de alegría, y de orgullo.