Los extranjeros que siempre son especiales en nuestro básquetbol, con distintos períodos de adaptación, algunos se hacen querer por el compañero que se lo cruza en cada entrenamiento, por el hincha en la tribuna, y hasta se gana el cariño en la calle de aquel vecino que queda perplejo mirando la estatura o esa cara extraña que no es conocida en el barrio.

Varios se habrán cruzado a Anthony Danridge por la calle Francisco Simón, ingresando al Doña Natividad Rivera, y se quedaron esbozando e interrogando: ¿Ese es el extranjero de Larrañaga?, olvidando su gran pasaje donde se hizo conocido en Montevideo y su fugaz periplo por Defensor Sporting.

Se conformó el plantel, y el club fue a contratar un foráneo perimetral. En una divisional donde el fuerte es el poste bajo, ir al choque, fajarse en el rebote que a veces se gana más aplausos que un propio tanto, jugada clásica de Metropolitano, ahora de LUA.

Llegó Danridge indicaba el mercado de pases. Antes fueron Elgrace Wilborn, Jimmy Boston, Gordon James, el “Colo” Alejandro Reinick, y alguno más. Ahora Anthony Danridge, todos dejaron su aporte profesional, pero este último, dejó un ascenso.

Antonio, como le dicen sus compañeros, se ganó el cariño del plantel, fue el mejor extranjero del campeonato, cada vez que cruce por la calle Francisco Simón, algún veterano que lo miraba de reojo sorprendido porque no era tan fornido, le estirará la mano y le dirá, como a los jugadores: ¡gracias bestia!.

El hincha de Larrañaga que fue a todas las canchas y se rompió las manos aplaudiendo al “Tony”, y que no quiso estar ausente en el gimnasio de Atenas en las semifinales del campeonato, tendrá para siempre en la retina las pelotas que le dieron el triunfo en aquel primer partido contra Bohemios. En el tercero, otro doble fenomenal a 8 segundos del final le terminó dando el ascenso. Van a pasar los años y seguirán rememorando, “Antonio fue un fenómeno”.