La lista de Marcelo Signorelli muestra, después de mucho tiempo, el inicio de un cambio generacional en la selección uruguaya.

El final de una generación que pasó con más pena que gloria era inminente. Potencial de sobra y conjunción que faltó durante años. Nunca estuvieron todos, siempre faltó alguno. Nos quedamos con las ganas de disfrutarlos juntos, al menos una vez.

Marcelo Signorelli, ayer, terminó con la agonía de esperar algo que nunca fue. Las cédulas marcan y el recambio generacional se venía estirando, casi sin sentido. El nuevo entrenador de la Selección dio el primer volantazo en busca de un cambio de rumbo. (ver lista)

No deja de ser raro ver una nómina sin Martín Osimani, Leandro García Morales, Nicolás Mazzarino o, en menor medida, Emilio Taboada. En su momento también costó desprenderse de los Capalbo, Losada, Luis Silveira, Pierri, Bouzout o Sczygielski. Son cambios lógicos y necesarios, que se tienen que dar.

Signorelli eligió un tridente de jugadores que representa esa generación como líderes de los jóvenes que llegan, dos de ellos son del paladar evidente del DT, los dirigió en Hebraica: Gustavo Barrera y Mauricio Aguiar. El otro es el que, por ahora, no puede faltar porque sigue vigente y es el más desnivelante que tiene Uruguay: Esteban Batista.

Más recambio en el perímetro que en el juego interno. Es algo natural y hasta geográfico. En Uruguay cuesta encontrar grandes, no abundan. Dentro de ese sector de la cancha, aparecen jóvenes como Hernando Cáceres y Gonzalo Iglesias. Por su contextura física, la selección necesita que exploten y se ganen su lugar celeste.

Afuera, la sensación es que falta un “2”, no en la lista, en Uruguay. Los citados, sobre todo Acosta y Fitipaldo, se desempeñaron en las últimas temporadas como bases. Incluso Zanotta, jugó en Cordón como armador y lo volverá a hacer en Nacional, en Hebraica sí tuvo minutos de ayuda.

Quizás Marcos Cabot, de gran temporada regular y flojas finales, podría ser la solución a la carencia de tiro exterior. De todas formas, tampoco hablamos de una ausencia rimbombante, solo de un posibilidad que pudo ser evaluada.

Marcel Souberbielle es la ausencia que hace más ruido. Está en un momento creciente de su carrera y venía de ser seleccionado por Capelli. Es jóven, juega en el exterior en una liga competitiva como Puerto Rico y, si bien es alero, también puede jugar de “cuatro abierto”, como le gusta a Signorelli. Parecía número puesto, al menos en una “Pre”.

En contrapartida, es totalmente elogiable la inclusión de Juan Ignacio Ducasse, uno de los mejores proyectos de las selecciones formativas, que además goza de un físico ideal para ser alero. Gran acierto. El pibe debe aprovechar esta experiencia.

Nombres que llegan y otros que se van. La selección de hace unos años dejó de ser y, como dice algún slogan político, estamos ante un “Nuevo Uruguay”. Ojalá sea más lindo que el anterior.