A falta de integración, la captación de Macabi sigue demostrando que hay un sector del país que no para de producir jugadores de básquetbol.

Inversión, buen ojo, mimos, soluciones y enseñanza. Hebraica hace años tomó una opción válida y responsable que empezó a pagar la apuesta con títulos.

Allá florecen, hay un semillero natural. Al recorrer las canchas de básquetbol siempre aparecen jóvenes valores por el litoral. La virtud está en saber elegirlos y, una vez que llegan a Montevideo, cuidarlos y arroparlos.

No es tarea fácil, no se trata de jugar y cobrar, hay un trabajo atrás. Son jóvenes vidas que cambian, deben enfrentarse al Mundo de la capital, donde muchas veces viven solos y tienen que seguir estudiando y alimentándose sin la presencia familiar.

Luciano Parodi es el principal exponente de una generación de amigos que no solo arrasó con todo lo que se le cruzó en Formativas, si no que también empieza a sonar en el básquetbol grande.

Atrás de él llegan los hermanos Octavio y Facundo Medina, Salvador Zanotta, Agustín Zuvich; y un poco más relegados porque todavía son muy jóvenes están Rodrigo Pintos, Agustín Viotti y Pierino Rusch. Con mayor o menor participación, todos integraron el plantel campeón.

Hebraica eligió un estilo de formar jugadores válido y elogiable, que nos hace recordar que necesaria es la integración. A falta de equipos del interior, al menos, disfrutamos jugadores del “Litoral que acunó Macabi”.