Uruguay consiguió la medalla de bronce en 1952 en Helsinki, Finlandia, en los Juegos Olímpicos llevados a cabo en esa ciudad siendo el primer logro de esta naturaleza.

Hasta ese momento el fútbol había logrado subir al podio con los oros en Colombes 1924 y Amsterdam 1928. También lo había hecho el remo en tres ocasiones: bronce en Los Angeles 1932 con Guillermo Douglas, en Londres 1948 con Juan Rodríguez y William Jones, y plata con Eduardo Risso en la edición celebrada en la capital inglesa.

El básquetbol no se quedó atrás. Helsinki fue testigo de la primera medalla olímpica en lo que se considera una de las mayores hazañas del segundo deporte del país.

Los antecedentes más cercanos y dignos habían sido en los juegos de Berlín 1936 y Londres 1948 cuando terminó sexto y quinto respectivamente. La tercera iba a ser la vencida.

El campeonato se llevó a cabo del 14 de julio al 2 de agosto siendo el tercer torneo oficial a nivel olímpico.

Participaron 23 selecciones. El sistema de disputa marcaba un Ronda clasificatoria con tres series, dos de cuatro equipos y la restante de cinco, 13 en total. Avanzaban dos por zona a la Primera fase. En ella ya esperaban los 10 combinados restantes.

En la misma había cuatro grupos con la misma cantidad de integrantes, accediendo a la siguiente instancia dos de cada uno.

Luego los ocho clasificados formaban dos series más también conformadas por un cuarteto de selecciones. Las dos mejores de cada lado se metían en semifinales enfrentándose los primeros contra los segundos en forma cruzada.

Los ganadores pasaban a la final por el oro y los perdedores jugaban por la medalla de bronce.

La celeste ingresó directamente en Primera fase donde tuvo de rivales a Hungría, Checoslovaquia y Estados Unidos.

En ella venció a los checoslovacos por 53 a 51 y a los húngaros 70 a 56 y perdió con los norteamericanos 57 a 44 para avanzar en segundo lugar.

Los otros clasificados fueron Argentina, Brasil, Chile, Francia, Unión Soviética (URSS) y Bulgaria.

Los rivales en él cuadrangular semifinal fueron los argentinos, búlgaros y franceses mientras que del otro lado quedaron brasileños, chilenos, soviéticos y estadounidenses.

La historia empezó mal con un traspié ante Francia por 68 a 66 pero finalizó bien con dos éxitos ante Bulgaria por 62 a 54 y Argentina 66 a 65.

Incluso acabó primero, pese a empatar con los vecinos rioplatenses el resultado del partido entre si jugó a favor de los uruguayos. Del otro lado avanzaron Estados Unidos y URSS, que iba a ser el rival en semifinales.

Era una de las grandes potencias y cerró el camino de la final e ilusión de campeonar derrotando a los charrúas por 61 a 57. En el cruce restante los norteamericanos se impusieron por 85 a 76.

El destino llevó a jugar un nuevo clásico. Al igual que en los Panamericanos de Río de Janeiro 2007, salvando la distancia en el tiempo, la definición por el bronce fue frente a los vecinos del otro lado del Río de La Plata.

Los Uruguay-Argentina siempre tienen sus condimentos y anécdotas. La rivalidad histórica así lo indica y esta no fue la excepción. Antes del encuentro el mismo ómnibus pasó a buscar a las dos delegaciones por sus hoteles y ambas se trasladaron juntas al match por el tercer puesto. Algo totalmente atípico en los tiempos que corren.

Durante el trayecto al estadio con los dos planteles arriba del medio de transporte, los argentinos, ante las pálidas miradas de los uruguayos, se pusieron a cantar como ya dando por hecho que ganarían. Al notar esta actitud el capitán Roberto Lovera les dijo a sus capitaneados: “muchachos, déjenlos que canten ahora que a la vuelta cantamos nosotros”. El resultado hizo eco de sus palabras y tras la algarabía a la ida, al regreso vinieron masticando la bronca de la derrota.

El éxito sobre los albicelestes fue por 68 a 59 para escalar al tercer escalón del podio, hacer historia y sumar la primera medalla olímpica en básquetbol, que fue la única en esos juegos, junto al bronce en remo que conquistaron Juan Antonio Rodríguez y Miguel Seijas.

Fue un encuentro que además se ganó jugando parte del partido con cuatro jugadores en tanto Argentina tenía los cinco titulares y posibilidades de recambio en el banco, lo que lo hace más honroso aun.

El oro fue para Estados Unidos que se impuso en la final a URSS por 36 a 25 y logró su tercer título en las tres ediciones disputadas hasta ese momento desde que el basquetbol se agregó como deporte olímpico.

En total fueron ocho cotejos disputados con cinco victorias y tres caídas con 486 puntos a favor y 471 en contra.

El plantel que nos representó estaba integrado por Martín Acosta y Lara, Enrique Baliño, Victorio Cieslinskas, Héctor Costa, Nelson Demarco, Héctor García Otero, Tabaré Borges, Adesio Lombardo, Roberto Lovera, Sergio Matto, Wilfredo Pelaez y Carlos Rosello. El entrenador era Olguiz Rodríguez.

La misma estaba presidida por José Chávez Miranda y el delegado era el Cr. José Pedro Damiani.

Además de la medalla hubo un logro personal que tuvo un integrante de la delegación: el goleador olímpico volvió a ser un hombre celeste.

Al igual que en Londres 1948, Adesio Lombardo fue el máximo anotador, lo que sin dudas, le dio un broche de oro a una actuación que se festejó y quedó en la historia como si fuera un título.

Ya pasaron 64 años y es uno de los tantos logros que siempre quedará grabado para el pueblo uruguayo sobre todo para los amantes de la naranja y especialmente para aquellos que lo vivieron en carne propia.

Y sería, a nivel de selección, junto a los seis Sudamericanos que ya se habían logrado (1930, 1932, 1940, 1944, 1947 y 1949) solo el antes de muchas conquistas más que vendrían de ahí en adelante. Incluso esta historia iba a seguir, cuatro años más tarde iba a estar el gran desafío de defender la medalla bronceada en Melbourne 1956.

Pero será para repasar más adelante. Ahora fue turno de esta gran hazaña de Helsinki que merecía ser recordada en este “Más de un siglo de historia” que ya tiene la Federación Uruguaya de Básquetbol.