Leonardo Zylbersztein casi sin quererlo pero con merecimiento propio jugará su primera final en su corta carrera como entrenador en jefe.

Nunca imaginó que el desafío llegaría tan rápido, el futuro se le vino arriba y tuvo que asumir responsabilidades. Lo hizo de manera excelente, no le tembló el pulso y dirigió como un veterano de mil batallas.

Yale, Tabaré y aquella temporada en Hebraica donde Signorelli fue y volvió, en el medio estuvo él. Siempre apagando incendios, al servicio del club. No le pesó dirigir a un candidato, con un plantel que contiene varios jugadores de gran nivel para el medio.

El apoyo y la confianza de los pibes que se ganó en Formativas le sirivieron como sostén para inculcarle sus ideas al colectivo. De ayudante a entrenador jefe en un abrir y cerrar de ojos.

Pintaba como un entrenador con gran futuro, que se topó con una realidad enorme que no lo pudo tirar al suelo, al contrario, lo hizo más fuerte. Dirigirá una final de Liga y es merecido.

Mientras todo esto pasa, Leo Zylbersztein, sigue mirando para arriba y se dan cuenta que no tiene techo, aunque ahora, la gloria, está más cerca.